Las Águilas vuelan en lo más alto, Cruz Azul ya es cliente

 
  

 

 

 

 

 

 

 

 

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio Azteca. Domingo 6 de noviembre de 2005

Las Águilas del América mantuvieron su jetatura sobre la Máquina Celeste del Cruz Azul al imponerse por la mínima diferencia. El tanto de la victoria fue obra de Kléber a los ochenta y cuatro minutos de acción. Con el triunfo, los de Coapa se consolidan en el liderato de la tabla general y pretenden disminuir los efectos del fracaso en la Copa Sudamericana.

Germán Arredondo, silbante de la confrontación, será el centro de la polémica por no haber marcado un penal en contra de los de casa y validar el tanto en aparente posición adelantada.

PRIMER TIEMPOEntrega, pasión y dinamismo se mezclaron sobre la cancha del estadio Azteca. América dio la impresión de querer olvidar el trágico adiós de la Copa Sudamericana; Cuauhtémoc y Kléber tuvieron la intención de matar a los cementeros en los minutos iniciales; un soberbio toque del primero dejó en bandeja para la definición del segundo, pero los zagueros celestes se tendieron para impedir que el disparo llegara a su destino final. De nueva cuenta, el potente artillero amazónico entró al área, se quitó a uno y a dos hombres, parecía una máquina imparable, sólo le faltó gas en el último recorrido... terminó permitiendo que la defensa lo desarticulara. Enseguida, un disparo de Pável coqueteó con el poste derecho de Oscar Pérez. La embestida inicial no trajo los efectos soñados por los de Coapa.

Un centro emitido desde el costado izquierdo ocasionó que el rol de protagonista fuera tomado de manera momentánea por Germán Arredondo. El silbante se comió una monumental mano de Raúl Salinas, quien, en su afán por impedir que la pelota siguiera su curso, se lanzó como arquero e interrumpió el andar de la de gajos con la zurda. La pifia ahí quedó, las reclamaciones surgieron como efecto inmediato, pero el cotejo tenía que seguir.

Después de soportar un incesante ir y venir, ambos contendientes disminuyeron el ritmo. El ímpetu desbordado se controló y el cerebro comenzó a ser utilizado sobre la cancha. Ya no corrieron tanto; en cambio, estudiaron al rival y acudieron a sus respectivas virtudes. Las Águilas estuvieron constantemente en la búsqueda de un pase a profundidad que rompiera el orden cruzazulino; los de azul, empujaron con ataques por los extremos, encabezados por César Delgado y Gabriel Pereyra. La sensación de peligro fue permanente; si algo le sobra a este par de contendientes es pólvora; sin embargo, la acción definitiva no se presentó a lo largo de la primera mitad. Hora de ir a los vestidores.

SEGUNDO TIEMPO

El esfuerzo y la emotividad se mantuvieron en la parte complementaria. La disposición de los jugadores se palpaba sobre el rectángulo verde, cada pelota se peleaba con el corazón de por medio. Pero las buenas intenciones no bastan para hacer daño, para divertir a una afición que acude al estadio con la idea de celebrar goles, de humillar al rival. El temor de un frío cero a cero comenzó a rondar la mente de ambas parcialidades.

Cruz Azul tuvo mayor posesión del esférico en la reanudación. Las Águilas se administraron para soportar el reciente trajín al que han estado sometidas, ingresaron al “Piojo” y desearon resolver la contienda con una jugada a velocidad. Con ambos esquemas claramente definidos, el partido siguió su curso, las ocasiones de gol se gestaron, pero el ansiado tanto que marcara la diferencia a favor de uno y otro se negaba a llegar, amenazaba con jamás presentarse. 

César Delgado se convirtió en una de las principales figuras. Una serie de túneles sobre los rivales, su diabólico regate y el carisma que tiene al conducir la de gajos deleitaron la pupila del público. Pero de vencer la puerta contraria no pudo hablar. Ochoa siempre estuvo para impedirlo. 

En las gradas del Coloso de Santa Úrsula ya se percibía un insípido sabor a empate. Un clásico más que se iba sin ganador. A los ochenta y cuatro, el desenlace de la historia dio un giro de trescientos sesenta grados: Kléber fusilaba a Pérez y rompía la paridad en los cartones. Todos voltearon a ver al asistente, la bandera abajo, tranquila. Arredondo viajó hacia el centro del campo y validó la anotación. La polémica se mantendrá viva; a simple vista, el artillero carioca partió en posición adelantada. De nuevo, un triunfo americanista se adereza con polémica y discusión; la propia esencia de los de Coapa provoca que, para bien o para mal, siempre se hable de él.  GOL

1-0 Pase a profundidad de Cuauhtémoc Blanco para Kléber, quien, en dudosa posición, fusila a Oscar Pérez y finiquita la contienda. (84´) EL ARBITRAJE

Pésimo de Germán Arredondo. Dejó de marcar una clara mano de Raúl Salinas dentro del área americanista y validó un gol que bien pudo ser anulado. [mt][foto: Mexsport]

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas
×