Un turista en Nuremberg

Dejando a un lado por un momento la razón principal que me ha traído hasta Alemania, es decir, el futbol. Por la mañana del 18 de Junio tomé mi cámara, mi mochila y decidí recorrer el centro de...
 Dejando a un lado por un momento la razón principal que me ha traído hasta Alemania, es decir, el futbol. Por la mañana del 18 de Junio tomé mi cámara, mi mochila y decidí recorrer el centro de Nuremberg, ciudad que será sede del partido entre Argentina y

Agustin Cuevas | MEDIOTIEMPO (Enviado)18 de Junio de 2005, Nuremberg, Alemania

Dejando a un lado por un momento la razón principal que me ha traído hasta Alemania, es decir, el futbol. Por la mañana del 18 de Junio tomé mi cámara, mi mochila y decidí recorrer el centro de Nuremberg, ciudad que será sede del partido entre Argentina y Australia.

Pronto en el paseo, a sólo unas cuadras de mi hotel, me di cuenta que el centro de esta ciudad, que se encuentra a un par de horas de Frankfurt y a la cual llegué desde Leipzig, no era como cualquier otro centro. Uno de los accesos a este lugar, que tiene todas sus calles y plazas cubiertas de piedra, la cual se ha ido alisando cada vez más con el paso del tiempo, se encuentra frente a la estación principal del tren y es custodiado por una torre circular de gran diámetro que llama la atención al instante. Justo ahí, a la derecha, encontré en la misma cuadra, la Galería de Arte de Nuremberg y el Museo Estatal para el Arte y el Diseño.

Después de esta recepción tan interesante, cada paso se volvió un buen momento para sacar la cámara fotográfica, aunque siempre estuve bajo el riesgo de terminar muy pronto con el rollo, pues cada sitio, cada rincón de la zona, entrega un paisaje hermoso y colorido, sobre todo cuando en el camino se cruzan las espectaculares iglesias de la zona.

La primera de ellas, la Iglesia de San Lorenzo, es la mas impresionante. Dos torres elevadas que terminan en pico flanquean la construcción, y aquí, como en los otros templos, me detuve bastante tiempo para  admirar las gárgolas que adornan las altas columnas, el frente y los costados del edificio. Así, a lo largo de viaje, visité mas de cinco iglesias, cada una con un estilo arquitectónico distinto a la anterior, pero todas igual de bellas e interesantes.

Cruzando por el puente que está sobre un río que atraviesa el lugar, y subiendo una pendiente que es más cansada de lo que parece, pude notar la gran cantidad de museos y sitios históricos que hay, lo que hizo muy complicada la decisión de cual visitar. Después de meditarlo, elegí la Casa-Museo de Albercht Durer. El recorrido del sitio, que no es tan visual como esperaba, lo hice al lado de un grupo de desvelados estadounidenses a los que, lo que menos les importaba en ese momento era saber quién había sido o que había hecho Albercht Durer. La razón de seguir a estos aburridos touristas fue que tenían una guía en inglés que se notaba bastante harta de ser ignorada por su grupo. Gracias a ella supe que Durer fue un artista que, en su momento, revolucionó el arte en Alemania. Excéntrico, bohemio y algo loco, Albrecht fue considerado, "el primer hippi". No pude dejar de sonreir, pues el dato me pareció bastante irreal.

En la parte mas alta del lugar, que se encuentra sobre una pendiente que me hizo recordar a nuestro bello Guanajuato, se encuentra el Castillo Imperial que, sin duda, hace que valga la pena la larga y cansada caminata hasta ahí.

Después de disfrutar un soleado día en lo que los alemanes llaman "el viejo centro", regresó a mi hotel, para preparar mi salida hacia el Frankenstadion.

[mt / Mexsport]

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