La derrota caló hondo en Ciudad Universitaria

La noche no era la tradicional de Copa Libertadores o Copa Sudamericana en Ciudad Universitaria, hoy el acceso era incluso sencillo, no había multitudes en las puertas del estadio y el...
 La noche no era la tradicional de Copa Libertadores o Copa Sudamericana en Ciudad Universitaria, hoy el acceso era incluso sencillo, no había multitudes en las puertas del estadio y el congestionamiento habitual de la ciudad a las 20:30 horas incluso se r

Agustín Cuevas | MEDIOTIEMPOEstadio Olímpico de CU, 22 de Febrero de 2006

  • Debilidad, la impresión que dejó Pumas

La noche no era la tradicional de Copa Libertadores o Copa Sudamericana en Ciudad Universitaria, hoy el acceso era incluso sencillo, no había multitudes en las puertas del estadio y el congestionamiento habitual de la ciudad a las 20:30 horas incluso se relajaba al entrar a Ciudad Universitaria, hoy, la entrada era apenas aceptable en el Olímpico.

Parecía que la afición algo presintió y prefirió ir tranquilamente a casa a superar con la cama cerca, la mala impresión que dejaron los felinos. Hoy Pumas le dejó a su afición una sensación que hacía mucho no generaba. La de franca debilidad, la de “pues no damos para más”.

El partido arrancó incluso bien para los de casa; Pumas parecía que aumentaría su ritmo. El portero Angelucci se convirtió desde el primer minuto en el "quita risas", pues antes del minuto 20 ya había malogrado dos claras oportunidades de los felinos, obligando a los aficionados que saltaban como resortes de sus lugares, a sentarse nuevamente sin nada que festejar.

Pero Pumas no fue mejorando en el partido, al contrario, fue perdiendo ritmo, tocando la pelota de un lado a otro, hacia atrás, frenándose en lugar de desbordar, titubeando y, lo que más ponía los pelos de punta a los aficionados, sufriendo en la parte baja cada vez que Castellín le hacía chiquita la pelota a los tres centrales universitarios que siempre llegaban apresurados a la marca en una línea de 3 que los tiene un tanto confundidos pese a la joya preciosa que es el Sub-17 Héctor Moreno.

El propio Castellín amargó la noche con un gol que se veía venir desde un rato antes, movió las redes locales y la afición que había llegado al estadio preguntando "¿vamos contra el Mara… qué?". Ahora no hacían más que lamentar la intrascendencia del equipo universitario que parece haberse quedado sin chispa… Pumas estaba regalando la Libertadores.

La afición comenzó a dispersarse, la Rebel comenzó una guerra de agua, mojando a quien se pusiera debajo de ellos en la planta baja del inmueble. Nadie se salvó, mujeres, niños, incluso la gente de Auxilio UNAM que intentaba calmar la "mojadera". Otros prefirieron beber unas cervezas de más, aprovechar el viaje, pues…

Ya en la segunda parte, Marioni sacó un balazo que medio estadio festejó como gol por el efecto visual que provocó la pelota al pasar sólo cerca del poste y mover las redes por afuera. Los más despistados tardaron mucho en darse cuenta que Pumas no había anotado, pues en su festejo vieron todo menos que el juego se reanudó con saque de meta.

El segundo tiempo fue convirtiéndose en una angustiante pesadilla para los universiarios. Pumas acabó tirando centros y con el ingreso del "Pikolín" como delantero al menos ganó en garra y generó sus mejores oportunidades, pero ya era demasiado tarde. La gente en CU sufría lo que hace mucho no vivía, la triste resignación de no ver por dónde su equipo mejorara. Al menos antes era que estaban el mal momento, siempre con el consuelo de que el Pumas de Hugo era Bicampeón y eso no se los quitaba nadie. Ahora, nada, resignación y sorpresa a ver la cantidad de rarezas que había en la cancha. “¿Y ese quién es?” Decían muchos al ver al brasileño "Roma" en el campo. Los que menos, intentaban descifrar las intenciones de un sistema semilento que acabó siendo lo que al parecer buscaba evitar: los centros a la olla.

El partido llegó a su fin y los venezolanos, tras dar un excelente partido, festejaban eufóricos en el centro del campo. Para ellos significó un triunfo histórico, ya que venir a México, luchar contra un futbol económica y futbolísticamente superior, con la altura del Distrito Federal es sin duda una conquista de proporciones épicas. Los del Maracaibo festejaron con todo su primer triunfo en tierras mexicanas, había lágrimas, cantos y abrazos al por mayor.

Mientras tanto, los jugadores universitarios salían de la cancha sin voltear a ver a nadie, cabizbajos, desmotivados, tal vez un tanto resignados y acoplados a que su técnico desde el primer minuto, desdeñara el torneo continental.

Entonces, desde la tribuna del pebetero los "cómo no te voy a querer" de otras noches se convirtieron en un claro, nítido y doloroso “pinches huevones” que se derramó en la cancha una, otra y otra vez, como una lluvia de resignación.

[mt][foto: Mexsport]

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