Historia con sabor continental

Los inicios
Los inicios
 Los inicios

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPO30 de junio de 2004Criticada por muchos y respetada por muy pocos, la Copa América lucha contra sus limitaciones históricas y contra la evidente superioridad económica y futbolística de la que goza el futbol europeo. El torneo de selecciones más añejo del mundo ha sido relegado en el escalafón de importancia; la calidad de sus participantes es severamente cuestionada y sus principales estandartes, Brasil y Argentina, continuamente se niegan a tomarla con seriedad. Se han buscado nuevas fórmulas y mecanismos para recuperar el prestigio perdido; lo cierto es que lo único que puede salvar del menosprecio y el olvido a una competencia como esta es lo que se demuestra sobre la cancha. Por ello, y para recordar viejos momentos de este certamen, hemos decidido realizar un viaje a través de sus archivos; recurrir a la siempre intensa añoranza  del pasado para rescatar una tradición que en lugar de ocupar el sitio que le corresponde se ha convertido en un estorbo para los futbolistas, en una insignificancia para los técnicos y en un problema para los clubes. Sólo el futbol presentado sobre el terreno de juego podrá borrar los malos adagios que inundan el ambiente. ¡Que así sea!

Los inicios

La Copa América, el torneo a nivel selecciones más antiguo del mundo, nace en 1916 cuando, con motivo de la celebración de independencia de su país, la Asociación Argentina de Futbol organizó una competición en la que tomaron parte las selecciones de Chile, Brasil y Uruguay, además de los anfitriones. De manera curiosa, la primera edición de este certamen se efectuó justo en el momento en el que se fundó la Confederación Sudamericana; el evento se llevó a cabo del 2 al 17 de julio mientras que la entidad rectora de la región inició actividades el 9 del mismo mes. En dicha oportunidad, la representación uruguaya impuso condiciones y se convirtió en el primer campeón continental, aunque para ese entonces aún no estaba en disputa el trofeo de la Copa América por lo que se le cataloga como un evento “Extraordinario”.

De 1916 a 1967 la mecánica de la competencia consistía en enfrentamientos directos entre todos los contendientes, jugándose un cotejo de desempate en caso de igualada en puntos obtenidos.

La organización de la segunda edición del también conocido como Torneo Sudamericano correspondió a Uruguay. La principal novedad de esta justa fue la puesta en disputa de la Copa América, comprada en una joyería de Buenos Aires por tres mil francos suizos. Los participantes fueron exactamente los mismos que en la versión anterior y fue el cuadro local el que, de nueva cuenta, se llevó la gloria. La inmortalidad fue alcanzada por Gatica, zaguero de la selección chilena, quien patentó la jugada que es universalmente identificada con su nacionalidad.

Debido a una fuerte epidemia de gripe que afectó a Brasil, sede de la tercera edición, el torneo tuvo que ser aplazado para 1919. En el aspecto de los participantes no se presentó variante alguna, sin embargo, Uruguay fue relegado al subcampeonato tras haber disputado un apasionante cotejo de desempate ante la escuadra carioca, que comenzaba a dar visos de su futura grandeza.  El tanto de la victoria fue realizado por el legendario Arthur Friedenreich, quien anotó más de 1300 goles a lo largo de su trayectoria futbolística.

El afianzamiento

La década de los 20´s estuvo marcada por una clara rivalidad entre Argentina y Uruguay, representativos que pelearon por la supremacía en la región. En la primera edición del naciente decenio, los charrúas recuperaron el campeonato y dieron muestras de su ya característica solidez defensiva. El país organizador fue Chile, cuya representación vistió por primera vez la camiseta roja que la ha acompañado a lo largo de su historia.

La Copa América regresó a su lugar natal en 1921. La selección chilena se retiró de la justa continental por problemas internos, abriendo el paso para la aparición de Paraguay, que sorprendió a propios y extraños al derrotar a Uruguay. Los demás participantes son exactamente los mismos. En el aspecto futbolístico, la representación argentina se alzó con la gloria que únicamente le es otorgada al campeón. Después de cinco años de intensa batalla, los albicelestes fueron los dueños del torneo que ellos mismos crearon.

Buscando que la Copa América sirviera como marca de la celebración del centenario de su independencia, Brasil solicitó la organización del certamen, la cual le fue concedida. El estadio de Fluminense fue el escenario de las hostilidades. La fiesta fue redonda para los cariocas, pues sus representantes se alzaron con la victoria y consiguieron el segundo cetro continental para dicha nación.

