El otro futbol: Andrea Staccioli

(Este texto recibe a todos los visitantes de la exposición “El otro futbol” del fotógrafo Andrea Staccioli, que se encuentra en la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México)....
(Este texto recibe a todos los visitantes de la exposición “El otro futbol” del fotógrafo Andrea Staccioli, que se encuentra en la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México).
Disfruta aquí la galería de fotos de esta exposición
 (Este texto recibe a todos los visitantes de la exposición “El otro futbol” del fotógrafo Andrea Staccioli, que se encuentra en la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México). Disfruta aquí la galería de fotos de esta exposición

MEDIOTIEMPO | Redacción18 de Julio de 2005

(Este texto recibe a todos los visitantes de la exposición “El otro futbol” del fotógrafo Andrea Staccioli, que se encuentra en la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México).

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Los jugadores no saben que están posando para Andrea Staccioli. Ellos suponen que simplemente están tratando de resolver una acción de juego y no armando una escena redonda, con profundo sentido del equilibrio y la estética, un cuadrito, una pinturita. Los jugadores hacen lo que tienen que hacer: jugar.Andrea Staccioli, también.

Los jugadores de futbol por lo general no posan. Encantan serpientes, doman fieras, bailan danzas de diferentes culturas, dirigen orquestas, ejecutan instrumentos informales, hacen malabarismo, equilibrio, acrobacia, hacen de todo con la más absoluta naturalidad.

Naturalmente, Andrea Staccioli también.

Los jugadores sí posan para absurdas fotos de capitanes, árbitro y jueces de línea que suelen registrarse antes de cada partido, luego del sorteo de los arcos y que, en realidad, jamás salen publicadas. O posan para la clásica foto del equipo formado con delanteros y volantes en cuclillas (cada vez menos agachados) y los defensores parados detrás generalmente con los brazos cruzados.

Lo normal, claro, no es que los jugadores posen para reporteros fantasmas sino que por el contrario, sean capturados por la lente de fotógrafos que no se sabe bien donde están , pero que acechan todo el tiempo en busca de la valorada presa.

Andrea Staccioli es uno de esos.

El reportero gráfico va detrás del documento; el verdadero fotógrafo va detrás del hecho artístico; el reportero gráfico que trabaja en diarios y las revistas deportivas responde a editores que dicen preferir fotos de fuerza, pero que a la hora de la verdad terminarán reclamando las fotos del penal o del gol; el verdadero fotógrafo le escapa a la coyuntura y responde a su propio instinto creativo, a la libertad sin recortes.

Andrea Staccioli es de éstos últimos.

Todas las miradas son posibles en un partido de futbol. El dirigente latinoamericano mira con ojo de buen cubero cuántos centímetros cúbicos de euros podrá dejar la venta del chico que salta violentamente desde la cantera a la primera división y se perfila como un crack a corto plazo.

El hincha puro mira con ojos que no ven contrarios y corazón que solo late con el deseo incontenible de ver el supremo contacto de la pelota con la red de los otros.

El fanático energúmeno mira con ojo crítico cada uno de los movimientos del árbitro para descubrir en qué momento se equivocará a favor del equipo rival –que es lo que inexorablemente hacen todos los árbitros del mundo, según creen ciegamente todos los fanáticos energúmenos del mundo- para poder desenroscar todo el repertorio de maldiciones que se anudan en la garganta.

El crack ojea el horizonte para saber qué es lo que va a hacer con la pelota cuando todavía falta un movimiento más para que el compañero le de el pase previsible. Vocación de ajedrecista que le dicen.

El desenfadado volante creativo ya desarticuló por completo a su marcador y mientras decide el destino de la pelota mira por detrás del hombro si el pobre hombre humillado ya se desanudó o no las piernas. El mismo Enrique Omar Sivori, cuya muerte lloró el futbol del mundo en febrero del 2005, contó alguna vez que en un partido de la Juventus eludió a un marcador de la Lazio que intentaba molerlo a patadas y parado junto al banderín del corner posó el pie izquierdo sobre la pelota, sacó un hipotético peine del bolsillo del pantalón y simuló peinarse. Cuando el marcador rojo de ira volvió para aniquilarlo, le pasó la pelota por entre las piernas, metió un cambio de frente y se fue a jugar por la otra punta, por si las dudas. El asesino serial disfrazado de vehemente marcador central mira los tobillos del habilidoso número 10 del cuadro contrario para calcular donde va a dejar estampada la marca de sus tapones, con el único propósito de disuadirlo de la innoble idea de atacar por su sector. El director técnico, viejo zorro, mira de reojo el banco para ver cuanta cara de susto pone el joven suplente que intuye que le ha llegado el momento de entrar al campo de juego. El árbitro justiciero que se cree presidente de la Corte Suprema baja desde sus alturas la mirada hacia el campo de juego para dictaminar si fue o no foul, si cabe o no prisión perpetua, libertad condicional, penal.

El juez de línea mira con ojos cruzados, como buen bizco, donde estaba el lanzador y donde el receptor para decidir si es o no posición adelantada y si hay que levantar el banderín o hay que seguir la carrera acompañando la jugada. El arquero mira una y otra vez el reloj del estadio rogando la aceleración de las agujas del reloj para que no haya ninguna posibilidad de cambio en su arco intacto, virginal, invicto. El marcador de punta mira fijo la pelota y no a los ojos del puntero por que sabe que corre el peligro de caer en la trampa de moverse para el lado incorrecto. El puntero derecho no mira la pelota y sólo trata de adivinar en que momento el defensor va a hacer un movimiento en falso para tomar la ruta triunfal que corre paralela a la raya de cal. El veterano mia al joven debutante y le envidia la velocidad, la plasticidad de movimientos, la fortaleza física. El joven debutante mira con admiración la presencia del veterano que resuelve todo con simpleza.

Andrea Staccioli, que antes de dedicarse a la fotografía fue habitante de la tribuna, conoce muy bien a todos estos personajes y sabe como hay que hacer para capturarlos, desnudarlos.

Por que después de todo, esta muestra se trata de una mirada potente, brillante y aguda sobre el alma del futbol.

Juan José Panno

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