El Pumas-Chivas visto a nivel cancha

Sin duda hay pocas experiencias futboleras comparables con ver un juego profesional a nivel de cancha, compartir el espacio con los jugadores, estar ahí, donde el futbol no engaña, donde no hay...
 Sin duda hay pocas experiencias futboleras comparables con ver un juego profesional a nivel de cancha, compartir el espacio con los jugadores, estar ahí, donde el futbol no engaña, donde no hay distancia ni altura para esconder los fallos, donde el juego

Agustín Cuevas | MEDIOTIEMPOEstadio Olímpico de CU, 7 de Agosto

Sin duda hay pocas experiencias futboleras comparables con ver un juego profesional a nivel de cancha, compartir el espacio con los jugadores, estar ahí, donde el futbol no engaña, donde no hay distancia ni altura para esconder los fallos, donde el juego es puro, simple y humano, con un nivel impresionante y admirable.

Mediotiempo te ofrece esta nueva sección donde te damos una crónica distinta, un reportaje desde cerca, el color de adentro. Queremos compartirte el privilegio enorme que tenemos al poder estar ahí, a nivel de cancha, donde es un sueño estar. No podemos llevarte físicamente, pero sí podemos compartir contigo nuestra experiencia.

Arrancamos esta sección con un partido intenso como pocos, el Pumas 1-0 Chivas jugado en el estadio Olímpico de Ciudad Universitaria ante un lleno que se sentía, que se desbordaba en cascada desde que pisamos por primera vez el campo y que no paró hasta que, más obligados por el ineludible pitazo final que por una convicción propia, los aficionados vaciaron las tribunas con una sonrisa en la cara.

El calor era considerable a las 11:30 y a partir de la una de la tarde se volvió "calor en serio". En el borde de la cancha, sin una sola sombra, el sol enrojecía los rostros, pero dentro de los límites de la batalla el calor nunca dejó de presionar los cuerpos de los jugadores que, con la mira fija en hacer un gran partido, se comportaban con una fortaleza que no cualquiera logra.

Desde antes de arrancar el duelo, las cosas quedaron claras, Chivas no saltó al campo hasta que no sonara el Himno Deportivo Universitario y desde el centro del campo sólo saludaron hacia la cabecera donde se ubicaban las porras rojiblancas, tan acostumbradas a ser mayoría y tan superadas en este estadio a últimas fechas. Sin embargo, el ruidero que organizaban esos 10 o 15 mil espectadores, era digno de aplaudirse por su presencia constante.

Inició el partido, Ailton se metió al área con ventaja por primera vez y no tardó en llegar un duelo que se presumía. Se plantó ante Oswaldo, disparó apenas afuera y quedaron frente a frente a un lado del campo. Oswaldo le tendió la mano con una sonrisa, simpático como siempre, pero sin perder la oportunidad de desprenderse de un "me la pelas güey", y el brasileño, rejego a las palmaditas del arquero, le espetó una, dos y ya encarrerado, tres mentaditas, ambos, siempre con una sonrisita y un humor enturbiado.

Mauricio Morales, también sonriente por las linduras, se acercó y les interrumpió el jueguito. En el resto del partido, a cada intento de Ailton, se le adjuntaba una sonrisita, un "no ma… güey, ¿con eso quieres anotar?" de Oswaldo, un duelo que aderezaba un juego del que se adueñaba Pumas y que nos iba absorbiendo como una esponja.

Cuando estaba fraguando un partidazo de los que acostumbra, Salcido chocó con Marioni y en su intento por hacerse sentir, sacó un golpe en la rodilla que lo echó del partido antes del fin del primer tiempo. Poco después, Johnny García, también contra Marioni, sacó un golpazo en la cara. Nadie nunca pudo convencer al defensor rojiblanco de que el golpe fue accidental, Johnny regresó al campo, le dio una cachetadita al "Barullo" y a la siguiente que se encontraron, crujieron los huesos, afortunadamente sin consecuencias. García, entre el golpazo y la calentura, no volvería al campo para el segundo tiempo.

Oswaldo comenzó a volar, un paradón por aquí, un paradón por allá, y porqué no, dos seguidos. El mejor portero de México reía, besaba el balón, sufría y se imponía. "No me eches tan rápido el balón, déjame respirar", le decía al recogebolas luego de un par de sustos en menos de 30 segundos.

Fin del primer tiempo, el Capitán chiva le decía al árbitro "estás bien, sólo si le hacen penal al Bofo márcalo papá", mientras sus compañeros alejaban a Johnny García que quería encontrar algo con Marioni.

El segundo tiempo y el gol puma. Oswaldo no lo creía, luego de tantos buenos remates, que un balón le quedara flotando frente al marco a placer para que el "Barullo" marcara, era algo difícil de digerir. Sánchez hizo coraje casi 5 minutos, pateó el arco, manoteó, vociferó, gritó de todo al aire, no paró de negar con la cabeza durante ese tiempo, sabía que sería muy difícil remontar.

Luego vino lo mejor del partido, todo el estadio estaba pegado al juego, se movía con el balón, Chivas se abrió y llegó la ida y vuelta. Al Rebaño le costaba, pero logró estar ahí y tener dos remates claros, uno de ellos lo falló Bravo al estrellarlo en el poste y el otro, bello en serio de Vela que sacó con las uñas Bernal. Mientras tanto, Pumas llegaba muchísimo a velocidad y acosaba a un Oswaldo que, luego de sacarle un mano a mano, le decía a Cardetti "buena güey", o tras pegarle tres gritos a sus compañeros, inmediatamente cambiaba su cara de coraje y abrazaba al "Parejita" que bromeaba con él.

Mientras tanto, justo cuando Hugo no tenía nada por que reclamar y ni siquiera traía saco que aventar, el Cuarto Oficial dejó perplejos a todos al salir a paso veloz de su caseta con el Asistente 1. Nadie sabía que hacía, parecía algo grave, ¿un codazo artero que no vio el central? ¿había alguien armado en la cancha? ¿amenaza de bomba? ¡No! Resulta que al hombre no le gustó que Hugo viera mucho su reloj, y vámonos, luego de un show bastante triste, echaron al Pentapichichi que se fue cobijado por un "Hugo-Hugo" emotivo.

Pumas falló y falló, y Chivas soñó, Oswaldo pidió permiso tres veces para irse a rematar en un corner, pero en la única que se lo permitieron, no lo esperaron y cobraron cuando apenas pasaba la media cancha.

Acabó el partido, el griterío ensordecedor de las 52 mil almas pumas nos avasalló en la cancha. Mientras tanto, Oswaldo salió corriendo hacia la entrada del vestidor local. Muchos pensaron que quería reclamarle algo a alguien, o llegar más pronto al vestidor, pero no… el mejor portero de México salió corriendo para alcanzar al Profe Ariel González, Preparador Físico de Pumas y regalarle sus guantes.

El césped olía, se había movido mucho con tanto trajín sobre él, el aire caliente pesaba por tanto y tanto corazón que latía al mismo tiempo y que poco a poco comenzaba a separarse, a volver a su independencia mortal y con esto el color del estadio se fue transformando en un fío gris concreto.

[mt][foto: Mexsport]

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