Rosca sin niños

No hay peor paradoja que la de brillar desde la cuna y al mismo tiempo patear el pesebre.

No hay peor paradoja que la de brillar desde la cuna y al mismo tiempo patear el pesebre.

¿Qué será peor, contratar a más extranjeros  o ignorar a los nacionales? Producir talento para después guardarlo en latas oxidadas. Es un tema recurrente y del que ya he dado antes mi punto de vista: Respeto enteramente al extranjero que se naturaliza ciudadano de otro país, es una decisión absolutamente personal y vigente. Sin embargo hablando netamente de futbol en lugar de utilizar este “particular” como una ventaja lo estamos haciendo completamente al revés. Y conste que la naturalización la sigo viendo como una alternativa personal, no necesariamente como respuesta a la búsqueda de beneficios netamente profesionales (aunque también caben en la mente y conciencia de cada quien y también serán muy respetables). Si en algo ha destacado el futbol mexicano en la última década ha sido en brillar en el plano internacional con equipos con límite de edad, pero la nueva determinación de los de pantalón largo sentencian una menor oportunidad de debutar para los jóvenes talentosos rumbo a la Primera División –por más que se maquille o platique muy bonito-. Es así, si Pitágoras no nos engaña. Ya hemos dicho en otras colaboraciones que nada asegura que un niño con aptitudes se convierta necesariamente en un profesional exitoso pero de eso a poner más trabas para que lleguen a la Primera División es muy diferente. Bien, mal o regular, serio o no, México presuma de 3 finales en las últimas 5 Copas del Mundo sub 17 (en dos de ellas alzándose con el Título). En nuestro país se intentó una ley de protección al talento hecho y formado en nuestro territorio hace más de 60 años. El decreto de Manuel Ávila Camacho, que obligaba a utilizar en su mayoría a mexicanos por nacimiento en espectáculos públicos (en el futbol debían ser por lo menos 6 en la cancha, en la Fiesta de los Toros el mayor porcentaje del elenco, entre otros). Eso como sabemos, con los años y las argucias típicas de quien busca darle vuelta a la ley se ha ido alterando. Si un equipo tenía derecho a contratar a 5 futbolistas de otro país, desde que se comenzó a estilar la naturalización masiva en nuestra liga los cupos para los de afuera fueron aumentando y para los de adentro eliminándose. Los jóvenes que soñaban y se preparaban para jugar en cualquier equipo profesional en nuestro país ha ido en serio detrimento, por cupo, por visión y preferencias. Y esto no es lo peor. Lo que verdaderamente perjudica al futbol es que todos se la crean. Que nadie haga nada por aportar y evolucionar favorablemente el desarrollo de talento en el deporte más popular de México. Perdón que ponga sólo un ejemplo, pero a mi me da risa escuchar al “Tuca” Ferretti regresar a la mesa una polémica anticuada (de los años ochenta) y dirigida a conveniencia como es la del supuesto favoritismo del arbitraje por el América. Lo bueno de todo es que al final (dos días después) terminó reconociendo que su equipo –los Tigres- jugaron fatal y que no merecían igual la victoria (pero eso es harina de otro costal).   El “Tuca” que ha dejado enfriarse a un jovencito con talento y aspiraciones que brilló y se coronó en una Copa del Mundo hace 2  años y medio, tendría que pensar mejor cuáles son los vicios añejos de nuestra liga y quién es el que más recurre a ellos.  ¿Cuándo, cómo y dónde veremos a Jorge Espericueta ganarse un lugar en el ámbito profesional antes de seguir contratando jugadores que pasan de noche en el “Volcán”? Me gustaría prestarle al querido “Tuca” algunos de los periódicos e imágenes que muestran los últimos partidos del equipo más importante en la historia del futbol. En el Real Madrid todos vitorean a Jesé Rodríguez. Sí, ese “chavalillo” al que Miguel Pardeza apoyó para que Carlo Ancelotti le diera la confianza para vestirlo formalmente de Merengue en esta temporada. Sí, el mismo que brilló en el último Mundial Sub-20 con España y que podía haberse codeado con jovencitos que hoy ya juegan en “primera”  como  José Carlos Van Rankin, Jesús Escoboza o Marco Bueno. O con el que tiene él mismo en su propio equipo pero que congela alevosamente como Jorge Espericueta. Es cierto, “nadie es profeta en su propia tierra”, pero sería bueno adoptar como sistema la Cantera antes que la cartera. La confianza antes que el negocio. Porque a veces se nota que “algunos” son los que se quieren comer solitos todo el pastel. No vaya a ser que por muy prodigiosos, capaces o talentosos que sean, ya después nadie quiera a sus niños en la rosca.   @guzmanjuegue

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