Cuando la Selección asfixia

Siempre he sido un defensor de la comercialización alrededor del futbol ya que al final, se ha convertido en una industria apasionante y adictiva.

Siempre he sido un defensor de la comercialización alrededor del futbol ya que al final, se ha convertido en una industria apasionante y adictiva. De igual forma, las marcas deportivas son sin duda las únicas que pueden generar tanta conexión emocional con sus consumidores. Y hablando de esta afinidad casi abnegada, sin duda la fidelidad que se vierte sobre la Selección Nacional en ocasiones llega a ser tan enajenante como comercialmente asfixiante.

No existe, sin duda, otra nación donde se explote de manera tan abrumadora a su Selección de futbol. Comerciales por aquí, coberturas minuciosas por allá y partidos inservibles por acá. Eso sin contar la devaluación que los dueños del balón han hecho de su propio producto doméstico “tirando” literalmente nuestro actual torneo en aras de la preparación del Tri. Lo irónico es que ese “apoyo” concentrando 60 días a los seleccionados se dio también de cara a las últimas 4 copas del mundo con el mismo resultado: no hemos pasado de Octavos de Final.

Bajo esta premisa, la pregunta sería ¿por qué seguir haciendo lo mismo cuando el desenlace ha sido el de siempre? La respuesta es muy sencilla: por las ganancias generadas producto de tener cada 4 años concentrada a una Selección.

La saturación que hoy vivimos de cara al Mundial, pero sobre todo frente al Tri, se ha vuelto exagerada. Pareciera que para nuestro mercado, lo único que importa es la Selección Nacional así como todo lo que este incomparable producto genera. Si a esto le sumamos que para gran parte de la población (a los cuales no necesariamente les gusta el futbol) es aficionado de la Selección, tenemos una plataforma idónea para que sin entregar mucho, se obtenga demasiado.

Cada cuatro años, el globo se infla más y aunque el nivel de nuestros jugadores también se eleva, estos dos factores no se incrementan en la misma proporción. El despliegue mediático llega a niveles tan exagerados, que juegos como el del viernes anterior se venden cual si fuera un encuentro crucial para el futuro del equipo. Y estos mensajes los compramos lo mismo en territorio nacional, que aquellos que viven en Estados Unidos con una facilidad que asusta, dando como resultado una saturación lamentable así como una sobre exhibición de una Selección medianamente competitiva.

Sobre este tema, recuerdo que algún día, varios amigos ingleses me comentaban que para un verdadero aficionado al futbol, al menos en su país, era patético ir a ver a su Selección ya que para empezar, en el estadio te encontrabas a gente que jamás irían a un juego de la liga local. De igual forma, sentían como "advenedizas o aprovechadas" a aquellas marcas que nunca volteaban a ver el futbol y sólo lo hacen cada 4 años. Y para terminar, recuerdo que en esa charla se argumentaban las distintas razones por las que, al menos para ellos, eran mucho más importantes los colores de su club que los de su Selección.

Me parece que aunque no lo queramos aceptar, en México ocurre un fenómeno similar aunque los medios nos vendan otra idea. Para la gran mayoría de los verdaderos aficionados, esos que asisten cada 15 días a la cancha de su club, esos que no esperan los clásicos para retratarse en la taquilla, su verdadera pasión está sobre su equipo. Y para aquellos que son “futboleros sociales”, esos que sólo esperan los Clásicos o los Mundiales, para ellos la Selección sí es la prioridad y hacia quien es efectiva la gran publicidad que en ocasiones nos ahoga. (Si quieres detectar a uno de ellos, pregúntale en qué equipos juegan Jorge Torres Nilo, Paul Aguilar o Adrián Alderete aquí en la liga local).

Al final, ambos tipos de seguidores son igualmente respetables y justificables. De hecho, creo que en México predomina el segundo grupo y por ello entre otras razones, nuestra Selección sigue siendo, después de la virgen de Guadalupe, la representación más importante con la que la gran mayoría de los mexicanos se identifica.

Porque a todos nos conviene, de corazón deseo que México llegue muy lejos en el Mundial y juegue cada vez mejor. Sin embargo, por el mismo bien de esta gran marca, a veces pediría menos vorágine comercial la cual siento que en ocasiones inclusive marea.

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