TIGRES, EL PRIMER TÍTULO

“Archivo Futbol” se complace en presentar la cuarta entrega del apasionante viaje por la historia del futbol nacional e internacional. En esta ocasión, nos trasladaremos a 1978, año en que los...

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPO10 de Diciembre de 2003

“Archivo Futbol” se complace en presentar la cuarta entrega del apasionante viaje por la historia del futbol nacional e internacional. En esta ocasión, nos trasladaremos a 1978, año en que los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León obtuvieron el primer título de liga de su historia, consagrándose, en ese momento, como el único equipo regiomontano que había logrado alcanzar la cúspide del balompié local. El rival en turno no resultaba nada sencillo, se trataba de los Pumas de la UNAM, escuadra que se encontraba defendiendo la corona que obtuvo en el torneo anterior, en el que pasaron por encima de la Universidad de Guadalajara. La escuadra capitalina venía de vencer en la ronda semifinal al Tampico, mientras que los del norte hicieron lo propio ante Cruz Azul. El encuentro lucía parejo, ambas instituciones se caracterizaban por ser imbatibles en su terreno y por tener el carácter suficiente para salir adelante frente a cualquier situación que se les pudiera presentar. Para este cotejo, al igual que en juegos anteriores, la representación de la máxima casa de estudios de la nación tendría que prescindir de piezas muy importantes en su esquema, caso de Hugo Sánchez, Vázquez Ayala, López Zarza, Leonardo Cuellar y Juan José Muñante, quienes se preparaban para participar en la Copa Mundial de Argentina, próxima a iniciarse.

La mesa está puesta, prepárense para degustar un platillo futbolístico que resultará apasionante y emotivo. Esperamos que sea de su agrado.

24 de mayo de 1978Estadio “Universitario”

Los Tigres, dirigidos por Carlos Miloc, se encontraban conscientes de la imperiosa necesidad de obtener una victoria que les permitiera ir con mayor tranquilidad a la cancha de Ciudad Universitaria, donde los Pumas eran casi invencibles, razón por la que se envió al terreno de juego un cuadro netamente ofensivo, el cual presentaba a Mateo Bravo, en la portería; García, Ruiz, Batocletti e Izquierdo, en la zona de seguridad; Tomás Boy, Herrera y Gadea, en el mediocampo; Mantegazza, Barbadillo y Orduña, en el ataque. Los del Pedregal, por su parte, quisieron jugar con la ventaja de cerrar la serie en su casa y saltaron a la cancha con Espinosa, ante la lesión de Marcín, en el arco; Bermúdez, Cervantes, Sanabria e Iturralde, en la retaguardia; Trejo, Domínguez y Olivera, en el sector creativo; Ramírez, Cabinho y Vergara, al frente.

Desde el primer minuto, quedo demostrado que a la entidad capitalina lo único que le interesaba era terminar el partido cuanto antes y llevarse un marcador cómodo a la capital mexicana. Durante el primer cuarto de hora, el cerco impuesto por los pupilos de “Bora” Milutinovic se mantuvo herméticamente cerrado y, pese a la ansiedad del equipo local, el balón no llegaba a zona de peligro. A los dieciséis minutos, Mantegazza logra, por primera vez en el partido, entrar al área enemiga, bombeando el balón ante la salida de Espinoza y Sanabria, quien, por un instante, pareció controlar el esférico, pero éste terminó llegando al fondo de las redes, volviendo locos a miles de aficionados. Pese a la anotación, los visitantes se mantuvieron exactamente igual, situación que generó un acoso constante e insistente por parte de los norteños. Cuando corrían treinta y cinco minutos de tiempo corrido, un remate de Sergio Orduña, a centro de Tomás Boy, es bien atajado por Jorge Espinosa. A los cuarenta y tres minutos, Jorge Vergara desvía sobre la línea de gol un peligroso disparo de Walter Mantegazza. Marco Antonio Dorantes, árbitro del encuentro, silba el final de la parte inicial. La victoria por la mínima diferencia no era lo idóneo para las huestes de Miloc, por lo que tendrían que salir con todo a ampliar la ventaja.

