Entre roces y táctica, Pachuca se acerca a una nueva corona

Pachuca y San Luis vivieron la Final a su manera. El partido no fue ni remotamente espectacular. Potosinos e hidalguenses privilegiaron el quehacer defensivo sobre el ofensivo; la seguridad en...
 Pachuca y San Luis vivieron la Final a su manera. El partido no fue ni remotamente espectacular. Potosinos e hidalguenses privilegiaron el quehacer defensivo sobre el ofensivo; la seguridad en propia puerta valió más que cualquier otro aspecto. Ni siquier

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio Alfonso Lastras. Miércoles 18 de mayo de 2006

  • Una final muy al estilo de Tuneros y Tuzos: orden ante todo

Pachuca y San Luis vivieron la Final a su manera. El partido no fue ni remotamente espectacular. Potosinos e hidalguenses privilegiaron el quehacer defensivo sobre el ofensivo; la seguridad en propia puerta valió más que cualquier otro aspecto. Ni siquiera el motivado batallón de Raúl Arias alcanzó a producir algo más que aislados acercamientos a la meta de Miguel Calero. Todo quedó para la vuelta, donde no habrá mañana, donde será obligatoria la anunciación del flamante campeón del futbol mexicano.

Con el título de por medio, la afición de los Tuneros inundó las tribunas del Alfonso Lastras. Ya no se apreciaron rostros desencajados por el nerviosismo de un posible descenso; tampoco un par de manos unidas rogando porque los Dorados no ganaran en el Banorte. Lo de hoy es diferente, mucho más alegre y placentero, aunque igualmente dramático: la batalla por la corona del balompié azteca.

El cuadro local saltó relajado a la cancha. Sabía que la misión primordial había sido cumplida y que lo demás no era más que un excelente colofón para una campaña redonda. La obtención del Clausura 2006 iría para la afición, para las miles de personas que partido a partido impulsaron una causa que en diversos momentos pareció perdida.

Los Tuzos, mucho más obligados por infraestructura e historia, se tomaron con tranquilidad el compromiso. José Luis Trejo manejó sus piezas con engorrosa precisión y acabó cosechando lo único que buscaba: un empate insípido en la ida. Negocio insatisfactorio para los amantes del futbol espectáculo, pero ampliamente saludable para las intenciones del autonombrado Equipo de México.

Los de la Bella Airosa se limitaron a ser extremadamente metódicos. La armónica forma en que Gabriel Caballero se anudó las agujetas apenas en el comienzo de la confrontación, ilustró lo que sería el rendimiento del conjunto visitante a lo largo de los noventa minutos. Sin prisas, sin contemplaciones, sin falsos protagonismos… Pachuca llegó a tierra potosina para cumplir con lo suyo, lo hizo con extrema discreción y se fue más vivo que nunca. A las calladas, el equipo de Jesús Martínez está a un paso de conseguir una nueva estrella para la historia triunfal que han escrito en años recientes.

La motivación ya no fue suficiente. San Luis abandonó la cancha sabiendo que el enemigo se había ido vivo. Esta vez no hubo un talismán, no apareció Marcelo Guerrero para anotar en plena agonía; no sirvieron los chispazos de Sebastiao Pereira… Las pocas ocasiones claras de gol fueron congeladas por un Miguel Calero que no se cansa de confirmar partido a partido su vasta calidad bajo los tres postes.

La final del futbol mexicano es de Tuzos y Tuneros. Muchos no están de acuerdo, incluso hay quienes pretenden ignorarla. Lo cierto es que Pachuca, la cuna de nuestro balompié, acaricia un nuevo campeonato. Los potosinos, entretanto, se van preocupados para la vuelta, aunque ellos, más que cualquier otro, saben que los imposibles no existen y que los vientos de la Bella Airosa bien podrían soplar a su favor el próximo domingo, cuando se cierre el último episodio de un torneo tan tristemente irregular como sorpresivamente impredecible. [mt]

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