El color del Alemania 4-3 Australia

Al bajar en la estación Stadion última de una larga ruta que atraviesa la ciudad de Frankfurt, uno pensaría que se ha equivocado. A unos 500 metros de ahí, invisible y paciente, el Waldstadion...
 Al bajar en la estación Stadion última de una larga ruta que atraviesa la ciudad de Frankfurt, uno pensaría que se ha equivocado. A unos 500 metros de ahí, invisible y paciente, el Waldstadion espera a sus visitantes, que ésta vez, se dirigen hacia el par

Agustín Cuevas | MEDIOTIEMPO (Enviado)15 de Junio de 2005, Waldstadion de Frankfurt, Alemania.

Al bajar en la estación Stadion última de una larga ruta que atraviesa la ciudad de Frankfurt, uno pensaría que se ha equivocado. A unos 500 metros de ahí, invisible y paciente, el Waldstadion espera a sus visitantes, que ésta vez, se dirigen hacia el para presenciar el inicio de la Copa Confederaciones.

Así, cuando apenas han pasado las seis de la tarde locales, la primera gran oleada de aficionados, en un 99 por ciento locales, se deja ver a través de un largo camino que conduce, primero, a los muchos stands que han sido colocados por los patrocinadores y que muy poca atención reciben por parte del público, y segundo, a la entrada principal del bello inmueble.

Minutos después, en punto de las 19:50, comienza lo que sería una sobria y muy bien presentada inauguración, encabezada por poco mas de medio centenar de niños que, sobre el césped, giran y corren y disfrutan del momento, mientras que, en las alturas, un acróbata curza el espectacular estadio sobre un cable que va de un lado a otro del techo, teniendo como fondo musical el Bolero de Ravel, que es interpretado por la Orchestra de la Ópera de Frankfurt.

Blatter, que al comienzo fue abucheado un poco por los aficionados que llenaron por completo el estadio, dio por inaugurado el evento, para después dar paso al hermoso canto de Christine Schafer, quien interpretó el Aria "La Wally", de Alfredo Catalani.La primera gran ovación de la tarde-noche se la llevó el veterano arquero y símbolo de la Selección Alemana, Oliver Kahn, quien  junto al guardameta australiano Mark Schwarzer, fue el primero en saltar a calentar. La otra gran ovación, por supuesto, fue para todo el combinado germano.

Listos y todos en sus respectivos lugares, el silbante paraguayo, Carlos Amarilla, dio el silbatazo inicial del encuentro.La tribuna alemana, que apenas era pintada de amarillo por un puñado de australianos, no más de 100, vivió un inicio intenso de su equipo, para luego darle paso a un sin número de emociones que concluyeron con una gran alegría: el triunfo de su Selección.

Sorprendidos gratamente por lo entretenido del encuentro, el tiempo se fue volando, para dar paso al análisis final de un partido, una inauguración, una afición y un estadio que demostraron que, de seguir así para el 2006, sin duda que nos entregarán un memorable Mundial.

[mt / Mexsport]

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