En 1923, Uruguay es el encargado de albergar la justa continental, siendo el Parque Central el sitio en el que se libraron las batallas. Heridos en su orgullo, y tras haber soportado los triunfos de Argentina y Brasil, los charrúas no dejaron escapar la oportunidad y retomaron el título que dos antes les habían quitado de las manos.

Al año siguiente, la organización de la competencia le correspondía a Paraguay, pero a falta de una infraestructura adecuada se decide que la justa se lleve a cabo por segundo año consecutivo en Uruguay, específicamente en Montevideo. Todas estas condiciones obraron a favor de los locales, que terminaron por obtener su quinto cetro en el Sudamericano.

La Copa América sufrió un severo revés en 1925 al contar con la participación de únicamente tres selecciones: Argentina, equipo local, Brasil y Paraguay, Ante estas dificultades se decide modificar la mecánica de competencia y confrontar a los contendientes en dos ruedas. Paraguay acabó como comparsa de cariocas y guaraníes, por lo que los cotejos entre ambos fueron definitorios. Argentina volvió a ser el conjunto campeón.

En 1926 se presenta un progreso notable con respecto a ediciones anteriores. De los cuatro contendientes acostumbrados se pasó a seis, fungiendo Bolivia como la principal novedad. El Campo de Sport, en Chile, fue el escenario de las hostilidades. Una vez más, y como ya era costumbre, Uruguay fue el gran protagonista de la competencia al obtener el campeonato y al darle cabida al estelar delantero Héctor Castro, “El Manco”, quien perdió una mano en un lamentable accidente.

Perú se incorporó a la organización del torneo y se convirtió en el séptimo país afiliado. Sin embargo, fueron solo cuatro las naciones que accedieron a participar en dicha edición. Los argentinos acapararon los reflectores al vencer a sus rivales con elementos estelares de San Lorenzo, Independiente y Gimnasia y Esgrima La Plata.

Ante la participación de Argentina y Uruguay en los Juegos Olímpicos Ámsterdam 1928, la Copa América fue aplazada para el año siguiente, siendo Argentina la elegida para albergar la competencia continental. Para ese entonces, ya existían nuevos estadios y mayores comodidades para los participantes. Los locales volvieron a imponerse y sellaron el primer bicampeonato de su historia.

La ruptura entre Uruguay y Argentina

La final de la Copa del Mundo Uruguay 1930, disputada entre pamperos y charrúas, trajo serias consecuencias para la Copa América, entonces conocida simplemente como “Sudamericano”. Los argentinos, dolidos por la derrota, se quejaron de presiones sufridas en aquel entonces y rompieron todo tipo de relaciones futbolísticas con su similar de Uruguay. Y no sería sino hasta 1935 cuando el certamen continental volvió a ver la luz. El hospedaje del evento correspondió a Perú. Para mala fortuna de la albiceleste, los charrúas volvieron a alzarse con el triunfo, relegando a los pamperos al subcampeonato. 

La siguiente versión de la Copa América tuvo la particularidad de haber comenzado en diciembre de 1936 y culminado en febrero de 1937. La competencia fue efectuada en Argentina, que aprovechó dicha condición para volver a la senda del triunfo, recuperando, de dicha forma, un poco del orgullo perdido en el pasado.

Con motivo de la celebración de la Copa del Mundo, la Copa América se efectuó hasta 1939 en tierra inca. Los peruanos dieron cátedra de clase y buen futbol, destacando siempre el poderío de Teodoro Fernández, “Lolo”, y la prodigiosa técnica y contundencia de Jorge Alcalde. Por fin se presentaba campeón un equipo que no fuera ni Uruguay, ni Argentina, ni Brasil.

La consolidación pampera

La Asociación Chilena de Futbol, motivada por la celebración del cuarto centenario de la fundación de Santiago, solicitó y obtuvo la organización de una edición “Extraordinaria” del Sudamericano. Las autoridades sorprendieron al presentar el estadio Nacional, completamente construido con cemento y con amplio aforo. Sobre la cancha los argentinos saborearon las mieles del triunfo y siguieron marcando la pauta a nivel regional. Cabe mencionar que en este tipo de eventos, catalogados como “Extraordinarios”, el vencedor no se hacía acreedor al trofeo de la Copa América.

El futbol sudamericano, contrario a lo que sucedía en Europa por la dolorosa guerra que se estaba librando, cada vez se mostraba más organizado. Razón por la que no resultó extraño el hecho consistente en que, para 1942, se haya presentado el mayor número de participantes hasta ese momento, alcanzando la cifra de siete. El anfitrión Uruguay se llevó la gloria del campeonato.

