Uruguay 1995, un cambio que sentenció el destino

La suerte estaba echada; sólo era cuestión de encontrar un pretexto para ponerle punto final a la etapa de Miguel Mejía Barón como seleccionador nacional. Y no tardaron en hallarlo. El 17 de julio...

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPO3 de julio de 2004

La suerte estaba echada; sólo era cuestión de encontrar un pretexto para ponerle punto final a la etapa de Miguel Mejía Barón como seleccionador nacional. Y no tardaron en hallarlo. El 17 de julio de 1995, el tricolor era eliminado en la segunda ronda de la Copa América Uruguay 1995 al caer frente a Estados Unidos en serie de tiros penales. Fracaso continental y tropiezo ante el rival  más odiado de la zona; mejores argumentos para prescindir de los servicios del Dr. Mejía Barón difícilmente se podrían presentar más adelante, por lo que no dudaron en terminar de una vez por todas con un proceso exitoso, pero que no alcanzó a escapar del fantasma de Hugo Sánchez y su no inclusión en el enfrentamiento ante Bulgaria en el Mundial Estados Unidos 1994. Cuesta trabajo creerlo, sin embargo, el medio futbolístico mexicano tenía plena conciencia de que el acta de sentencia había sido firmada con anterioridad; el cinco de julio de 1994 en el estadio de los Gigantes, para ser más exactos. Lo cierto es que una magnífica actuación en tierra charrúa se significaba como la única vía de salvación para el cuerpo técnico nacional y, como bien sabemos, esto no ocurrió.

Desgastados anímicamente y con la presión de superar o cuando menos igualar los logros alcanzados dos años atrás, los seleccionados mexicanos jamás llegaron a concentrarse plenamente en el certamen continental; los medios de comunicación se encargaban de presionar y la imagen de Miguel Mejía Barón estaba seriamente afectada. El debut tricolor en Uruguay fue tan gris como el ambiente interno que se respiraba en la delegación azteca. Los nuestros cayeron dos goles a uno frente a Paraguay, siendo Luis García el autor de la anotación verde, mientras que por los guaraníes aparecieron José Saturnino Cardozo y Adriano Samaniego, al minuto setenta y tres. Malos presagios y pésimo inicio dieron pié a una pesadilla ya esperada.

Tres días más tarde, 9 de julio de 1995, la representación mexicana se impuso de manera poco convincente a Venezuela, un rival que en aquellos tiempos era considerado como el “patito feo” de la Confederación Sudamericana de Futbol. Pese al triunfo, la incertidumbre se mantuvo intacta y la inconformidad de los aficionados iba en aumento. Victoria lógica y funcionamiento deficiente fueron los apuntes tomados para el análisis. Por cierto, se trató del primer triunfo azteca en sus participaciones dentro de la primera fase de la Copa América.

México tuvo la mala fortuna de jugar el cotejo definitivo para acceder a la siguiente etapa frente a los locales, aumentando considerablemente el temor de una eliminación prematura. La contienda fue trabada y con escasas ocasiones de gol. Sorpresivamente, la legión azteca se fue al frente en el marcador gracias a una anotación de Luis García, quien de esta forma ponía su cuenta en cuatro goles, los cuales le fueron suficientes para terminar compartiendo el título de goleo con el argentino Gabriel Omar Batistuta. Pero los charrúas no tardaron en ponerle cifras definitivas al encuentro mediante el tanto de Marcelo Saralegui al setenta y ocho. La escuadra de Mejía Barón se clasificó a los cuartos de final al ubicarse como uno de los dos mejores terceros lugares de la justa. Aunque fuera por la puerta de atrás, el balompié nacional volvió a colarse entre los mejores ocho del continente.

Cualquier tipo de eliminación duele, especialmente cuando se cae derrotado frente al contrincante más odiado. Es curioso, el principio del fin se escribió en Nueva York; en el epílogo, el antagonista y causante de la catástrofe sería ni más ni menos que Estados Unidos. Del partido poco se puede decir, México, inmerso en la apatía, mereció perder, y la justicia llegaría con los tiros desde los once pasos. Cuatro a uno el tanteador final; festejo estadounidense y resignación mexicana como efectos inmediatos.

Así, se estaba cerrando un libro para comenzar a escribir otro. El futbol, como la vida, tiene un principio y un fin…

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