La moneda sigue en el aire al MT

PRIMER TIEMPO
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Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio Tecnológico. Domingo 18 de diciembre de 2005

PRIMER TIEMPO

La pasión acumulada encontró el momento exacto de su liberación en el estadio Tecnológico. Las gotas de sudor derramadas, los golpes recibidos, las hirientes declaraciones... todo lo que conlleva una final jugó un papel fundamental para que la casa de los Rayados luciera a su máxima capacidad. Cada uno de los presentes en la tribuna entendió que la batalla entre los suyos y el Toluca tenía un lugar reservado en la historia de nuestro balompié. Y así, con un ambiente inigualable en la Sultana del Norte, ambas escuadras saltaron al terreno de juego.

El festín fue preparado con la idea de celebrar el tercer título de los Rayados. Los colores azul y blanco se fusionaban indistintamente para impulsar a los dirigidos por Miguel Herrera. Monterrey no sólo era el favorito de los aficionados, también de quienes aplauden el atrevimiento y la espectacularidad. Pero en las buenas historias está garantizada la presencia de un antagonista. Los Diablos, acostumbrados a ignorar cuestionamientos y descalificaciones, se adjudicaron la estafeta de aguafiestas y se dispusieron a entrar en acción.

Los extremistas que daban como seguro campeón al equipo del “Piojo” no tardaron en llevarse unos cuantos sobresaltos. A los diez minutos, un pase filtrado de Carlos Esquivel para Vicente Sánchez derivó en un disparo de Manuel de la Torre que enmudeció al pueblo norteño. La pelota llevaba etiqueta de gol, volaba hacia las redes, pero un heroico desvío de Severa Meza impidió que el sueño del campeonato se transformara en pesadilla.

Después de la tempestad no llegó la calma. El afán de protagonismo de Marco Antonio Rodríguez no tardó en aparecer. Cuatro minutos después de la magnífica salvada de Meza, el de negro obtuvo notoriedad gracias a que impactó la tarjeta roja en el rostro de Paulo Serafín. ¿El pretexto? Una patada que apenas merecía el cartón preventivo. Los cánticos cambiaron en las tribunas; se pasó de los gritos de apoyo a los insultos en contra de quien acostumbra aprovechar su autoridad para sentirse figura de una fiesta que no lo necesita más que como simple mediador.

El hueco dejado por Serafín mermó las intenciones ofensivas del conjunto local. Herrera se vio forzado a tomar medidas y a extremar precauciones. Toluca, entretanto, siguió en lo suyo: presionaba al rival y ganaba confianza mientras el tiempo discurría. Justo antes de la culminación de la primera mitad, Julio César Pinheiro se encontró un rebote dentro del área choricero y disparó violentamente. Cristante se mantuvo sereno, se tendió a primer poste y nos mandó a los vestidores.[mt]

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