Enfermedad pasajera

Yo sí creo que la soberbia es un vicio que se desarrolla "in crescendo" y puede terminar por fundir todo el oro ganado en el deporte.

Yo sí creo que la soberbia es un vicio que se desarrolla “in crescendo” y puede terminar por fundir todo el oro ganado en el deporte. Para algunos, el término humildad, no aplica en el futbol. Suena a la antítesis de una victoria. Matar de golpe el hambre de triunfo y la sed de revancha. En cambio, parecería que para alcanzar un triunfo sonoro es mejor comulgar con otros conceptos como el de la ambición o la grandilocuencia. Hoy, fue un deleite ver a dos astros pirotécnicos explotar durante 90 minutos. Cristiano Ronaldo y Zlatan Ibrahimovic demostraron –otra vez- ser jugadores fuera de serie. La capacidad de hacerse presentes en los momentos de mayor apremio nos hizo saltar a todos los ojos y terminar en estado poco más que histérico. Ambos son desde hace varios años (más de diez) miembros VIP de la élite máxima de este deporte, goleadores espectaculares y efectivos, guerreros insaciables. Y aunque sean siempre los que más destaquen en sus selecciones me queda claro que seguirán con un dejo de frustración. Su ADN está hecho sólo para ellos. Dan la impresión de que lo único que buscan (o por lo menos lo que más les interesa) es el lucimiento personal y para su desgracia esta disciplina significa algo distinto: Asociación. Aunque sus muchos goles terminan por ser colectivos (porque acaban con los rivales y muchas veces catapultan a los triunfos de sus equipos) su esencia no parece buscar ese resultado. Y yo me pregunto: ¿De qué le sirve a Ibra anotar casi siempre (y casi siempre de altísima dificultad y belleza) si no puede servir de impulso, liderazgo y motor con el resto de sus compañeros para jugar y explotar siquiera a un 50% de su misma intensidad para que los demás se eleven a un nivel parejo? ¿Por qué será que Cristiano Ronaldo anota tantos goles pero a la hora del recuento final se sigue quedando corto en sus propios anhelos? El premio a mejor futbolista del mundo no debería entregarse cada año. Tendría que otorgarse después de un recuento global y con criterio de los logros, capacidades,  adversidades, circunstancias, épocas, compañeros y rivales. Es –me parece- sólo parte del reflector, de esa necesidad por exaltar en el escaparate mediático una competencia que sobra (si de por sí los equipos hoy en día afrontan 3 diferentes torneos, los futbolistas juegan 60 ó 70 partidos por año y sólo al Campeón se le suele llamar ganador, aumentando esta ociosa disputa personal por un premio individual termina por volver locos a muchos). El problema de Ibrahimovic y de Cristiano Ronaldo –según mi humilde y quizás equivocado punto de vista- es que esperan ser reconocidos como el número uno a nivel individual y eso los puede estar consumiendo demasiado.     Claro que en el futbol todos salen a ganar, a superar al de enfrente con desparpajo y alegría, pero creo que para triunfar como equipo (que es lo único que vale en el futbol) se necesita gente que se humille para reconocer errores y limitaciones ya que sólo así las podrá superar. Personas que se rindan ante ellas mismas (porque son quienes mejor se conocen) y trabajar atinadamente en la manera de hacerse muy fuertes (para que en una de esas después nadie los derrote). Hace tiempo acuñé una frase medio sarcástica que dice: “La humildad es una enfermedad que se quita con el tiempo”. Porque todos (o casi todos) cuando iniciamos algo, cuando damos nuestros primeros pasos en el ramo que sea (y también en el futbol) nos presentamos con una actitud abierta, afable y en algunos casos hasta tímida. Pero como si fuera una enfermedad, tan pronto nos sentimos un poquito seguros parece que buscamos librarnos de ella, lo más pronto que se pueda, y así demostrar que ya no somos principiantes. Sería bueno recordar que en la vida nunca dejamos de aprender (aunque a veces podamos enseñar a alguno) y en el futbol, cada partido siempre es una nueva y desconocida aventura. @guzmanjuegue

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