Depende el sapo es la pedrada

Han sido muy pocos los equipos en el mundo a los que no les importó conocer a fondo a su rival, diría yo que ya no existen o que jugaron en otra época.

Han sido muy pocos los equipos en el mundo a los que no les importó conocer a fondo a su rival, diría yo que ya no existen o que jugaron en otra época. 

Claro, sólo se entendería tal desplante en dos escenarios: Un juego sin relevancia (de exhibición) o entre dos equipos con una diametral y evidente distancia futbolística (un equipo consolidado y ganador de alto nivel frente a otro de menor categoría).

Mañana inician los 180 minutos más tensos en la historia de la Selección Mexicana y el desconocimiento que se tiene sobre el oponente hace todo aún más turbio.

Insisto, uno de los principales problemas del equipo mexicano en las últimas Eliminatorias ha sido el no preparar los partidos de manera seria y bien fundamentada conforme al equipo de enfrente. Quizás por exceso de confianza o por falta de capacidad, pero el hecho ha sido que los resultados saltan a la vista en este último Hexagonal. 

Probablemente el tico Joel Campbell no estaba tan equivocado cuando criticó la soberbia del Tricolor asegurando que México se sentía España. Y más allá de ahondar en ese punto -que algunos incluso aceptaron, incluyendo al fugaz técnico en turno, Víctor Manuel Vucetich- habría que aprender de una vez por todas de los errores para poder avanzar.

Claro que Miguel Herrera debe ser optimista. Esa postura me agrada e ilusiona pero dentro del seno del equipo tienen que tener perfectamente diseñado el plan de batalla (o los planes A, B y C). Lógicamente, no han tenido tiempo suficiente de trabajo (ni para preparar a su equipo, ni para estudiar al de enfrente) pero aquí tendrían que salir a flote la experiencia y el profesionalismo que en el balompié azteca sí existe desde hace muchos años. No hay de otra, para mañana habrá que “machetear” y aprovechar el último chance de ir al Mundial.

Es prioridad de cualquier equipo crear una forma propia de juego pero en todo deporte de conjunto mucho depende enormemente el rival. Nadie juega solo. 

Si hacemos un rápido recuento a nivel de selecciones nacionales yo sólo me atrevería a decir que Brasil en el año 1962 y en 1970 triunfaron jugando como ellos querían a pesar de los contrincantes (probablemente también España en el 2010), pero fuera de ellos no ha habido uno que gane sin un plan de ataque para eliminar las virtudes de su adversario.

Y aunque a estas alturas no nos ayude mucho, regresémonos a lo que sucedió en este último y tenebroso hexagonal de la CONCACAF ¿quienes creen ustedes que estudiaron mejor a su rival, México o todos los demás?

En los partidos de local en el Estadio Azteca, el 0-0 ante Jamaica se caracterizó por la presentación sorpresiva de seis titulares traídos desde el balompié británico (algo que los mexicanos no esperaban y muchos jamaiquinos tampoco), al final a los caribeños les alcanzó para obtener ese histórico empate en el DF aunque después no les dio para pelear por más en los juegos siguientes -pero esos jamaiquinos de la Liga Premier, corretearon, controlaron y sometieron a los aztecas en su propio estadio-. 

Y en el 0-0 ante EUA, el planteamiento milimétrico de Klinsmann y Martín Vázquez aprovechándose entre otras cosas del conocimiento a la perfección del equipo mexicano, además de las circunstancias que les ayudarían (reloj y presión de la tribuna) para que todo influyera a su favor. 

O el 0-0 con Costa Rica y esa línea de cinco en el fondo con una rápida recuperación, aguantando, apretando y tapando lo que podían hacer los entonces dirigidos por el “Chepo” de la Torre. O en la tan dolorosa derrota frente a Honduras, con un impecable trabajo táctico de Luis Fernando Suárez y una sed de revancha deportiva de cada uno de los integrantes de la Bicolor (incluyendo primero que nadie a Carlo Costly). Todas esas situaciones que rodean a los encuentros fortalecen a unos y debilitan a otros.

