Los potosinos viven embriagados de gloria

El ritmo cardíaco de la ciudad aún no regresaba a la normalidad cuando la liguilla tocó a la puerta. San Luis, con la fiebre futbolera en uno de los niveles más altos de su historia, recibió los...
 El ritmo cardíaco de la ciudad aún no regresaba a la normalidad cuando la liguilla tocó a la puerta. San Luis, con la fiebre futbolera en uno de los niveles más altos de su historia, recibió los cuartos de final de nuestro balompié con beneplácito, aunque

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio Alfonso Lastras. Miércoles 3 de mayo de 2006

  • El Alfonso Lastras sigue festejando

El ritmo cardíaco de la ciudad aún no regresaba a la normalidad cuando la liguilla tocó a la puerta. San Luis, con la fiebre futbolera en uno de los niveles más altos de su historia, recibió los cuartos de final de nuestro balompié con beneplácito, aunque teniendo muy claro que la misión ya estaba cumplida, que lo recogido a partir de la heroica salvación no sería más que un lujo innecesario y, al mismo tiempo, ampliamente apetecible. Las tribunas, ya con una relajación que contrastó desde el primer minuto con la tensión reflejada el sábado anterior, lucían un lleno espectacular. Quedó claro: el Alfonso Lastras y su equipo vivían o, mejor dicho, viven una luna de miel intensa y apasionante, a tal grado que sueñan con extenderla hasta la gran final del Clausura 2006.

Con la resaca de aquella gloriosa tarde sabatina, los Tuneros le hicieron frente a unos Potros humildes, acostumbrados a pasar desapercibidos por las cámaras. Los de azul y grana saltaron al campo con un esquema precavido. Comprendían, con suma razón, que el rival se encontraba motivado y que cualquier obsequio en la retaguardia podía significar el adiós definitivo. Precaución ante todo, se decían entre sí los elementos del batallón visitante.

Las principales acciones de la parte inicial se llevaron a cabo en el área de los equinos, donde Ángel Reyna se convirtió en un combatiente incansable, que probaba suerte desde cualquier flanco. La pelota, sin que deba considerarse como un severo hostigamiento, pasó en contadas ocasiones a centímetros del arco resguardado por Vilar, que salió bien librado sin realmente verse forzado a utilizar sus mejores recursos de reacción.

En medio de la fiesta balompédica no faltaron quienes pretendieron llamar la atención. Lo hicieron de la manera menos elegante, por no decir de forma vulgar: mediante una bandera nazi, que sirvió para ilustrar el grado de ignorancia de muchos jóvenes que confunden la diversión con la irresponsabilidad. Pero el juego estaba en la cancha, los protagonistas también, por lo que después de meditar un poco sobre la frágil identidad de algunos sectores de la sociedad, los ojos enfocaron el rectángulo verde. Sobre él no pasó mucho, la ida a los vestidores se convirtió en una interesante alternativa para pensar en un posible mejor espectáculo.  

Arias no pudo resistir la tentación… Nada aseguraba que Marcelo Guerrero volviera a convertirse en el héroe potosino, ni siquiera la motivación que aún a días de distancia provoca que se le inflame el pecho y se le endurezca la voz. De cualquier forma, el técnico de los Tuneros apostó el autor material de la permanencia para abrir el cerrojo atlantista. A la par de Marcelo, ingresó Emilio Mora, y más adelante, como solución definitiva, apareció en la pizarra electrónica el número catorce de Sebastiao Pereira, quien acabaría formando el triángulo de la victoria.

Que sean los tres elementos ingresados de cambio quienes participan en el único tanto de un partido, no es cosa de todos los días. Sin embargo, así fue, nadie pudo negarle un aplauso a Raúl Arias, quien aceptó para sí que la suerte está de su lado. Cómo si no entender que Guerrero tocó para la llegada de Mora, que éste intentó un disparo que acabó en rotundo fracaso y que esa falla grotesca en que se convirtió el remate de Emilio concluyera con la matanza de pecho de Didi y la inmediata anticipación del mismo ante la angustiosa embestida de Martínez. Gol a los sesenta y nueve… todo San Luis a soñar y a vibrar, ya no por la salvación, sino por acercarse a un boleto entre los cuatro finalistas del futbol mexicano.

Redondear la noche con otro gol hubiera resultado magnífico para el cuadro anfitrión, pero no… ya era demasiado. Los potosinos tienen más que merecido el derecho a seguir soñando. No se conoce el día en que volverán a la realidad. Mientras tanto, se les recomienda seguir vibrando con una borrachera de gloria que muchos envidian.[mt][foto: Mexsport]

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