En 1945 se volvió a presentar una versión “Extraordinaria” de este certamen. A la competencia no asistieron Perú y Paraguay, que tenían ciertos conflictos y diferencias con la Federación Chilena, organizadora del certamen. Tomaron parte de la contienda Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Chile y la novata Colombia. Los argentinos retomaron la corona, mientras que los cariocas tuvieron que conformase con la segunda plaza.

En lo que fue una nueva versión “Extraordinaria” de la máxima justa continental a nivel de selecciones, Argentina volvió a hacer de las suyas, imponiéndose a sus rivales y confirmando una jerarquía que la mantiene como una potencia mundial. Los pamperos contaron con la ventaja de encontrarse en casa.

 El Torneo Sudamericano llegó por primera vez a Ecuador en 1947, específicamente a la ciudad de Guayaquil. La fiesta fue puesta por la hinchada local, pero el triunfo correspondió, para no variar, a la representación argentina, que continuaba demostrando pleno dominio en la región.

La espera fue larga para los brasileños. Tuvieron que pasar veintisiete años para que volvieran a tener la oportunidad de organizar una Copa América, que, además, serviría como preámbulo de la Copa del Mundo, de triste recuerdo en el corazón carioca. El torneo sirvió como preparación para los cinco equipos que más adelante participarían en el Mundial de 1950 y fue el conjunto local el que se alzó con la victoria definitiva, generando ilusiones que un año más tarde serían pulverizadas con el histórico “Maracanazo”.

Argentina mantiene la hegemonía

La primera Copa América de mediados se efectuó en 1953. Paraguay había sido designado como el país organizador de la competencia continental, pero diversas dificultades de infraestructura lo orillaron a declinar, siendo Perú la nación que finalmente se encargo de albergarla. Tanto Argentina como Colombia decidieron ausentarse, por lo que el número de participantes se redujo a siete. Tal y como había sucedido cuatro años antes, Brasil y Paraguay tuvieron que medirse en cotejo de desempate para definir al campeón, sin embargo, contrario a lo sucedido en la pasada edición, fueron los guaraníes los que se alzaron con el campeonato, destacando Heriberto Herrera, elegido como el mejor del certamen.

La organización del Torneo Sudamericano de 1955 corrió a cargo de Chile, que siete años más adelante tendría la oportunidad de hospedar las incidencias de una Copa del Mundo. Para esta edición el número de participantes se vio reducido a seis, pues Colombia, Brasil y Bolivia se abstuvieron de participar. Los chilenos estuvieron a un paso de llevarse la gloria, pero Argentina apareció con toda su calidad y experiencia para derrumbar los sueños locales y vencerlos con solitaria anotación de Rodolfo Michelle, quien finalizó como campeón goleador de la justa con ocho anotaciones. El premio para los anfitriones llegaría por conducto de Enrique Hormazábal, designado como el elemento más importante de la competencia.

La vigésima cuarta edición de la Copa América se efectuó en 1956, sin que estuviera en juego el trofeo, pues se trataba de una competencia “Extraordinaria”. Los Charrúas aprovecharon las condiciones favorables y el apoyo de su gente para volver a conseguir el título.

En 1957, la justa continental llega a Perú, donde se celebra una de las ediciones más recordadas en la historia de este certamen. Argentina, dirigida por Guillermo Stabile, alegró la pupila de los fanáticos al futbol e impuso su poder y jerarquía, ante la algarabía de sus compatriotas.

El campeón vigente, Argentina, refrendó su título dos años más tarde, cuando se encargó de la celebración del evento. El conjunto pampero concluyo la competencia sin conocer la derrota, aunque sufrió seriamente ante Brasil, rival siempre exigente y odiado. De esta forma, la albiceleste obtenía el tercer cetro en la década de los cincuentas.     Una nueva versión “Extraordinaria” del certamen continental se efectuó ocho meses después de la consagración argentina. Participaron solamente cinco equipos, entre ellos Ecuador, el país organizador. La selección uruguaya se llevó la gloria y evitó el tricampeonato pampero.

Tiempos inciertos

Durante los sesentas solamente se efectuaron dos ediciones de la Copa. La primera de ellas, en 1963, teniendo como sede a Bolivia, que explotó al máximo sus condiciones atmosféricas, fundió el fondo físico de los rivales, y se llevó la gloria del campeón. La segunda, en 1966, llevada a cabo en Uruguay, siendo los mismos charrúas los que consiguieron el título. En estos tiempos la Conmebol enfrentaba dificultades internas y se recurrió a juegos eliminatorios para acceder al Torneo Sudamericano. Es en esta edición donde aparece por primera ocasión la selección venezolana, que, por cierto, obtiene su primera y única victoria dentro de este certamen.

