Misma esencia deportiva

Yo sí soy de los que espera que estos buenos resultados de la Sub-17 nos ayuden a todos a mejorar.

Yo sí soy de los que espera que estos buenos resultados de la Sub-17 nos ayuden a todos a mejorar.

Para empezar los buenos resultados siempre son bienvenidos y dignos de festejo. Preparar a un equipo en un proceso y llevarlo a una competencia en la que se consigue acceder a la final es un logro por demás destacable, aunque la tarea completa no se haya concretado aún. El “Potro” es un completo maestro. Y no lo digo porque Raúl Gutiérrez sea el mejor en lo que hace sino porque conoce bien su labor y enseña con repercusión. Esa vocación que pocos tienen y no todos desarrollan. Insisto, qué importante es que los futbolistas activen su intelecto antes, durante o después de su paso por las canchas. Nueva prueba de ello es el Director Técnico Tricolor que ha encontrado una forma eficaz para trascender con los adolescentes. Tuve la oportunidad de estar cerca de este grupo de trabajo antes del mundial infantil anterior hace dos años y medio (incluso estuve presente cuando Jorge Espericueta consiguió un gol olímpico en el Toyota Park de Chicago en la primavera del 2011) y pude comprobar que la gente que encabeza a esta Selección infantil los lleva tal como debe ser. Con una preparación y filosofía en su justa medida: Intensos y decididos pero sin inventarles más presión que la que ya de por sí un partido de trascendencia, representa. Y es que la madurez también significa poner en su debido punto o lugar a cada quien, por lo que yo siempre he pensado que tan inmaduro es el grande que se cree chico como el chico que se quiere creer grande. La esencia lúdica es fundamental en el futbol, igual que la capacidad de conseguir una sincera asociación, una virtuosa comunión, hacer verdaderamente equipo, y eso por características y conductas se ha alcanzado mejor en México con chavitos de esta edad. Entre más jóvenes más abren los ojos (y mayor aceptación tienen para aprender). Cuestionar por qué en México no se alcanza a nivel de la Selección mayor el mismo éxito de los equipos Sub 17 -desde el 2005- es realmente ocioso (nada tiene que ver un adolecente virtuoso con un profesional en alta competencia) aunque  me gustaría recordar que la base virtuosa se ha estado formando adecuadamente. Hoy, pareciera que el futbol es visto como negocio y como una oportunidad de alcanzar un status de prestigio antes que disfrutarlo netamente como deporte. Y aquí no sólo hablo del ámbito profesional porque desde muy pequeñitos los practicantes empiezan a ser objeto de esta enajenación de la que todos somos responsables, y no solo los directivos -aunque tengan gran parte de responsabilidad-. ¿Cuántos son los niños que reciben influencias nocivas al practicar futbol? ¿Cuántos son los padres, familiares o amigos que bombardean a los jovencitos en una cancha con delirios de grandeza muchas veces producto de sus propias frustraciones antes que ayudarlos a desarrollarse deportivamente? Y no digo que eso no de “resultados”. Por ejemplo hace 5 años conocí las llamadas universidades deportivas de los chinos en Beijing. Centros de reclusión en donde los padres depositan a sus hijos entre los 5 y los 12 años de edad para convertirlos en ganadores. No hay espacio a los errores, los practicantes en desarrollo de actividades como gimnasia, boxeo, voleibol, clavados y ping-pong entre otras disciplinas tienen una sola meta: Ganar una medalla en el escaparate internacional. Y efectivamente ya hemos visto que esto le ha entregado buenos números a este país asiático en un recuento de medallas, pero desde mi particular punto de vista rompe con los valores esenciales del deporte –pero eso es sólo mi opinión, no se la de ustedes-. Yo me identifico más con otras perspectivas. Y citando otro ejemplo, ya les he platicado que encontré a un ex jugador al que admiré profundamente cuando era niño. Fue figura del América en la década de los años ochenta, ex integrante de la Selección brasileña también. Nilton Pinheiro da Silva. Batata desde hace más de 20 años se dedica a formar futbolistas desde pequeños en Los Estados Unidos, bajo una sola premisa: Prohibido venderles el cuento de hacerlos profesionales. Para Batata y su prestigiosa escuela el principal objetivo es convertir a los niños en deportistas, ayudarlos a practicar futbol con todas ventajas y repercusiones (desarrollo físico y formación de valores personales y quizás de pilón y si son muy buenos aprovechando el sistema estadounidense que les pueda ayudar más adelante a conseguir alguna beca en sus estudios). No comparto con los que juzgan inútil el desarrollo de los jovencitos ganadores sub 17 desde el 2005 a la fecha  -aunque es evidente que siempre hay muchísimas cosas por mejorar y que puedan aumentar el nivel de oportunidades-. Ver ganar a los niños y adolescentes (de 15 y 16 años) es siempre prometedor aunque de ahí en adelante hay muchos otros factores que se pueden analizar para alcanzar otros niveles. Y para muestra, hoy en la Champions League se podrían enfrentar 2 delanteros que formaron parte de ese primer proceso ganador que culminó en Perú. Uno llegó y fue figura (Carlos Vela) y el otro no alcanzó a meterse a la lista final (Javier Hernández) sin embargo, pese a las propias circunstancias de cada uno hoy serían rivales en un compromiso oficial del torneo de clubes de más alto nivel en el mundo, hecho que hace 30, 40 ó 50 años hubiera sido inimaginable para los mexicanos en el futbol. Osea que ya de algo sirvió esa primera generación espontánea. Dejemos que los procesos mejoren. Que el desarrollo aumente entre los futbolistas (aunque al ser parte del balompié azteca seguirán gozando de las mismas ventajas pero también sufriendo de los errores y carencias de la misma estructura general), y disfrutemos esta nueva generación de nóveles ganadores producto de un trabajo serio y totalmente profesional del cuerpo técnico basado en una sola esencia: Practicar deporte.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas