ATLANTE-PACHUCA ANTECEDENTE EN LA LIGUILLA

“Archivo Futbol” se complace en presentar la quinta entrega del apasionante viaje por la historia del futbol nacional e internacional. En esta ocasión, nos trasladaremos a los cuartos de final del...

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPO12 de Diciembre de 2003

“Archivo Futbol” se complace en presentar la quinta entrega del apasionante viaje por la historia del futbol nacional e internacional. En esta ocasión, nos trasladaremos a los cuartos de final del Torneo de Invierno 2001 del balompié mexicano, etapa en la que se enfrentaron los Tuzos del Pachuca y los Potros de Hierro del Atlante,  antecedente inmediato de los enfrentamientos entre ambos equipos en lo que se refiere a la liguilla. Casualmente, hidalguenses y atlantistas se clasificaron a la fiesta grande en la misma posición lograda en el actual campeonato: tercer y sexto lugar general, respectivamente. En aquellos tiempos, la escuadra azulgrana se encontraba bajo la dirección técnica de Carlos Reinoso. Mientras que los de la “Bella Airosa” eran dirigidos por el “Capitán Furia”, Alfredo Tena. Los pronósticos estaban divididos, aunque la mejor colocación de los Tuzos en la tabla general les daba una ventaja que, a la postre, podía ser definitiva.

El momento de abrir el cajón, sacar el expediente, abrir el fólder y adentrarnos en su contenido ha llegado. Esperamos que sea de su agrado.

29 de Noviembre del 2001Estadio “Azul”

Las tribunas del estadio de la colonia Nochebuena registraban una entrada propia de cualquier cosa, menos de un partido correspondiente a la fase final del futbol mexicano, pues no llegaba ni siquiera a la mitad de su capacidad. La serie entre ambas instituciones no logró despertar interés en la afición capitalina, la cual no se mostraba muy propensa a seguir el trote de los Potros. Los hidalguenses, por su parte, contaron con la fiel asistencia de su fanaticada, la cual arribó a la Ciudad de México, utilizando veinticinco autobuses para su transportación.

Para el cotejo de ida, el Pachuca decidió salir a defenderse y a buscar el empate, sin descartar la posibilidad del contragolpe por medio de la velocidad de sus artilleros. Para cumplir con dicho cometido, Alfredo Tena envió al terreno de juego a Miguel Calero, Sánchez Yacuta, Vidrio, De Anda, Rodríguez, Sosa, Garcés, Caballero, Silvani, Santana y el colombiano Andrés Chitiva. El cuadro local, a su vez, se encontraba consciente de la imperiosa necesidad de obtener una buena ventaja en su territorio; tenía la firme intención de ofender al rival y de salir a comerse cada  rincón del terreno de juego. Los elegidos de Reinoso para tomar parte inicial en esta batalla fueron: Grosso, Hierro, Carmona, Coyote, Trotta, Cabrera, Serafín, Mohamed, Bueno, Abundis y Paredes.

En el primer tiempo, los Potros salieron a proponer el encuentro, a presionar a la zaga rival y a no permitir que los Tuzos salieran vivos. Sin embargo, fueron los pupilos de Alfredo Tena los que se hicieron presentes en el marcador, gracias a un excelente contragolpe de Andrés Chitiva, que se quitó a más de dos defensores, disparó; el balón fue rechazado por Damián Grosso, pero, para su mala suerte, la pelota fue a dar justo al lugar en el que se encontraba Walter Silvani, a quien no le quedó más que empujarla hasta el fondo de las redes. La situación siguió cuesta arriba para la escuadra dirigida por Carlos Reinoso, pues, tan sólo siete minutos después del gol visitante, llegó la expulsión de Salvador Carmona, bien decretada por Germán Arredondo, árbitro central del partido. Las acciones, al menos durante este tiempo, llegaron a su fin.

El tanto de la igualada no tardó en presentarse, pues apenas a los dos minutos del segundo tiempo se produjo el gol, gracias a un buen disparo de aire de Juan Ángel Paredes, a pase de Roberto Trotta, que resultó imparable para Miguel Calero. En los minutos siguientes, los Potros buscaron la forma de hacer daño en el área contraria, pero siempre se encontraban con el excelente cerco defensivo impuesto por Alfredo Tena y sus pupilos. Pese a que el cuadro local era el que parecía estar más cerca de la victoria, fue el Pachuca el equipo que logró volver a hacerse presente en el marcador, cuando Walter Silvani remata de cabeza; la pelota pega en el poste y termina venciendo la valla del guardameta colombiano. El tiempo siguió su curso y el Atlante no encontró la manera de hacer daño, por lo que tendrían que buscar resucitar en la difícil cancha del Estadio Hidalgo.

