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Es un teléfono celular, alcanzo a pensar mientras recobro la conciencia. Inconscientemente mi mano va hacia la bolsa del pantalón para ver si es el mío, pero no vibra, lo único que siento es la...
 Es un teléfono celular, alcanzo a pensar mientras recobro la conciencia. Inconscientemente mi mano va hacia la bolsa del pantalón para ver si es el mío, pero no vibra, lo único que siento es la humedad en mi pierna.

Walter González | MEDIOTIEMPO11 de Marzo de 2004

Es un teléfono celular, alcanzo a pensar mientras recobro la conciencia. Inconscientemente mi mano va hacia la bolsa del pantalón para ver si es el mío, pero no vibra, lo único que siento es la humedad en mi pierna.

-Estoy en el tren- alcanzo a recordar mientras abro los ojos, pero el vagón está hecho un caos y lo que voy reconociendo es algo inconcebible, algo que no sé que es, algo que nunca he visto. Hay manchas de sangre a mis pies, y mis propias piernas y mi vientre están sangrando.

Ahora recuerdo cosas, el tren, mis libros, el chico del balón sentado frente a mí…de repente una luz y luego nada. En mis oídos solo quedan, un zumbido constante y ese celular que suena sin parar.

Creo que puedo moverme pese a la herida en mi pierna. Me arde la cara, pero prefiero no tocarla, prefiero no parecerme a la terrible escena que se va descubriendo ante mis ojos. Sangre, humo, un agujero en el techo del tren, las quijadas del odio nos han mordido.

El celular sigue sonando…

-Yo si puedo moverme- le dije a una mujer que intentaba ayudarme, al tanto que intentaba comprobarlo incorporándome. Si, es cierto, podía moverme, pero hubiera preferido no hacerlo porque al voltear la cara hacia donde debían de estar los pasajeros, descubrí que su lugar lo había tomado un montón de carne sangrante, cuerpos arrojados al piso, miembros desmembrados, sin dueño.

¡El chico del balón!, le grité a la mujer que ayudaba, pero estaba ya levantando algo que alguna vez había sido un hombre. El chico del balón estaba tirado en el piso, al lado del celular que sonaba.

Le levanté la cara, era él, alguna vez fue él, el chico del balón frente a mí.

Contesto el teléfono, ¡¿Jorge?! grita una voz de Madre…

-¿Jorge? ¿el chico del balón?, respondí-¡Sí! Llevaba su balón ¿Está bien?- dijo la voz de Madre-Está muerto, lo ha matado una bomba- dije llorando, justo antes de perder de nueva cuenta la vida.

[mt]

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