Cambio de rumbo

En la década de los setentas se presenta un cambio significativo en el sistema de competencia: se abandona la sede fija y se celebran enfrentamientos en la modalidad de ida y vuelta. Celebrada entre junio y octubre de 1975, la Copa América llegaría a los brazos de Perú. El grandioso Teofilo Cubillas fue designado como el mejor jugador de la justa.

En 1979, el torneo se efectúa entre el 18 de julio y el 12 de diciembre. Paraguay, no conforme con haber celebrado la consecución del título en la Copa Libertadores del Olimpia, se hizo de la gloria a nivel de selecciones nacionales, cerrando un gran año para el balompié guaraní.

La tradición charrúa se niega a morir

La última edición de la Copa América en la que se mantuvo la modalidad de ida y vuelta fue la de 1983, en la que Uruguay fue superior a los rivales y deslumbraba con su toque y calidad; brillaba intensamente Enzo Francescolli, elemento más importante de la competencia.

Cuatro años más tarde, la competencia se vuelve a celebrar en una sede fija: Argentina. Los pamperos buscaban celebrar el campeonato mundial conseguido nueve años antes, pero los charrúas hicieron buenos los pronósticos y derrotaron en la gran final a Chile por un marcador de un gol a cero. La anotación corrió a cargo de Pablo Bengoechea. Con melena larga y carisma singular, comenzaba a despegar la figura de un colombiano: Carlos Valderrama.

En 1989 Brasil se hace cargo de la organización del evento. Hartos de la sequía de títulos y motivados por el festejo del setenta y cinco aniversario de la Confederación Sudamericana de Futbol, los cariocas sacaron la casta y volvieron a saborear las mieles del triunfo. Ya desde ese entonces comenzaba a escribir páginas de oro Roberto Gama de Oliveira “Bebeto”, campeón goleador con seis tantos. El torneo se dividió en dos grupos de cinco cada uno.

La invasión mexicana

En 1991 Argentina se consagró como el campeón continental, sanando la herida sufrida tras la polémica derrota ante Alemania en la final de la Copa del Mundo Italia 1990. La selección dirigida por Alfio Basile se impuso en las instancias decisivas al cuadro local, Chile, Brasil y Colombia. Leonardo Rodríguez fue considera como el mejor elemento de la competencia.

La segunda edición de la última década del siglo veinte marcó el inicio de una nueva página en la historia de la Copa América; por primera ocasión, la Conmebol admitía a dos selecciones no pertenecientes a la confederación, adquiriendo, de esta forma, la etiqueta “continental”. Los invitados fueron México y Estados Unidos, integrantes de la Concacaf. La escuadra azteca resultó sumamente incómoda; sorprendió a propios y extraños, eliminó a Ecuador, el equipo de casa, en semifinales y perdió de manera apurada ante la Argentina del “Coco” Basile, que sellaba el bicampeonato.

Dos años más tarde, en 1995, Uruguay albergaba por séptima ocasión la justa continental y volvió a alzarse con la gloria, con lo que sorprendía al mundo al llevarse la corona siempre que era organizador del evento; de siete, siete. El delantero mexicano Luis García se convirtió en el primer artillero mexicano en llevarse el campeonato de goleo con cuatro anotaciones, empatado con Gabriel Omar Batistuta.

En 1997, Bolivia se encargó de albergar la competencia. Los locales obtuvieron resultados satisfactorios y a un paso estuvieron de llevarse el título, pero los brasileños terminaron imponiéndose en la final por un marcador de tres goles a uno. Costa Rica fue invitada al certamen, mientras que México, tercer lugar, ya se consideró como un miembro permanente dentro de la Copa.

La última edición del siglo se celebró en Paraguay, donde los brasileños volvieron a mostrar su superioridad y se alzaron con el título tras vencer por un contundente tres tantos a cero a su similar de Uruguay. México confirmó su realidad y revalidó el tercer sitio obtenido dos años atrás. Dos cariocas, Rivaldo y Ronaldo, compartieron el cetro de goleo con cinco anotaciones.

Nuevo siglo, ilusiones renovadas

La Copa América inicia su actividad en el naciente siglo en el 2001, cuando Colombia organiza y gana el certamen. La selección colombiana se mantuvo siempre como la gran favorita, dio buenas demostraciones de futbol y venció merecidamente a México por un gol a cero, con anotación de Iván Córdoba en el minuto sesenta y cinco, ante el desencanto de la representación dirigida por Javier “Vasco” Aguirre.

Es así como culmina el recuerdo de la fiesta continental. Del seis al veinticinco de julio se estarán escribiendo las páginas de una nueva batalla, de una contienda en la que esperamos, por el bienestar de una importante tradición, que los aficionados sean los principales ganadores.

Fuente: Conmebol

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