El Infierno estuvo a punto de arder como en sus mejores épocas

Hace mucho que el Infierno no se enciende a su máxima temperatura. Hoy, con un juego digno de una Final, vio arder sus llamas casi a tope, aunque a final de cuentas siempre hubo algo que las frenaba.
Hace mucho que el Infierno no se enciende a su máxima temperatura. Hoy, con un juego digno de una Final, vio arder sus llamas casi a tope, aunque a final de cuentas siempre hubo algo que las frenaba.
 Hace mucho que el Infierno no se enciende a su máxima temperatura. Hoy, con un juego digno de una Final, vio arder sus llamas casi a tope, aunque a final de cuentas siempre hubo algo que las frenaba.

Walter González | MEDIOTIEMPOEstadio Nemesio Díez, 15 de Diciembre de 2005

Hace mucho que el Infierno no se enciende a su máxima temperatura. Hoy, con un juego digno de una Final, vio arder sus llamas casi a tope, aunque a final de cuentas siempre hubo algo que las frenaba.

En un parpadeo se llenó el Nemesio Díez, pintándose de rojo casi en su totalidad, salvo una pequeña zona en la cabecera de sol en donde cantaba la porra regiomontana, custodiada e irreverente, sin temor al territorio rival.

Al fin llenó el primer lleno total del torneo en el Infierno, incluso abarcando la comúnmente fría zona de palcos, a la que hoy se le metió el Diablo y vivió con intensidad total el encuentro, incluso había gente sentada tranquilamente en las escaleras ante la dificultad de encontrar asientos.

Salvo la "Perra Brava", este estadio es muy tradicional, se oyen los "siquitibums" ya cada vez más escasos en otras plazas, el "diablos, diablos", "si se puede", etcétera. En general el ambiente de la Bombonera siempre ha sido un tanto expectante, con mucha atención a lo que sucede en la cancha y por tanto, con momentos de silencio o murmullos, tanto, que la porra regiomontana, más acostumbrada a apoyar y cantar todo el encuentro y en todas las circunstancias, de repente se quedaba solita cantando en su esquina, adueñándose por unos segundos del ambiente infernal.

Al minuto 8, el Monterrey le había aplicado una fuerte dosis de agua al ardiente Nemesio Díez, pero el Diablo, obligado a cambiar su postura, se fue para adelante, hizo las modificaciones correspondientes y justo antes de irse al descanso empató el marcador e hizo temblar el estadio con un estruendo que despertó a los fantasmas del equipo toluqueño.

Nada de Toluca defensivo, nada de posturas precavidas o de especular para el juego de vuelta, nada de un Monterrey "visitante". Los dos equipos se entregaron a tope y, hay que agradecerle al equipo de Miguel Herrera que supo obligar a los Diablos a jugar de otro modo.

Sin embargo, los choriceros demostraron el porqué de las precauciones del "Tolo" en los partidos anteriores, pues aun logra ser efectivo presionando continuamente y cuando se esperaba que tomaran la ventaja, se encontraron con que los embates regios, más rápidos y profundos, se convirtieron en un nuevo gol en contra y, lo peor, anotado por el propio defensor choricero.

Las tribunas comenzaban a zumbar de la tensión, el ambiente se hacía denso y las protestas contra el árbitro al que ya todo mundo había odiado tras marcar un penal inexistente apenas al minuto 3, se hicieron constantes y cada vez tenían que ver más con una actitud infernal.

A final de cuentas, lo único realmente "del demonio" que se vio en este partido fue el mal trabajo de Alcalá que sobre el minuto 87 decidió inventarse un penal para apaciguar a los habitantes del averno ya sobre la hora. Con este regalito de Don Gilberto, el Toluca se llevó un empate 3-3 para el juego de vuelta, no sin su dosis de dramatismo, pues el “Rengo” fallaría el cobro del penalti y cuando ya la mayoría del estadio iba a media mentada de madre, en el rebote acabaría metiendo la pelota al arco de Martínez.

La afición se fue tranquila, nerviosa por el empate pero ya sin tanta rabia con el árbitro ni con el resultado, pues el gol tan cerca del final y de la manera en que cayó, deja más un sabor de algo ganado que de perder la oportunidad de tomar ventaja en casa.

Mientras la gente desalojaba el estadio se podían oír los rumores del regreso de Cardozo como una esperanza fuerte para este equipo, mientras que otros defendían la postura del Toluca "ya ven, mejor encerrarse a meternos goles solitos" en contra de los que decían, "ya ven, si podemos jugar más ofensivo", todo esto amenizado por una de esas tostadotas verdes con nopales o cueritos que venden a la salida del Infierno y que acompañados por un refresquito rojo o una cervecita, sirven para reintegrar a todos esos demonios a la tranquila sociedad toluqueña, algo necesario hoy más que otros días, pues se veía a muchos aficionados pedirla "para ir comiendo" y así irse corriendo al trabajo del que se habían dado una escapadita de dos horas para ver a sus Diablos.

[mt][foto: Mexsport]

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