Maribel Domínguez o el futbol todavía puede ser hermoso

Maribel se despierta sin cuidarse de que ningún paparazzi esté cerca, no escoge un restaurante en un corredor de seguridad ni tampoco empuja micrófonos a su paso pidiendo que respeten su vida...
Maribel se despierta sin cuidarse de que ningún paparazzi esté cerca, no escoge un restaurante en un corredor de seguridad ni tampoco empuja micrófonos a su paso pidiendo que respeten su vida privada, Maribel es sólo eso, Maribel.
 Maribel se despierta sin cuidarse de que ningún paparazzi esté cerca, no escoge un restaurante en un corredor de seguridad ni tampoco empuja micrófonos a su paso pidiendo que respeten su vida privada, Maribel es sólo eso, Maribel.

Walter González | MEDIOTIEMPO4 de Marzo de 2004

Maribel se despierta sin cuidarse de que ningún paparazzi esté cerca, no escoge un restaurante en un corredor de seguridad ni tampoco empuja micrófonos a su paso pidiendo que respeten su vida privada, Maribel es sólo eso, Maribel.

Allá, en la calle de Araucas en Valle de Chalco, “La Chiruca” sale por las mañanas rumbo a su entrenamiento y, mientras se aleja de su casa, su ego no le pide que voltee a ver la mansión que su fama le ha dejado, simple y sencillamente porque ésta no existe, no hay tal mansión, sólo está su casa, esa donde está su madre y sus hermanos, ahí donde los trofeos ocupan las superficies de los muebles, esa casa igual a la de millones y millones de mexicanos, sin agua entubada, que tiene luz más por algún ingenio local que por una instalación en forma, una casa en medio de la tierra suelta, con vista hacia algún canal de aguas negras.

Maribel Domínguez tiene un trabajo honrado y lo hace muy bien, mejor que muchos hombres, algo que es imperdonable en la mayoría de los círculos sociales de este mundo. Ella es futbolista, una de las mejores, ella estaría en la lista de LAS 100 DE LA FIFA si esta se hiciera en el futbol femenil.

Y Maribel jugó futbol, primero a escondidas, luego contradiciendo a su madre. Más pronto que tarde tuvo que enfrentarse con un “vete a lavar trastes” de algún rival que fue su víctima, pero siempre feliz, siempre porque era lo que más le gustaba. Lo que es cierto es que nunca tuvo que jugar futbol por cumplir un contrato, siempre lo hizo por el puritito placer.

Así, de repente apareció en las pantallas de nuestra televisión logrando lo máximo que el futbol, su futbol ha logrado, clasificando a Juegos Olímpicos y, con 2 goles suyos, con 2 golazos de “La Chiluca”. El equipo de Mari le ganó a unas güerotas con becas escolares en Universidades de Canadá y Estados Unidos, a unas chavas que aprendieron a jugar en canchas empastadas con un cuidado hasta ofensivo, a grandototas que han cuidado su alimentación hasta el último detalle.

De hecho, aquí, en el país de Maribel son tan pocas las chavas que han tenido la oportunidad de dedicarse a esto que también hay güeritas que han vivido siempre del otro lado, pero que juegan grueso, porque allá si les enseñan en las escuelas, ¡y hasta les pagan!

Maribel demostró el miércoles que el futbol todavía puede ser hermoso, “La Chiluca” nos regaló un par de golazos y sus respectivos festejos totalmente impulsivos y sin haberlos practicado frente al espejo, Maribel nos demostró que todavía se puede llorar al meter un gol, nos regresó la cara del triunfo por el juego mismo, la cara del lograr lo que nadie ha logrado. Digámoslo así, para equiparar el logro de la Selección Femenil de México en la que juega Maribel al futbol varonil, tendríamos que haber llegado a semifinales de la Copa del Mundo con amateurs y ganándole a Alemania, así, de ese tamaño es su triunfo.

Esa carita es difícil de olvidar, esa carita gritando gol con lágrimas de alegría en los ojos, sin buscar la cámara, sino buscando a sus compañeras, buscando un abrazo. Un par de los mejores festejos que he visto en mucho tiempo.

Ya basta pues de todos los comentarios estúpidos que hacemos cuando vemos a una mujer jugar futbol, y aceptemos que, por lo menos al que esto escribe y al 98 por ciento de los que leerán esta nota, Maribel nos pega un baile de aquellos, nos pinta la cara los 90 minutos. Y ¿saben que? Ni siquiera podremos decir “es que a ella le pagan muuuuucho por eso”.

No cabe duda, el futbol todavía puede ser hermoso.[mt][foto: Mexsport]

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