“No todavía no la tenemos. Hay que respetar al rival, que jugó con mucha enjundia, con mucha ambición, a pesar de quedarse con diez hombres.”(Jesús Martínez, evitando caer en exceso de confianza)

2 de diciembre del 2001Estadio “Hidalgo” El exceso de confianza y la lesión de Miguel Calero en el entrenamiento del día anterior se significaban como los dos riesgos más significativos que corría el Pachuca en el partido de vuelta de los cuartos de final del Torneo de Invierno 2001 del futbol mexicano. Los Tuzos podían darse el lujo de perder por la mínima diferencia, ya que su mejor colocación en la tabla general les otorgaba dicho privilegio. En el papel, la serie se encontraba finiquitada y sólo una auténtica proeza de los Potros podía evitar que la ciudad hidalguense festejara el pase a las semifinales.

El Pachuca saltó al terreno de juego con Alfaro, Rodríguez, Vidrio, De Anda, Yacuta, Caballero, Sosa, Garcés, Chitiva, Santana y “Cuqui” Silvani. El Atlante, por su parte salió con Damián Grosso, Serafín, Maturín, Trotta, Hierro, Cabrera, Mohamed, Ruborosa, Coyote, Abundis y Paredes.

En la primera parte, las acciones fueron cortadas constantemente, ya que abundaron los roces y las entradas fuertes. Prueba de ello es que la primera tarjeta amarilla tardó sólo dos minutos en salir, siendo Roberto Trotta quien se hizo acreedor a ella. Durante el cuarto de hora inicial, fue el cuadro hidalguense el que se hizo cargo de controlar el partido. El primer aviso a la portería de Grosso se dio por conducto de Andrés Chitiva, luego de que éste sacó un buen disparo que fue congelado en las manos del cancerbero argentino. A los veinticinco minutos, Gilberto Alcala, juez central del cotejo, contabilizaba tres amonestaciones, pues Salvador Cabrera y José Manuel Abundis se habían unido a Roberto Trotta. A partir de la media hora de juego, la entidad azulgrana comenzó a tomar el mando del juego, apoderándose de la mediacancha  y apretando al rival desde el momento mismo de su salida. La falta de ofensividad del equipo local ocasionó que Serafín y Cabrera se animaran a ir al frente. La presión de los Potros era insistente, por lo que, tarde o temprano, tenía que abrirse el marcador. Y efectivamente, a los cuarenta y cuatro minutos de tiempo corrido cayó la anotación de los visitantes, cuando José Manuel Abundis sorprendió adelantado a Jesús Alfaro y le bombeó el balón, imposibilitando la reacción del guardameta local.  El enojo de la afición fue más que evidente y el grito de “Calero, Calero” se convirtió en el grito de guerra que inundaba el Estadio Hidalgo. Llegó el silbatazo final. Los Potros se encontraban a un paso de hacer la hombrada.

La anotación conseguida por la escuadra azulgrana cayó como balde de agua fría en el corazón de la hinchada hidalguense, la cual no terminaba de asimilar que una serie que se encontraba controlada se saliera de las manos y, mucho menos, que estuvieran a un gol de ser eliminados. El cambio de actitud de los jugadores del Pachuca se hizo más que evidente en cuanto inicio la parte complementaria. A los cuarenta y ocho minutos, Alberto Rodríguez tocó la puerta visitante, pero Grosso se encargó de contrarrestar el peligro. Once minutos más tarde, Alfredo Tena ordenó el ingreso de Hugo Brizuela en sustitución de Garcés. Quedaba claro que el “Capitán Furia” deseaba que el contrincante comenzara a preocuparse sobre lo que acontecía en su propio terreno. Poco tiempo después de haber ingresado, Brizuela tuvo la oportunidad de emparejar el marcador sin embargo, el balón se estrelló en el poste, manteniendo vivas las esperanzas del Atlante. Reinoso, buscando variantes que renovaran la fuerza ofensiva de los Potros, mandó al terreno de juego al “Gansito” Padilla, quien se convirtió en el motor de la reacción de los capitalinos en los minutos finales. Con fuerza y empuje, la escuadra azulgrana ahogó a los Tuzos en su propia área; Abundis estuvo muy cerca de la gloria, pero una pierna salvadora impidió que la pelota llegara a su destino. El momento más importante y polémica de la eliminatoria se dio cuando faltaban dos minutos para que las hostilidades llegaran a su fin, pues José Manuel Abundis fue derribado dentro del área sin embargo, Gilberto Alcalá juzgó bien la jugada y no cayó en el garlito del atacante mexicano. Ese fue el último respiro de los Potros. Pachuca ganó su boleto a la semifinal.

“El sábado, en una jugada estúpida, me lastimé. Disputando una pelota con un compañero, quise pegarle y le pegué al viento.”(Miguel Calero, triste y molesto ante la lesión que le impidió jugar el partido de vuelta.)

Es así como culmina el “Archivo Futbol” de esta ocasión. Nos despedimos, no sin antes invitarlos a seguir viviendo la pasión del futbol.

Hasta la próxima.

[mt]

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