Monterrey dejó adolorido y triste al Azul

Monterrey no necesitó de amuletos para ganarle al Cruz Azul en la Ciudad de México pues, al parecer, el destino ya había hecho un pacto con la oncena regiomontana.
Monterrey no necesitó de amuletos para ganarle al Cruz Azul en la Ciudad de México pues, al parecer, el destino ya había hecho un pacto con la oncena regiomontana.
 Monterrey no necesitó de amuletos para ganarle al Cruz Azul en la Ciudad de México pues, al parecer, el destino ya había hecho un pacto con la oncena regiomontana.

Dulce Moncada | MEDIOTIEMPO (corresponsal)Estadio Azul, 19 de Noviembre de 2005

Monterrey no necesitó de amuletos para ganarle al Cruz Azul en la Ciudad de México pues, al parecer, el destino ya había hecho un pacto con la oncena regiomontana.

Tuvieron que pasar 6 meses desde que defeños y regios se vieron las caras en los Cuartos de Final del Clausura 2005, para que dos alumnos de la misma escuela se saludaran nuevamente en una cancha. Miguel Herrera y Rubén Omar Romano  estrecharon sus manos y se desearon suerte ante los lentes de cámaras fotográficas y de televisión que se apoderaron de la escena.

El uniforme blanco del Monterrey obligó a que Óscar Pérez se despojara de su playera –la cual era del mismo color que la de la visita- y la cambiara por otra que entonó con el partido que tuvieron los cementeros: color negro y algunos vivos azules.

Un grupo de 50 integrantes de la barra "La Adicción" hicieron el viaje para apoyar al conjunto regio y apenas a los 14 minutos de juego vieron cómo crecían las posibilidades de que el Monterrey le ganara al Cruz Azul, pues uno de sus jugadores más importantes era echado de la cancha tras cometerle una dura entrada a Julio César Pinheiro: César Delgado. A partir de entonces, la afición celeste comenzó a meterse con el árbitro central, Mauricio Morales, a quien de delincuente no bajaron.

La temperatura comenzó a bajar y el espectáculo en la cancha, también. Esporádicas jugadas salvan el primer tiempo, en donde resalta la certeza de "Kikín" Fonseca en el primer gol de la tarde y la oportuna presencia de Walter Erviti en el gol del empate. El atacante celeste se dio el lujo de exhibir a la zaga albiazul, pues en algunas jugadas se quitó la pegajosa marca de Serafín, Meza y Ordaz, poniéndola en serios aprietos.

Jugando con un hombre más, Herrera realizó algunos ajustes en la cancha provocados por la inminente salida de Pinheiro por lesión. Walter Erviti bajó de la media cancha a la lateral izquierda mientras Luis Pérez y "Pepito" Martínez cambiaron de posición en la contención. Y justo cuando los jugadores intentaban adaptarse a los cambios, "Kikín" apareció al minuto 40 para que despertara la afición cementera e iniciaran los clásicos ‘¡Olés!’ cada que algún elemento de La Máquina tocaba el esférico.

Los gritos hacia Mauricio Morales regresaron cuando terminó el primer tiempo y éste se dirigió hacia el vestidor de árbitros. ‘¡Ratero, ratero!’ se escuchaba en todas las zonas del Estadio Azul.

El segundo tiempo fue un complemento que nadie imaginaba, en el que Monterrey dominó al quedarse en superioridad numérica, con el marcador a favor y la posibilidad de incrementar la ventaja.

El Capitán albiazul, Jesús Arellano, fue abucheado por los seguidores celestes luego de protagonizar tremendo berrinche en el centro de la cancha por una falta que le cometieron y que no se marcó; cuando terminó de brincar y lanzarle al silbante algunos recordatorios maternales, Herrera lo observó de lejos pidiéndole que se calmara. En la banca de Cruz Azul, Isaac Mizrahi le daba indicaciones a Tomás Campos quien suplió al pesado jugador de Diego Rivero.

Mientras en la cancha los jugadores se daban con todo, en la tribuna los gritos de apoyo –y desesperación- eran para los de casa que con Corona tuvieron una clara oportunidad de gol gracias a la precisión del "Kikín" en un balón que peleó en la banda y que nunca dio por perdido, pero el jugador número 17 la desperdició estrellándola en el robusto pecho del arquero Christian Martínez.

Si la hinchada del Cruz Azul ya estaba molesta por el central por haber echado en la primera parte al "Chelito", la expulsión de Rogelio Chávez terminó por enfurecerla. El grito de ‘¡Ratero, ratero!’ volvió a escucharse y la impaciencia se convirtió en la inseparable compañía de Romano.

El "Piojo" optó por darle mayor velocidad a su equipo al enviar al joven Carlos Alanís a la cancha. Obtener la victoria ante un rival que tenía dos jugadores menos en la cancha se convirtió en una obsesión para el timonel rayado, así que Carlos Casartelli volvió a tener la oportunidad de jugar como relevo y de hacer algo por el equipo. Para entonces, Cruz Azul ya jugaba con una extraña formación de 1-6-1-1, en donde Torrado y Corona eran parte de la zaga celeste.

El ambiente en las gradas se volvió tenso, y si la sangre de los integrantes de la banca local hervía por el mal momento que estaba atravesando el Cruz Azul, el disparo que Luis Pérez estrelló en el larguero la heló en cuestión de centésimas de segundo.

Y finalmente, la Máquina ya no pudo caminar. 14 minutos aguantó las llegadas de un Monterrey que en el ataque tenía al naturalizado del Tricolor, Guillermo Franco, quien pasó desapercibido por la buena marca que le hicieron, así como Arellano, Casartelli, Álex, Pérez y las incorporaciones de Alanís y del "Chícharo" González por los costados.

Chícharo, que no tiene muy acostumbrados a sus compañeros a buenos centros, envió un servicio preciso a la cabeza de Carlos Casartelli para que se sirviera con la cuchara grande y le diera la ventaja al Monterrey de 2-1.

Por tercera ocasión en el encuentro, el grito de "¡Ratero, ratero!" se escuchó, pero en esta ocasión con más fuerza que nunca. El enojo de la afición del Cruz Azul era latente y muchos seguidores optaron, a 7 minutos del final, por buscar la salida del Estadio.

Las escaleras comenzaron a saturarse, justo cuando el sonido local informó que serían tres los minutos que Mauricio Morales agregaría al partido. Los nervios se apoderaron de la zaga albiazul cuando, en una ultima jugada, Cruz Azul se metió en su terreno. El central vio una mano de Serafín dentro del área y ordenó un penal inexistente ante los gritos de Herrera desde la banca.

Alejandro Corona tomó el balón mientras el "Piojo" gritaba desde la banca a sus jugadores. Increíblemente, ante el lamento de los 25 mil aficionados que fueron al Azul, Corona quiso colocar de más y mandó la bola afuera del palo derecho de Martínez. Concluyó el encuentro con un saldo de 2 expulsados, dos lesionados –Ricardo Osorio y Pinheiro-, muchas caras largas y contados rostros invadidos por la felicidad, entre tanto, Romano le decía a Arturo Yamasaki que ya eran dos los robos seguidos.

Los de Cruz Azul no quisieron hablar con la prensa y Herrera deleitó con su buen humor a los periodistas que intentaban sacarle declaraciones picosas sobre el arbitraje, pero se quedaron con las ganas.

[mt][foto: Mexsport]

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