Entrevista a una playera con suerte, la de Aarón Padilla

Frecuentemente entra en contacto con el banquillo, como si no tuviera mucho que aportar sobre el terreno de juego. Rara vez recibe la oportunidad, es relegada por quienes poseen mayor renombre y...

Edmundo Valdemarín | MEDIOTIEMPO18 de abril de 2006

Frecuentemente entra en contacto con el banquillo, como si no tuviera mucho que aportar sobre el terreno de juego. Rara vez recibe la oportunidad, es relegada por quienes poseen mayor renombre y prestigio. Su propietario es paciente, casi tanto como ella. Cuando la desesperación amenaza con aparecerse, llega la anhelada oportunidad, la orden de ponerse a calentar en el área de suplentes para aspirar a ser tomado en cuenta. Los minutos pasan, el cronómetro sigue su inexorable marcha. Parece que se tratará de otro de tantos partidos calentando el asiento, arrugándose con el respaldo de los castigados, porque quien no juega siempre se sentirá así. Pero basta una señal para que la tristeza se transforme en ilusión y ésta en garra y entrega. El abanderado levanta la pizarra electrónica para anunciar el ingreso del diecisiete americanista. Ahí, en ese preciso instante, la historia da un vuelco inesperado; el olvido se transforma en amor incondicional y la indiferencia en eterno agradecimiento. Es un talismán emplumado, un par de alas de la suerte que le da vuelta a la moneda como un ladrón que sabe sorprender cuando menos se le espera.

“He tenido la suerte de convertirme en una especie de amuleto para el equipo. En cuanto mi equipo está en problemas, los aficionados piensan en mí, en nosotros mejor dicho, como emisores de buenas noticias. Se siente muy bien entrar y marcar la diferencia, aunque se sentiría mejor ganarnos un lugar en el cuadro titular”, confía la camiseta azulcrema de Aarón Padilla, el hombre que no necesita noventa minutos para convertirse en la portada obligada de los medios de comunicación.

Las comparaciones son odiosas, en especial si están fundamentadas en apreciaciones subjetivas y no en la contundencia de los resultados sobre la cancha. Se asegura que no tiene la verticalidad de Claudio López,  explosividad de Kléber ni el mágico talento de Cuauhtémoc. Talvez sea cierto, es más, quitémosle el indicio de probabilidad, aceptemos que técnicamente es inferior. A cambio, y esto es innegable, ofrece entrega, sacrificio y un envidiable grado de efectividad. Sus goles pueden ser poco vistosos, en ocasiones lucir un poco torpes, pero cuentan como el que más… ya quisiera el trío citado anteriormente gozar de la fortuna y la precisión del “Gansito”.

“No me molesta que me comparen con ellos. Al contrario, es un honor estar con jugadores de su nivel. Además, nosotras las playeras compartimos maleta y charlamos en todo momento. Las supuestas envidias no son más que inventos de los medios, que en su afán por vender mienten y engañan a la opinión pública”, asegura sin tapujos y sabiendo que el simple hecho de estar en un vestidor plagado de figuras debe considerarse como un éxito.

La entrevista se ve interrumpida por uno de los utileros americanistas. Antes de ser doblada con sumo cuidado, la casaca del “Gansito” se despide con humor y nos lanza un “recuérdame”, como si sus goles resultaran insuficientes para mantenerse vigente en nuestra memoria.

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