Un milagroso centenario

El pasado ahí estuvo, ayudando, impulsando a festejar cien años de existencia con el porte y el orgullo que merece una institución como el Guadalajara. El centenario, viaje maravilloso alrededor...
El pasado ahí estuvo, ayudando, impulsando a festejar cien años de existencia con el porte y el orgullo que merece una institución como el Guadalajara. El centenario, viaje maravilloso alrededor de inolvidables proezas y mágicos momentos, exigía un día pa
 El pasado ahí estuvo, ayudando, impulsando a festejar cien años de existencia con el porte y el orgullo que merece una institución como el Guadalajara. El centenario, viaje maravilloso alrededor de inolvidables proezas y mágicos momentos, exigía un día pa

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio Víctor Manuel Reyna. Domingo 7 de mayo de 2006

  • La historia exigía un milagro

El pasado ahí estuvo, ayudando, impulsando a festejar cien años de existencia con el porte y el orgullo que merece una institución como el Guadalajara. El centenario, viaje maravilloso alrededor de inolvidables proezas y mágicos momentos, exigía un día para el anecdotario, un suceso que permitiera recordar la grandeza del equipo más querido en suelo azteca. La ocasión no podía resultar más adecuada: el Rebaño contra la pared, necesitado de un triunfo que nadie esperaba, cuando menos nadie en su sano juicio… El devenir del partido también contribuyó para que un juego como cualquiera terminara adquiriendo pinceladas épicas, llenas de pasión y amor propio, plagadas de lealtad y entrega hacia los colores de las Chivas Rayadas.

El sol chiapaneco iluminaba el Víctor Manuel Reyna con engañoso vigor. Estaba llamado a ser el aliado principal de los dirigidos por Luis Fernando Tena. Quemaba la piel, empapaba de sudor la camiseta de los jaliscienses. Apenas comenzado el encuentro, los del Rebaño se sintieron hundidos, no sólo por las inclemencias del clima, sino también por el disparo de Walter Jiménez que acabó estremeciendo la meta de Luis Ernesto Michel.  El joven arquero visitante ni oportunidad tuvo de acariciar el esférico. Su primer contacto con él fue para desenmarañarlo de las redes. Hasta ahí, el traicionero futbol dictaba que Jaguares estaba del otro lado, que  los rayos de luz estaban reservados para el cuadro de casa…

Chivas,  salomónica e irreverentemente, decidió que su destino aún estaba en sus pies, que lo impensable para otros era posible para ellos. La claridad no era su fuerte, tampoco la dinámica, pues el trajín, quiérase o no, cobra factura. Así, el conjunto de José Manuel de la Torre hizo como que nada estaba perdido y remó contracorriente. Edwin Borboa, a los veintitrés minutos, encendió la primera veladora. Lo hizo de una manera festiva, acorde a ese centenario que demandaba júbilo y algarabía: recorrió el pasillo izquierdo de la cancha, dejó sembrado a Melvin Brown, picó hacia el centro y apuró la pierna derecha para anticiparse a Ismael Fuentes y vencer a Omar Ortiz. Todavía faltaba, apenas era el primer paso, pero Guadalajara quería sentirse capaz de hacer la hombrada. Se permitió soñar y trabajó para convertir el anhelo en realidad.

La inercia del tanto rojiblanco repercutió en el funcionamiento de ambos contendientes. Los de casa, sobrados por la que en esos momentos se vislumbraba como una ventaja imperdible, disminuyeron el ritmo, caminaron sobre el campo para no quedar expuestos a una temperatura mortal para cualquier futbolista. El Rebaño aprovechó y asestó el segundo golpe, una nueva herida al impactante cuerpo felino. La acción fue vertiginosa, contundente: Diego Martínez recibió pase del inspirado Borboa, observó de reojo la salida de Ortiz y concluyó con la diestra para provocar que las Chivas se acercaran a tierra firme. La hazaña estaba cerca, a un gol de distancia…

La manada de Jaguares celebró reunión urgente en el vestidor.  Luis Fernando Tena, el más centrado de todos los felinos, hizo énfasis en la necesidad de sacar la casta, de recuperar una eliminatoria que debía estar bajo control. Salvador Cabañas entendió los deseos de su mentor e hizo lo suyo a través de una plausible mezcla de picardía y artes histriónicas. El artillero paraguayo esperó la salida de Michel, le adelantó el esférico y arrastró la pierna para timar a Manuel Glower. El de negro compró boleto y señaló la pena máxima. Para redondear su hechura, el guaraní ejecutó y acertó con disparo raso y pegado al poste izquierdo del cancerbero rojiblanco.

Chivas cayó en estado de coma. Había luchado demasiado como para de nueva cuenta estar obligado a meter dos anotaciones. El centenario no había sido razón suficiente, al menos eso pensaba la mayoría. Sin embargo, los de Chiapas perdonaron, el “Lorito” desaprovechó grandes oportunidades y dieron un pequeño espacio para la reacción rojiblanca. Bautista, aprovechando que Glower mostraba ingenuidad en las jugadas dudosas dentro del área, se dejó caer en una pelota dividida y consiguió que el silbatazo fungiera como el revulsivo definitivo. Al igual que Cabañas, el “Bofo” hizo lo suyo, cobró desde los once pasos y marcó el tanto que daba un poco de vida y un mucho de esperanza.

Pero Bautista aún no acababa su papel en la obra. Después de convertirse en el motor de la ilusión, se transformó en un mal perdedor y lanzó un sólido aunque inofensivo puñetazo a la espalda de Ismael Fuentes. El cartón rojo surgió como efecto inmediato; con ello, la pérdida de minutos invaluables para su escuadra. El “Chepo”  no pudo aguantarse los nervios y también terminó enviado a los vestidores.

Ya el tiempo agonizaba. Chivas se iba dolido por no festejar su centenario con una victoria; encontraba cierto consuelo en la Copa Libertadores de América. Los Jaguares, en cambio, ya se lamían los bigotes, disfrutaban su histórico pasaporte a semfinales. Pero no… cien años de historia se apoderaron del pie de Magallón y de la testa de Johnny García para darle forma  a un milagro hecho por y para las Chivas Rayadas del Guadalajara, que aún después de un centenario pueden afirmar con pasión y orgullo que están vivas, que su antigüedad no es sinónimo de obsolescencia sino de grandeza e historia, que la tradición rojiblanca sigue tan pura y romántica como en el ya lejano año de 1906.[mt]

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