El Olímpico volvió a sentirse vivo

…y el triunfo se reencontró con Pumas, con su afición y el futbol volvió a tener sentido para los jugadores universitarios.
…y el triunfo se reencontró con Pumas, con su afición y el futbol volvió a tener sentido para los jugadores universitarios.
 …y el triunfo se reencontró con Pumas, con su afición y el futbol volvió a tener sentido para los jugadores universitarios.

Agustín Cuevas | MEDIOTIEMPOEstadio Olímpico de CU, 9 de Noviembre de 2005

…y el triunfo se reencontró con Pumas, con su afición y el futbol volvió a tener sentido para los jugadores universitarios.

Esto es lo bello del futbol, justo cuando parecía que el equipo de la UNAM perdía la fe, justo en ese momento llegó una victoria grande como una casa, que hará decir a todos "ahh si ahí están los Pumas", pero los Pumas siempre han estado ahí y todos los resultados anteriores, buenos, malos o regulares, todo lo que ha pasado, forma parte del mismo camino.

El Olímpico de Ciudad Universitaria no lució lleno, aunque la entrada fue bastante respetable considerando la hora y el mal momento. Incluso la gente comenzó el partido con un apoyo resignado a otra desilusión, pero al minuto 15, ya la casa de los Pumas retumbaba nuevamente, ya la afición universitaria estaba totalmente metida en el juego y con la fe regenerada por la victoria.

El ritmo que le imponían los jugadores felinos a las acciones, nunca pudo ser asimilado por los brasileños que, aunque lograron resistir con gallardía todo el primer tiempo, acabaron sucumbiendo con cierta resignación. Lo que más le pesaba a la escuadra visitante era la estrechez de la cancha al momento de desdoblar, parecía que no cabían y fueron aplastados por la dinámica que impuso Pumas.

El "Picolín" Palacios en medio campo, volvió a cumplir como cada vez que lo ponen a jugar. Es un jugador especial, vive el partido como pocos, ríe, llora, sufre cada evento del mismo, pero posee una dedicación y una concentración que llama mucho la atención.

La pelota se paseaba cruelmente frente al arco de Fabio Costa, pero se negó a entrar en los primeros 45 minutos. Incluso parecía que la gordita no quería nada con las redes, incluyendo cuando el estadio enmudeció entero por el único arribo brasileño que sacó Castro casi en la línea.

Pumas era mucho más que Corinthians en este partido, eso lo sabíamos todos, incluso los brasileños, por eso al empezar el segundo tiempo, comenzó una danza con el reloj que llevó incluso al arquero Costa a un constante enfrentamiento con la afición y a una amargura fuerte cuando perdió el partido.

Todo el show de Costa con el público nació en una jugada en la que chocó con Beltrán y, ante la mirada de todos, fue a reclamarle con mucha furia cuando el balón estaba en juego. Luego el arquero aprovechó para quedarse tirado en el césped un buen rato, lo cual no fue del agrado del respetable que le dedicó un "culeeeeeero, culeeeeeero" bastante extenso.

Fabio no entendía muy bien lo que le gritaban, pero sabía que no era nada agradable, así que cuando se paró, comenzó a incitar al público a que le gritara, se ponía la manita en el oído, movía los brazos arengando a la gente, en fin, se metió al juego del público que, ahora sí, le gritó de todo y durante todo el partido.

Lo que no esperaba Costa era perder… Antes de Pumas anotara, volteaba al público retador, como si esa masa de gente fuera un solo organismo, incluso cuando Marioni anotó el penal, pateó la pelota hacia la tribuna, pero ya no volvió a hacer señas. Lo que sí no resistió fue ir a buscar a Beltrán al final del juego, un poco buscando alguien con quien desquitar algunos gritos.

Cuando De Nigris provocó el penal y Marioni lo anotó a 2 minutos de su entrada, la fiesta comenzó en CU. La gente, que había vuelto a creer y no sólo a soñar, comenzó a cantar ese “cómo no te voy a querer” que hacía tanto no se escuchaba. La presión ahí en la cancha se sentía como hacía mucho, es curioso, pero ahí abajo se nota cuando el total del público está pendiente y atento del juego, se siente una presión especial, como si el aire pesara más.

Los brasileños tuvieron que soplarse un buen rato de "olés", cuando Pumas logró pasear un poco la pelota. Sin embargo, ya más resignados que otra cosa, se comportaron como un digno perdedor.

Los jugadores no lo creían, los dos festejos de Marioni fueron intensos, pero el de Leandro en el segundo gol fue impresionante, fue una cascada de pasión, fue como si hubiera encontrado la manera de romper cadenas que habían tenido inmóviles a todos durante mucho tiempo. Fue una explosión de futbol.

La casa de Pumas volvió a sentirse viva, la gente volvió a sonreír, los jugadores incluso se tomaban las cabezas al final del juego, incrédulos de que la victoria los haya vuelto a tomar en cuenta. Una escena que será imposible olvidar, es la de Marco "Picolín" Palacios, que luego de dar un partidazo, lloraba de alegría abrazando a todos sus compañeros.

Hoy Pumas revivió, se acordó de lo que era ganar, sintió nuevamente, tuvo razones para ir a echarse una "Goya" con la gente, para no salir corriendo apenados de la cancha. Hoy Pumas confirmó que son precisamente las derrotas lo que hace tan meritoria y valiosa la victoria.

[mt][foto: Agustín Cuevas]

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