Rayados cantó la dulce victoria en su casa

Un partido ante el América atrae taquilla, pero un duelo ante los Tigres quita el sueño. Tuvieron que pasar 8 meses y dos días para que el Monterrey se sacara la espina de aquel empate ante...
 Un partido ante el América atrae taquilla, pero un duelo ante los Tigres quita el sueño. Tuvieron que pasar 8 meses y dos días para que el Monterrey se sacara la espina de aquel empate ante Tigres, con un gol de Oribe Peralta a siete minutos del silb

Dulce Moncada | MEDIOTIEMPO (corresponsal)Estadio Tecnológico, 24 de Septiembre de 2005

Un partido ante el América atrae taquilla, pero un duelo ante los Tigres quita el sueño. Tuvieron que pasar 8 meses y dos días para que el Monterrey se sacara la espina de aquel empate ante Tigres, con un gol de Oribe Peralta a siete minutos del silbatazo final.

Esta vez, la edición 77 se pintó de dos colores que brillarán hasta el siguiente choque: azul y blanco. Mientras en el estadio Universitario aun se escuchaban los ecos de los dos goles que los Tigres recibieron del Cruz Azul en la Jornada 8, cerca del Tecnológico la fiesta se preparaba para recibir a los de San Nicolás, aquél equipo que hace un año los goleara 6-2 y sin su figura, Walter Gaitán.

El orgullo en la ciudad y la necesidad de sumar para alejarse en el Grupo 3 estaban sobre la mesa. Eran objetivos claros y que no podían postergarse para otro torneo más.

Previo al partido, una hora antes, Miguel Herrera platicaba con Pimpinela, un exótico luchador que se hizo presente para amenizar el medio tiempo; entre tanto, la afición iba poblando minuto a minuto el graderío del Estadio Tecnológico.

La seguridad en Junco de la Vega y Luis Elizondo era amplia, había policía montada, municipal y del Estado. El espectáculo tenía que existir únicamente dentro de la cancha, no afuera.

Minutos previos al silbatazo de Germán Arredondo hizo su llegada a la zona de general, allá en el rincón de la visita, un pequeño grupo de los "Libres y Locos" con playeras amarillas, pero que abajo poseían un mensaje nada halagador para los de la Herradura.

"Rayados, yo te llevo en el corazón..." fue el primer cántico que se escuchó cuando Arredondo dio el silbatazo para iniciar la edición 77 entre los equipos regios.

La zona "nice" del Tecnológico –súper palcos- se mantenía en movimiento. Mientras una muy romántica pareja era molestada por un mesero por una confusión en sus boletos, Julio César Pinheiro hizo de las suyas en la cancha al llevarse a Javier Saavedra en un nada común desborde por izquierda, centró a Álex Fernandes y éste terminó la jugada con un remate de cabeza que se enredó dentro de la portería de Edgar Hernández. El reencuentro de Álex con el gol fue soñado y no pudo ser mejor, los 100 goles le coquetean al brasileño de cerca.

El Tec parecía una olla en ebullición. Los seguidores rayados comenzaron a apoyar a su equipo, y Edgar fue el primero en sentir la presión a los 7 minutos de tiempo corrido, pues un despeje no le funcionó, rebanó el esférico y Jesús Arellano por poco y eleva el marcador, 2-0. No pasó del susto.

Mientras en el campo la pelea en la media cancha era un cuento de nunca acabar, en la tribuna los aficionados de Tigres sufrían las primeras burlas de la tarde, las cuales continuarán hasta el próximo miércoles cuando inicie la Jornada 10.

La dicha de ir arriba, 1-0, para el Monterrey duró apenas 8 minutos. Christian Martínez le cometió a falta al argentino Andrés Silvera y Arredondo no titubeó para marcar la pena máxima ante la rechifla de la mayoría de los presentes en el Tec.

Walter Gaitán se paró frente al esférico y, como suele hacerlo siempre, con la pierna zurda solamente cruzó su disparo para enviarlo al costado izquierdo de Christian, que solamente vio el balón pasar con una excelente colación del argentino.

Una décima parte del Tec se puso de pie para festejar, el resto comenzó a cantar en apoyo al Monterrey. En cada rincón del Estadio había un entrenador más de Rayados y Tigres.

-"¡Que nos asusten con Didí!", gritaba un aficionado del Monterrey cuando Silvera envió un remate de cabeza a la portería albiazul que apenas sacó Christian.

Más de 35 grados centígrados provocaron que las botellas de agua y los refrescos, se agotaran. La cerveza comenzó a venderse como pan caliente.

Los jugadores felinos no se encontraron en la cancha y cuando tuvieron oportunidades de acercarse al área rival, ellos mismos se bloqueaban... Como Javier Saavedra y Jaime Lozano al ’37 que recibieron los aplausos de los hinchas del Monterrey. El "Jimmy", uno de los jugadores que suelen mantener la calma en la cancha, terminó reclamando un par de jugadas al abanderado.

Llegó el medio tiempo y con él la aparición de algunos luchadores profesionales, que entretuvieron a los regios con un rudo partido de rugby. "Está más entretenido esto que el partido", dijo un periodista local. Los tintes del Clásico regio se mezclaban ante el momentáneo empate que aparecía en la pantalla electrónica del Estadio.

El segundo tiempo inició con una excelente atajada de Edgar Hernández en un disparo de Arellano que solamente arrancó suspiros en las gradas.

Cuando parecía que "Libres y Locos" se mantenía a la expectativa, el grito de "Tigres, te llevo en el alma y cada día, te quiero más" prendió a los seguidores del Monterrey que, de inmediato, les enviaron una recordatoria a su progenitora.

En la cancha, Franco se llevaba la marca de Julio César Santos y Luis Pérez hacía el 2-1 definitivo para que se escuchara aquél himno que se puso de moda en la época del "Káiser" Daniel Passarella: "Vamos Monterrey, queremos la Copa, la hinchada está loca y yo quiero verte campeón". La piel de muchos cambió de estado al escuchar a la mayoría de los asistentes cantar al mismo son una misma letra.

Nuevamente el Estadio tembló. "La Adicción" brincaba y contagiaba al resto de los hinchas albiazules. La batalla seguía siendo para los de casa, y había que presionar al rival. El DT de Tigres hacía ajustes pero no causaron efecto, el Monterrey seguía encima y el tiempo se agotaba. Nadie se movía de su asiento, ni siquiera los que regresarían a casa en autobús. Franco salía por lesión y era reconocido por todos; mientras Jaime Lozano, quien suele ser la figura del cuadro visitante y hasta anota goles, fue solicitado a la banca porque fue prácticamente anulado.

Nada le salió a Leonardo Álvarez, y el Tec inició el festejo mucho antes de que el encuentro terminara. Los Rayados de pie, los Tigres pegados a su butaca. Miles de rostros llenos de felicidad, otros largos. Este es el Clásico Regiomontano. El que medio México desconoce, pero que la afición de La Sultana prefiere por encima de las visitas de los grandes como América, Cruz Azul o Chivas. No hay nada mejor que ganarle al vecino y este Apertura 2005 fue para el Monterrey.

[mt][foto: Mexsport]

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