El receso en las hostilidades pareció no haber existido, pues la tónica del partido se mantuvo exactamente igual. Al minuto de acción, un cobro de tiro libre realizado por el “Jefe” Tomás Boy es bien atajado por Espinosa, quien se estaba convirtiendo en la figura del encuentro. La entidad capitalina no tuvo oportunidades de ir al frente; los únicos intentos de ofender eran por conducto de Washington Olivera, que poco pudo hacer ante la marcación de la que eran objeto Cabinho y Ramírez. Al minuto setenta y cuatro, Sergio Orduña cede el balón a Gerónimo Barbadillo, éste se quita a Bermúdez y lanza un centro preciso que es rematado de “palomita” por Walter Mantegazza, que sumaba la segunda anotación, tanto en su cuenta personal como en la del equipo. En el tiempo restante, la ofensiva de los locales empezó a perder fuerza. El cansancio generado por la constante actividad comenzaba a pasar factura, por lo que el tanteador se quedo estancado, al menos durante dicho cotejo. Aún tomando en cuenta la victoria parcial de los Tigres, muy pocos se atrevían a pronosticar que el cuadro norteño sería el próximo campeón, ya que la capacidad de los Pumas como local estaba más que probada.

“Los dos goles que nos hicieron no significan mucho, porque nosotros jugamos muy bien en nuestra cancha, allá podemos hacer tres o más goles”(Velibor Milutinovic, con la confianza que lo ha distinguido a lo largo de su carrera como estratega)

27 de mayo de 1978.Estadio “México 68”

El abarrotado escenario de Ciudad Universitaria dejaba prever que un acontecimiento importante para el balompié mexicano estaba a punto de suceder. Alrededor de sesenta y cinco mil personas se hicieron presentes en la cueva Puma para presenciar la gran final del torneo 1977-1978.  En los días siguientes al juego de ida, los chicos del Pedregal se mostraron confiados en remontar la desventaja. Necesitaban ganar por dos goles para obligar la llegada de los tiempos extra y tres para alzarse con la corona por segundo año consecutivo.

Para el decisivo encuentro, el “Tanque” Miloc paró en el once titular a Mateo Bravo; Carrillo, Batocletti, Ruiz e Izquierdo; Herrera, Boy, Gadea; Barbadillo, Mantegazza y Orduña. Los capitalinos, por su parte, salieron con Espinosa; Bermúdez, Cervantes, Sanabria, Iturralde; Olivera, López, Domínguez; Ramírez, Cabinho y Vergara.

En el primer tiempo, la escuadra norteña decidió ceder el balón y la iniciativa al equipo local, esperando la oportunidad de matar por la vía del contragolpe. Los pupilos de Milutinovic intentaron atacar por todos los medios posibles. Primero, lo hicieron por los costados y, posteriormente, con disparos de media distancia de Jorge Vergara y de José Luís “Pareja” López, siendo éste el que tuvo los avisos más importantes de la primera mitad al enviar dos disparos desviados; uno se fue por la izquierda; el otro, por arriba. El aparato defensivo de los Tigres se comportaba de manera excelente, cada uno de sus integrantes entendía perfectamente la labor que había que cumplir y la cumplían con éxito. Mendoza Guillén, silbante del cotejo, dio por concluida la actividad en los cuarenta y cinco minutos iniciales. Se terminaba el tiempo, los Pumas necesitaban de un milagro para poder igualar el marcador y evitar el derrumbe de su corona.

Para la parte complementaria, se esperaba un ataque furioso por parte del equipo de casa, el cual, en aquel momento, tenía que salir a matar o morir, a correr riesgos y dejarlo todo en el terreno de juego. Sin embargo, la voluntad y disposición de los del Pedregal no fueron suficientes para inquietar a la sólida retaguardia del cuadro visitante y, por el contrario, fueron los norteños quienes abrieron el marcador por conducto de Walter Mantegazza, que aprovechó un buen pase del “Jefe” Boy; burló al último hombre de la zaga rival y disparo ante la salida de Espinosa. Después de la anotación, tanto los jugadores como la afición entendieron lo que iba a suceder, ¡Tigres era el nuevo monarca del futbol mexicano!. Pese a esto, los capitalinos no dejaron de luchar y encontraron el gol del consuelo al minuto ochenta, cuando Olivera aprovecha un balón rebotado en Cabinho para prender el balón e incrustarlo en el arco defendido por Mateo Bravo. Diez minutos después, lo que se anticipaba se hizo oficial: ¡Tigres, campeón del torneo de liga 1977-1978!

“El triunfo lo dedicamos a nuestro público, creo que se lo merece y quiero hacer un homenaje a éste gran hombre que es el Sr. Carlos Miloc, a él y al público, mi reconocimiento”.(Ramón Cárdenas Coronado, presidente de Tigres, emocionado por el título obtenido)

Es así como culmina  uno de los recuerdos más importantes en la historia de la institución norteña. Desde aquí, rendimos homenaje a todos los que una u otra forma hicieron posible la obtención del primer título de la institución.

Hasta la próxima.

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