Sobra decir que todos los rivales de México en el área están pendientes de los clubes, la liga y la Selección Mexicana, mientras que los futbolistas aztecas no siguen (podría decir nunca o casi nulo) partidos en Honduras, Costa Rica o Panamá. Ni siquiera los de la liga del vecino del norte en la MLS. Sin pensar que esos seguimientos les ayudarán en su labor como verdaderos profesionales de este deporte. 

Pareciera que si el rival no es Brasil, Argentina o España, los planteamientos se dejan a la deriva con el viejo y simplista cuento de “Nos debemos preocupar por nosotros y no por el rival”.

Yo tengo dos ejemplos frescos en la memoria de un par de encuentros que marcaron la crisis del Tricolor que los llevó hasta esta instancia del repechaje (aún milagrosa por el gol de Graham Zusi a Panamá):

En el juego de visita en Honduras, el Tri ganaba 2-0 y jugaba su mejor partido. Fue cuando Luis Fernando Suárez utilizó desesperadamente (pero con el conocimiento de causa) las armas que poseía y le ganó la partida a los de enfrente. Sacó al lateral Izaguirre para meter a un delantero -Jerry Palacios- enviando a Roger Espinoza (contención) como carrilero por la izquierda provocando mucho mayor desequilibrio conociendo las desatenciones de la zaga mexicana. De ahí vino el gol del descuento y después la jugada por esa misma banda que desencadenó en la marcación de un penal que resultó después en el empate 2-2.  México salió de la calurosa cancha de San Pedro Sula con los ojos al revés rascándose la cabeza tras ser despojados de lo que parecía su primera victoria. 

El otro fue en la tristísima derrota en San José del mes pasado, cuando Jorge Luis Pinto afiló los dientes y demostró por qué tiene fama de estudioso y perfeccionista. Entendiendo la tensión y debilidad en los mexicanos abrió la cancha con 2 carrileros veloces y certeros como Brian Oviedo (y no Junior Díaz, al que había utilizado antes) y Cristian Gamboa, haciendo imposible desde el primer minuto y hasta el último que México avanzara por ambas parcelas atacando además a placer (el segundo gol tico vino de un desborde de Gamboa que sacó el servicio medido llevándose con facilidad a Torres Nilo para el 2-1 de Saborío).

Y sin querer pasar por un analista táctico o un director técnico frustrado (que no soy), esto sirve para ejemplificar lo que han hecho los rivales con la Selección Mexicana y que los aztecas no han querido o no han podido hacer.  

Jorge Luis Pinto tuvo una característica durante todo el Hexagonal que fue hacer por lo menos 2 modificaciones (a veces 3) de un partido a otro, porque el colombiano se caracteriza por utilizar a sus piezas dependiendo la complejidad del rival -y sobre todo cuando se estaba jugando el pase a un mundial-.

En definitiva Miguel Herrera es un entrenador ideal para ello, es amante del estudio y de la práctica. Perfecciona cada movimiento y pensando en lo que el equipo rival pueda poner en el campo, aunque claro que hoy no ha tenido ni el tiempo ni el espacio para hacer esa tarea con semejante premura por la gran hazaña.

Yo no estuve de acuerdo con “borrar” a los “europeos” (2 ó 3 de ellos seguro servían), ya que cuando te juegas la última carta, el último chance así de milagroso y circunstancial, lo que menos esperas es que te falten opciones. Pero así lo decidieron, quiero pensar que se tiene perfeccionado a esos 14 que verán acción en cada uno de los dos encuentros.

Por el panorama previo a estas 2 “finales”, todo parecería indicar que el nervio, la tensión y la fortaleza mental serán protagonistas antes que la estrategia en exceso, aunque siempre nos pueden sorprender (para bien o para mal).

Ojalá que este Tricolor magnifique sus virtudes y triunfe. Que no piense que los de enfrente no serán tan peligrosos (particularmente pensando en lo que históricamente pesó antes el estadio Azteca). Los miles de kilómetros que separan a ambos países no significa que los neozelandeses desconozcan a los mexicanos tanto como ellos. O quién sabe, mañana empezaremos a ver cuál de los dos equipos desconocía más al otro.

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