Sebastián Abreu, un Dorado en Monterrey

La espigada figura de un hombre se vislumbraba desde el lobby de un hotel de la ciudad de Monterrey. Su cabello largo y rizado, su barbilla sin afeitar y el estilo que tenían todos y cada uno de...
 La espigada figura de un hombre se vislumbraba desde el lobby de un hotel de la ciudad de Monterrey. Su cabello largo y rizado, su barbilla sin afeitar y el estilo que tenían todos y cada uno de sus pasos, atrajeron la atención de los huéspedes del hotel,

Dulce Moncada | MEDIOTIEMPO (corresponsal)Estadio Universitario, 7 de Agosto de 2005

La espigada figura de un hombre se vislumbraba desde el lobby de un hotel de la ciudad de Monterrey. Su cabello largo y rizado, su barbilla sin afeitar y el estilo que tenían todos y cada uno de sus pasos, atrajeron la atención de los huéspedes del hotel, un viernes por la noche.

Había bajado del autobús en el que habían sido transportados, desde el aeropuerto Mariano Escobedo, los jugadores y el cuerpo técnico de un equipo llamado Dorados y que pertenecía a Sinaloa.

Solamente un personaje con una gran trayectoria podía provocar las miradas de la gente.

Aquel jugador que fue implacable en la delantera de los Tecos y del Cruz Azul era esperado por representantes de los medios de comunicación para ‘robarle’ algunas palabras previo al partido inaugural de los Tigres en el Apertura 2005, en el Estadio Universitario.

Sebastián Abreu, uruguayo, contestó todo lo que se le preguntó. Entre su regreso a México y su opinión de la posible convocatoria de Guillermo Franco al Tricolor; para todos tuvo.

Un descanso no le vino mal, y el sábado muy temprano atendió a las amistades. De alguna manera debía sacudirse la presión de esta ciudad pues los periodistas se lo advirtieron al demostrarle su excesivo interés en entrevistarlo única y exclusivamente a él.

Un poco de mate le acompañó, además de la presencia del "Pato" Ormazábal. El Nacional de Uruguay, el equipo de sus amores, estaba presente en su bombilla por medio de un pequeño logo.

Hasta el momento, parecía un día tranquilo. La buena actuación que tuvo ante el Atlante en la Jornada 1, en donde anotó dos señores goles, le brindaban la confianza que requería para jugar ante los Tigres en una ciudad en la que ha soñado vivir -en un futuro no muy lejano-.

Después de las 17:00 horas, reconoció el famoso Volcán y pudo imaginarse festejando en las dos porterías... Pero el destino tenía otros planes para él, en este partido. Para empezar, el recibimiento de los regios no fue muy cordial, pues aquí, en la Ciudad del cabrito se acostumbra abuchear a las figuras de los equipos visitantes.

En el encuentro, las cosas que un jugador no desea que ocurran, aparecen de repente; al minuto 5 en una jugada a balón parado, Jaime Lozano envía su tiro por encima de la barrera y entra lejos del alcance de Cirilo Saucedo, al ángulo superior derecho. Era la ventaja para los felinos, 1-0. En el Estadio, que presenció una de las inauguraciones más insípidas que se hayan visto en San Nicolás de los Garza, era la locura.

Mientras el "Loco" se dirigía al centro de la cancha para hacer el saque inicial, debía soportar el festejo del ‘Jimmy’ con Leonardo Álvarez y sus compañeros en la banca.

Su primer contacto con el balón fue al cronometrar 17 minutos de tiempo corrido al pegarle de cabeza con todo y la marca de Andrés Silvera, pero su remate no hizo daño.

Definitivamente, su sola presencia provocó la alerta del joven José Rivas y del experimentado Julio César, quien apenas lo dejó respirar. Los primeros 45 minutos pasaron rápido para Abreu pero fueron desesperantes al no tener balones a modo.

Tigres hizo dos goles más, uno de Lupillo Castañeda al intentar cortar un centro y el otro de José Rivas. La parte complementaria fue pan con lo mismo.

Molestia, impotencia y rabia lo acompañaron en el medio tiempo y en casi todo el segundo hasta que la férrea marca de Santos se excedió, sobrepasó su límite y el árbitro Héctor Gómez ordenó la pena máxima y la expulsión del brasileño.

Ésta era la oportunidad de Sebastián para sumar un gol más a su cuenta que, aunque la anotación caía ya tarde, el borrar el cero que los felinos deseaban colgarles era una gran ganancia.

Así que tomó el balón entre los abucheos, nuevamente, de la afición regia. Dio unos pasos hacia atrás, los recorrió otra vez y disparó a su derecha, en donde Rogelio Rodríguez no pudo hacer nada... Ni siquiera se movió. Se quedó parado absolutamente.

Los berrinches que hizo en la zona técnica Carlos Bracamontes y su pupilo, no sirvieron de nada, pues el partido había terminado.

Tras la ducha en los vestidores, Sebastián Abreu fue el último en salir de ellos. No estaba contento, lo reflejaba su rostro. Sus cortas palabras sirvieron para entender que un grande nunca piensa en su bien, sino en el del grupo al que pertenece.

La espigada figura que apareció en la ciudad fue igual de solicitada en la zona mixta que cuando arribó, pero conforme pasaron los minutos su sombra recorrió el túnel del Estadio que lo despidió entre las firmas de unos aficionados que lograron colarse.

Hizo solamente un gol, que ni tuvo tiempo de saborear; pero el próximo domingo le espera un reencuentro feliz en la Ciudad de México al enfrentar al América...

[mt/Dorados][foto: Mexsport]

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