Un Diablo con precisión quirúrgica

Los Diablos de Américo Gallego encarnan el mal de una forma distinta, engañosa y despiadada. En cuanto se habla del infierno, uno espera que el hostigamiento sea implacable, a muerte, que no haya...
 Los Diablos de Américo Gallego encarnan el mal de una forma distinta, engañosa y despiadada. En cuanto se habla del infierno, uno espera que el hostigamiento sea implacable, a muerte, que no haya momento alguno para el respiro. Dolor constante, es así com

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio Nemesio Díez. Miércoles 3 de mayo de 2006

  • Cruz Azul lo sufrió en carne propia

Los Diablos de Américo Gallego encarnan el mal de una forma distinta, engañosa y despiadada. En cuanto se habla del infierno, uno espera que el hostigamiento sea implacable, a muerte, que no haya momento alguno para el respiro. Dolor constante, es así como se concibe una visita al averno, pero el domicilio rojo dista mucho de apegarse a los paradigmas generados en torno a él. Su mecanismo es menos contundente y, a la vez, mucho más cruel.  En el Nemesio Díez se puede tener la pelota, no buscan ahogarte en terreno propio y hasta te dan el lujo de considerar que tienes la iniciativa de la confrontación. Todo forma parte de un engaño estudiado y orquestado con la única finalidad de herir con precisión quirúrgica. El resultado es directo y, en el peor de los casos, mortal…

Cruz Azul lo sufrió en carne propia, inició el partido con pelota controlada y fue adelantando líneas para presionar la meta resguardada por Hernán Cristante. Más tardó la Máquina en sentir que la balanza estaba de su lado que Toluca en asestar el primer golpe por conducto de Ismael Valadez. La frialdad escarlata impresiona; una jugada a balón parado fue suficiente para que el cuerpo celeste se cimbrara con el escalofrío que le provocó apreciar que la de gajos estaba guardada en las redes. Sin mucho esfuerzo, nada más con un centro medido a la testa de un compañero y con la correcta rúbrica de éste, Toluca dejó en claro que no siempre el ataque incesante es la estrategia más indicada. La sorpresa, ese ligero empujón que parece decirle “estate quieto” al rival, destruye psicológicamente al enemigo en turno y lo convierte en presa fácil del contragolpe.

El ferrocarril celeste buscó retomar el camino con más ganas que buen nivel de juego. En la mente de los capitalinos se afianzó la idea de olvidar el tanto recibido para darle la vuelta a la página e igualar los cartones. De nuevo, apretaron el acelerador y se dispusieron a pasar por encima de los Diablos. Jorge Gasso, queriendo demostrar que los árbitros hacen de las suyas en cualquier lugar, incluso en el infierno, se puso momentáneamente la camiseta azul y decidió, con la valiente complicidad de su asistente, expulsar a Espinoza. Mizrahi y sus jugadores sintieron que la suerte les sonreía, que el susto recibido estaba por carecer de importancia. Una vez más, los celestes  recibieron una cachetada impactante, un elegante recordatorio de los dominios que estaban pisando… Mientras los respectivos banquillos se alistaban para ir a los vestidores, Carlos Esquivel apareció abruptamente en tres cuartos de cancha, dribló a dos hombres y tocó para el charrúa Vicente Sánchez, éste hizo que el balón saltara como Conejo tras rebotar en Oscar Pérez, espero a que bajara el esférico e inclinó ligeramente la cabeza para poner el segundo en los cartones.  Los azules, cómo no, se fueron con la moral por los suelos, estaban, curiosamente, que se los llevaba el diablo.

Américo Gallego sonrió maliciosamente durante la mayor parte del complemento. Su equipo, la escuadra del mal, tenía controlada la eliminatoria y ya pensaba en revalidar el título. Cruz Azul, entretanto, daba la impresión de tener la mente en el Día de la Santa Cruz y no en los cuartos de final del futbol mexicano. Si aún vive la Máquina, es gracias a que un diablo joven que asume roles adultos, como Carlos Esquivel, perdonó a los setenta y seis minutos, después de haber burlado a dos hombres y disparar con tiro cruzado justo a las manos del golero capitalino.

El tiempo discurría sin mayores novedades. La mesa estaba puesta para que los toluqueños se fueran con ventaja de dos en el marcador, pero al fin salió la esperada genalidad de César Delgado, quien se transformó en una auténtica locomotora para desbordar por el costado derecho y sacar tiro-centro que exigió a las manos de Cristante. En el rebote, Sabah estrelló la de gajos en el poste; César Villaluz, con la aureola especial de todo Campeón del Mundo, se encontró con el esférico y decretó el dos a uno en el tanteador.

A Cruz Azul le resta ganar por un gol para seguir adelante. La misión no parece entrañar gran dificultad; de pronto, hasta podría señalarse como sencilla de cumplir; sin embargo, no hay forma de tranquilizar a los aficionados celestes después de la experiencia del torneo anterior, donde una derrota por la mínima diferencia en el infierno fue más que suficiente para que Toluca se enfilara a la consecución del título. Se asegura que uno no es ninguno, sólo que el peso de un gol se modifica cuando enfrente se encuentran los audaces Diablos de Américo Gallego. [mt][foto: Mexsport]

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