El Olímpico aun vibra tras la ida de la Final

“El CU no tiembla, late”. Esta frase, bastante popular hace algunos años, apareció en algún diario de esta capital, luego de que el estadio Olímpico Universitario viviera una de sus tardes mas...
 “El CU no tiembla, late”. Esta frase, bastante popular hace algunos años, apareció en algún diario de esta capital, luego de que el estadio Olímpico Universitario viviera una de sus tardes mas gloriosas. Ella, que se refiere a la intensidad con la que la

MEDIOTIEMPO | Agustín Cuevas6 de Diciembre de 2005 en el estadio Olímpico

“El CU no tiembla, late”. Esta frase, bastante popular hace algunos años, apareció en algún diario de esta capital, luego de que el estadio Olímpico Universitario viviera una de sus tardes mas gloriosas. Ella, que se refiere a la intensidad con la que la gente vive un partido de futbol en las gradas de este hermoso inmueble, proviene de un promocional que se leía a la altura de uno de los tiros de esquina de La Bombonera de Buenos Aires, sólo que en ésta, obviamente, aparecía el nombre de aquel famoso escenario futbolero.

Pero hoy en CU no hubo latidos, sólo temblores. Por que Boca tembló de soberbia desde su llegada a México, sin querer hablar con la prensa nacional, sin querer que, y no pregunten por qué, su himno fuera tocado durante la ceremonia previa al encuentro y, mas que nunca, por que Pumas se los comía en el segundo tiempo y no sabía cómo pararlo.

Y Pumas, esos que para todos hoy han vuelto a ser “nuestros Pumas”, tembló de emoción con sus himnos, por que ambos, el nacional y el universitario son suyos, tembló de miedo todo el primer tiempo al ver que la mejor versión de Boca los echaba para atrás y que al minuto 30’, más fácil que nunca, Palacio los empujaba un poquito, haciéndolos despertar del sueño sudamericano y, con todo el corazón, lo hizo al ver como Botero, al 53’, emparejaba el cotejo con un balazo imparable.

Allá arriba, en esa tribuna que hoy vive acostumbrada a las emociones fuertes, la gente tuvo que soportar el temblor más fuerte e intenso de todos: 90 minutos de una Gran Final ante “El Gran Boca”. Desde ahí, todos los aficionados universitarios temblaron de coraje, luego de que Larrionda, juez central del encuentro, no diera como válido un gol de Iñiguez que podría engañar a cualquiera. Este coraje fue gratis, ya que, de mala manera, la imagen apareció en la gran pantalla del Olímpico, que ya para ese entonces temblaba con el intenso frío de la ciudad, y no así aquel choque dentro del área entre Bernal y Cardoso, a segundos del final, que dio la impresión de ser algo más que una barrida al balón por parte del cancerbero felino.

Pumas cayó ante la tentación y violó un reglamento al pasar estas imágenes apretadísimas, pero sobretodo, violó un código de seguridad que debe tener todo estadio. Se entiende que la Directiva o alguien más pueda decir que después de tanto jaleo conmeboliano podría cometer ese pecadillo, pero lo que no se entiende es el poner en riesgo las vidas de 60 mil almas propias, de jugadores y árbitros que están trabajando para ganarse el pan y, sobretodo, no se entiende el convertirse en lo mismo que reclamamos a gritos. Pumas violó el reglamento y ahora ¿con qué cara puede protestar algo?

Y así, todo en CU seguía temblando. El “Pato” temblaba de dolor, luego de atajar con la nariz y de agradecimiento al ver que los palos de su arco lo salvaron en un par de ocasiones por sendos remates que se quedaron a nada de ser gol, mientras que el “Loco” lo hacía pidiendo la roja para Verón; el “Coco”, desde su área técnica, temblaba al mirar su reloj y Pumas, todo Pumas sin excepción, temblaba ante la frustración de no poder meterla una vez más.

Pero tras los 90 minutos, en el CU ya nadie temblaba. Los latidos volvieron a cada uno de los corazones que, poco antes, parecían estar detenidos por la inmensa emoción de una Gran Final. Boca, en su vestidor, recuperaba el aliento, pensaba en el buen resultado que obtuvo en cancha visitante y en lo largo y tedioso que sería el viaje de vuelta. Pumas, por su lado, también volvía en sí, tranquilo y con la seguridad de que, de jugar en Buenos Aires como lo hizo en el segundo tiempo, La Bombonera no latirá, temblará.

[mt][Foto: Mexsport]

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