El color de la victoria

Las horas previas
 Las horas previas

Mauricio Cabrera | Enviado Especial Piura, Perú13 de julio de 2004

Las horas previas

Banderines, gorras, playeras y platos conmemorativos anunciaron el inicio de la fiesta continental en Piura. Los habitantes piuranos desde hace tiempo aguardaban la llegada de una fecha histórica y especial para ellos. No siempre se tiene la oportunidad de albergar el torneo a nivel de selecciones más añejo del orbe ni la de recibir visitantes provenientes de cualquier rincón del mundo.

Desde temprana hora, las inmediaciones del estadio Miguel Grau lucían atiborradas de curiosos y aficionados. El acontecimiento no pasó desapercibido en esta pequeña y apacible ciudad, que, al igual que Chiclayo, recibió con los brazos abiertos a los miembros de las delegaciones que componen el grupo b. La emoción se percibía e incluso llegaba a contagiarnos. La gente sonreía y miraba con agrado todo lo que sucedía a su alrededor. La Copa América 2004 trajo consigo importantes equipos, jugadores de renombre, técnicos exitosos, pero, sobretodo, brindó la posibilidad de olvidar los problemas de la cotidianeidad para abrir paso a la esperanza y a los sueños de superación. Inmejorable oportunidad para entender la magia que entraña un deporte tan simple como el balompié.

La presencia de aficionados extranjeros tardó en presentarse, pues comenzaron a arribar de manera significativa a partir de las catorce horas, cuando los restaurantes cercanos al Miguel Grau eran los sitios de reunión de cientos de fanáticos que vestían los colores de su país, sobresaliendo el verde, el blanco y el rojo. Como siempre, el mexicano apropiándose de tierra ajena. Los hinchas de otros equipos, especialmente los argentinos, tenían que soportar burlas y bromas de parte de sus hermanos mexicanos, que se preguntaban "¿En dónde están, en dónde están, los argentinos que nos iban a ganar?" y remataban con una frase contundente y claramente entendible: "Argentina ya probó el chile nacional, Argentina ya probó el chile nacional…" Los pamperos, tan orgullosos como soberbios, se limitaban a esbozar una ligera sonrisa y a hacer comentarios entre ellos. En voz baja, claro está.

El ingreso al estadio

Las tribunas del estadio Grau dilataron en registrar un lleno. La gente entraba con tranquilidad y paciencia, ya que los boletos son numerados y no existe la presión de apartar un asiento que tenga mejor visibilidad que otro. Poco a poco, el escenario en el que se presentarían más adelante las cuatro representaciones del grupo de la muerte comenzaba a pintarse de distintas tonalidades. Por primera ocasión desde que inició la Copa América, el favorito popular no era México, probablemente por la cercanía de Piura con Ecuador o simple y sencillamente por la socorrida costumbre de apoyar al más débil. Sin que importara dicha situación, la legión azteca no paraba de cantar y apoyar. Damas, caballeros, niñas y niños por igual se unían a cada momento para apoyar a su escuadra. La lucha por el primer lugar estaba por comenzar. Todos a sus puestos que la acción comienza.

El partido

La superioridad ecuatoriana en la tribuna fue evidente en cuanto ambos salieron al terreno de juego. Los chiflidos en contra del equipo de Ricardo Lavolpe y los aplausos hacia lo realizado por los de Hernán "Bolillo" Gómez fueron una constante a lo largo del cotejo, situación que fue alentada por el correcto inicio de juego que tuvo Ecuador y la pasividad mostrada por el cuadro verde, que, sin embargo, generaba opciones más peligrosas que el rival. El primer golpe certero del "invitado incómodo"  se presentó mediante un excelente clavado del "Bofo" Bautista, que convenció con calificación de diez al juez central Eduardo Lecca. La silbatina no se hizo esperar; el "Pity" se perfila y el ruido es ensordecer, pero nada bastó, ni siquiera el poste, para evitar que México se fuera al frente en el marcador. El ánimo ecuatoriano volvió a decaer, aunque seguían teniendo la pelota y coqueteando a la puerta de Oswaldo Sánchez, sin atreverse a tocarla. El público no estaba muy complacido con el espectáculo. Se trataba de un enfrentamiento trabado, demasiado táctico y con un ritmo lento. Además, existía la ansiedad por observar el clásico del Atlántico entre Uruguay y Argentina. El cotejo cayó en un bache. Ecuador quería y no podía, mientras que México daba la impresión de querer, siempre y cuando no requiriera esfuerzo, es decir, sobrellevando las acciones. Lo cierto es que al minuto cuarenta y dos vuelve a aparecer la desgarbada figura de Bautista y deja sin posibilidades a Espinoza. Golpe para los rivales y satisfacción para los nuestros.

En el mediotiempo se habló sobre los posibles contrincantes del tricolor en los cuartos de final , y se corrían las apuestas. Algunos aseguraron que el tricolor  se sentía más cómodo en Chiclayo y que quedar en el segundo sitio era lo adecuado, no importando que el rival fuera Perú; otros, apostaban por el primer lugar para enfrentarse al segundo del grupo c, probablemente Paraguay. Los quince minutos pasaron y se vino el reinicio de las hostilidades.

La parte complementaria transcurría con completa normalidad. La "ola" era el recurso utilizado para sustituir el tedio de lo visible en el rectángulo verde. La marea nacida en México para el futbol va y viene sin cesar, pero termina por aburrir hasta a los más entusiasmados. Justo en el momento en el que se necesitaba un motivo para distraerse, un intrépido perro aparece en la cancha y la cruza sin pena alguna. Como si ser visto por veinte mil personas fuera cosa de todos los días. Los futbolistas esperaron a que el canino saliera de la cancha. Y lo hizo con elegancia.  Abandonó el campo en las cercanías del mediocampo y surcó la banda izquierda con clase y habilidad. Los defensas no tardaron en  hacerle frente, pero este los eliminaba con grandes quiebres de cintura y un maravilloso cambio de ritmo. Hasta Ricardo Lavolpe pensó en la posibilidad de naturalizarlo para incluirlo en los Juegos Olímpicos, aunque habría que ver cuál es su edad, pues mostró bastante experiencia y temple para enfrentar circunstancias adversas y desfavorables. Finalmente, el singular perro inca hizo lo que quiso, adquirió fama, promovió sus virtudes como futbolista y fue neutralizado por las autoridades, que inocentemente pensaron que habían triunfado. Celoso del anterior robo de protagonismo, el "Tin" Delgado vence a Oswaldo Sánchez y hace que los asistentes presten un poco de atención al juego que, pese al intento de reacción, se mantuvo igual hasta el final. México a cuartos y Ecuador a su casa. Tan sencillo como eso.

[mt][foto: Mexsport]

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