Dorados 1 - 0 Veracruz

DORADOS BAILA AL SON DE LA LOCURA

DORADOS BAILA AL SON DE LA LOCURA Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPO/DORADOSEstadio Carlos González y González. Sábado 17 de septiembre de 2005Sinaloa volvió a gritar de alegría. Los Dorados abandonaron el fondo de la tabla general al imponerse angustiosamente a los Tiburones Rojos del Veracruz por un gol a cero. La firma del triunfo se produjo por conducto de Sebastián Abreu, quien de nueve se impuso en las alturas, terreno que domina como los grandes.PRIMER TIEMPOLa actitud renovada de los Dorados se hizo patente a lo largo de los primeros cuarenta y cinco minutos. La creatividad nunca apareció, las ocasiones de gol escasearon; sin embargo, el conjunto pesquero mostró mayor disposición sobre el rectángulo verde y siempre dio la sensación de estar unido en torno a un mismo objetivo. La actuación de Jonathan Fabbro resultó el ejemplo más claro de ello. El polémico elemento argentino buscó el esférico frecuentemente, se adentró en el partido y hasta acarició la marcación de su primer gol en el futbol mexicano. Todo se quedó en un estéril intento. Pero la disposición mostrada después de una presentación tan desastrosa como la que tuvo el cuadro sinaloense en San Luis es una invaluable ganancia. Veracruz tuvo la iniciativa de la confrontación sin que por ello se le pueda adjudicar un claro dominio. Los jarochos constantemente recurrieron a los disparos de media distancia para inquietar a Cirilo Saucedo, quien supo limpiar ciertas imprecisiones con vuelos precisos en la gallarda defensa de su arco. Oscar Rojas fue el principal conducto de las ofensivas porteñas. En el recuento de los daños, los Tiburones bien pudieron merecer mejor suerte en los cartones. La afición dorada se fue con el alivio de saber que aún nada estaba perdido. No obstante, la intempestiva salida de Carlos Bracamontes sigue causando repelencia en el corazón de los fanáticos, quienes despidieron a Lillo con una carretada de silbidos para nada envidiable. SEGUNDO TIEMPOMilagrosa transformación fue la que se dio en la parte complementaria. El equipo dirigido por Juan Manuel Lillo saltó al terreno de juego con la misión de comerse al rival, y lo consiguió a base de fuerza y entrega. Patricio Ormazábal se convirtió en el motor de una escuadra que decidió ganar sin importar la forma. Los Dorados fueron impulsados incansablemente por el Carlos González y González, sitio en el que la afición evidenció sus ingentes deseos de triunfo.El minuto sesenta y dos marcó el rumbo de la contienda. El “Guty” Estrada iba y venía por el corredor derecho, como si no se decidiera a embestir. Con aparente tranquilidad, miró a los zagueros, quienes también lucían algo mareados por el baile del pícaro sinaloense. El dorsal cuarenta y cinco al fin se lo propuso y encontró a Sebastián Abreu. El “Loco” lo volvió a conseguir… La casa pesquera se convirtió en un manicomio. El gol de la quiniela se cristalizó, mientras Bernal miraba desolado el césped traicionero que pisaba. Los de Juan Carlos Chávez se acercaron a la igualada, mas la defensa de los Dorados nunca se mostró dispersa. Cirilo mantuvo la cordura, no cometió los mismos errores de juegos recientes y resolvió todo cuanto hubo que detener. Simple y sencillamente, los anfitriones ganaron a todo pulmón. La victoria es un tanque de oxígeno; el tropiezo del Atlas en el Nemesio Díez, una excelente noticia. Lillo, hundido por convicción propia en el banquillo, festejó en silencio su primer triunfo en territorio mexicano. [mt][Foto: Mexsport]

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