Cuauhtémoc cumple 33 años, la Edad de Cristo

Amado u odiado, pero jamás desapercibido sobre una cancha de futbol. Su encorvada figura es objeto de amor o repulsión en cuanto entra en contacto con la pelota, e incluso cuando ni siquiera está...
Amado u odiado, pero jamás desapercibido sobre una cancha de futbol. Su encorvada figura es objeto de amor o repulsión en cuanto entra en contacto con la pelota, e incluso cuando ni siquiera está cerca de ella. Su habilidad como jugador está fuera de duda
 Amado u odiado, pero jamás desapercibido sobre una cancha de futbol. Su encorvada figura es objeto de amor o repulsión en cuanto entra en contacto con la pelota, e incluso cuando ni siquiera está cerca de ella. Su habilidad como jugador está fuera de duda

MEDIOTIEMPO | Redacción 16 de enero de 2006

Amado u odiado, pero jamás desapercibido sobre una cancha de futbol. Su encorvada figura es objeto de amor o repulsión en cuanto entra en contacto con la pelota, e incluso cuando ni siquiera está cerca de ella. Su habilidad como jugador está fuera de duda. Si sale inspirado, cosa que sucede con suma frecuencia, rompe las retaguardias rivales, explota la pasión de su fanaticada y exacerba la antipatía de quienes no soportan verlo, aunque secretamente guarden el deseo de tenerlo como integrante de su escuadra. Es Cuauhtémoc Blanco, el jugador más talentoso de nuestro balompié, y también el que más insultos se lleva por su poco aceptada personalidad.

Hoy, 17 de enero de 2006, cumple treinta y tres años, la Edad de Cristo, misma que marcará el adiós a sus últimas aspiraciones mundialistas o su posible consagración como uno de los símbolos irrefutables del futbol mexicano en la era moderna. Su trayectoria ansía la Copa del Mundo Alemania 2006, pero su indomable orgullo y el egocentrismo de un técnico que se siente con poderes de conquistador surgen como obstáculos que mantienen en vilo al medio futbolístico. Nadie conoce el desenlace de la historia con tintes melodramáticos. Lo cierto es que Blanco será protagonista de aquí hasta que La Volpe dé a conocer la lista definitiva. Si México llegará a triunfar sin Cuauhtémoc, el actual seleccionador nacional podrá dormir tranquilo; en cambio, si los de verde fracasan en suelo teutón, la ausencia del “Temo” se convertirá en un fantasma similar al que sufrió Miguel Mejía Barón con el cambio nunca realizado ante Bulgaria en Estados Unidos 1994. Ya Ricardo y sus más cercanos colaboradores sabrán si corren el riesgo…

América y Cuauhtémoc se encontraron por inercia propia. Fue como un encuentro ideal, talvez utópico: el equipo más odiado y polémico descubre al hombre que acapara miradas tanto por su magia con la de gajos en los pies como por su falta de tacto para conducir su vida personal. Ambos se profesan amor eterno, aunque no falta quien asegura que los directivos también están un poco fastidiados de los desplantes del ídolo. Verlo enfundado en otra playera le trajo mayores aliados, quienes lo criticaban no dudaron en aplaudirlo. Ahí se confirmó que ser americanista te trae enemigos gratuitos. Pero Blanco y las Águilas tenían que reencontrarse, y lo hicieron rápidamente. La ideología azulcrema le cae como anillo al dedo al indescifrable futbolista. Él se siente cómodo en Coapa, le pese a quien le pese.

Son treinta y tres años de existencia. A nosotros sólo nos interesa su trayectoria sobre la cancha. Lo demás es simple y sencillamente lo que puede esperarse de cualquier individuo que pasa de no tener nada a gozar de prácticamente todos los lujos y privilegios que un hombre puede anhelar. En el recuerdo de quienes somos apasionados del futbol permanecerá por siempre aquella anotación ante Bélgica en la que se estiró junto a millones de mexicanos para vencer la puerta enemiga. Igualmente imborrable resulta su actuación contra Jamaica. México estaba prácticamente fuera de la Copa del Mundo Japón-Corea 2002. Cuauhtémoc no estaba listo, reaparecía después de la gravísima lesión que sufrió contra Trinidad y Tobago. Su espíritu de lucha, ese que muchas veces se confunde con golpes e insultos, lo sacó adelante y lo erigió como un héroe que sólo es querido en el instante en que anota, porque en cuanto se recuerda su esencia americanista, las mentadas de madre surgen con la misma fuerza que una ola en el estadio Azteca. Es Cuauhtémoc Blanco, genio y figura que divide, y a la vez que unifica, pues todos, hasta sus más ácidos críticos, añoran observarlo en Alemania para incrementar el mito o hundirlo como si de él dependiera el éxito tricolor.

¡Felices 33, Cuauhtémoc![mt/mexsport]

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