Unas mil calles de Río de Janiero se visten de carnaval para el Mundial

Por lo menos mil de las 26.800 calles de Río de Janeiro han sido transformadas en auténticas pasarelas de carnaval para acompañar al aire libre los partidos de la Selección Brasileña durante el...
 Por lo menos mil de las 26.800 calles de Río de Janeiro han sido transformadas en auténticas pasarelas de carnaval para acompañar al aire libre los partidos de la Selección Brasileña durante el Mundial de Alemania.

MEDIOTIEMPO | Agencias29 de Mayo de 2006

  • Es una tradición que se remonta al Mundial de 1978

Por lo menos mil de las 26.800 calles de Río de Janeiro han sido transformadas en auténticas pasarelas de carnaval para acompañar al aire libre los partidos de la Selección Brasileña durante el Mundial de Alemania.

Esta tradición, que se remonta al Mundial de 1978, disputado en Argentina, reúne en muchos barrios a hinchas de 3 generaciones alrededor de un tarro de pintura, de una escalera o un andamio.

El trabajo, que en las calles más organizadas es planeado con meses de anticipación al comienzo del torneo, ha abierto espacio al consejo y la inspiración de grafiteros, pintores y hasta modistos.

"Las personas han entendido que esto es una fiesta seria, como el carnaval, y que la improvisación solo es buena al momento en que explota la alegría", dijo Alexandre Tavares, coordinador de la Rua (calle) Jorge Rudge, en el barrio de Vila Isabel.

Los 1.650 moradores de esta calle, ahora bajo un auténtico techo verde-amarillo de cintas, pendones y festones ostentan el honor de haber conquistado 5 concursos de adorno de "rúas".

"Como Brasil en el Mundial, tenemos 5 títulos", dijo orgulloso Tavares, al hablar de los concursos ganados en 1986, 1990, 1994, 1998 y 2002.

Contagiadas por la iniciativa popular, empresas de refrescos y cervezas, se han sumado al fervor que despierta cada Mundial para promover el concurso en Río de Janeiro.

Los patrocinadores ofrecen, además de un premio en metálico, la instalación de pantallas gigantes de televisión al aire libre, para seguir los partidos de Brasil en Alemania, y camiones con potentes equipos de sonido para animar la fiesta que debe suceder a cada compromiso del equipo de Carlos Alberto Parreira.

Además de bebidas, cuyas ventas deben crecer el 30 por ciento en el ramo de refrescos y entre 10 y 20 por ciento en el de cervezas, según la temperatura que registre el invierno brasileño, el carnaval en las calles debe impulsar las parrilladas, y para abastecerlo sólo una red de supermercados ha encomendado 400 toneladas de carne.

Sin el apoyo de empresas, difícilmente la vecindad podría pagar a cada partido de Ronaldinho Gaúcho, Ronaldo, Kaká y compañía los gastos de una fiesta popular, que con estas características puede llegar a los 100.000 reales (unos 46.000 dólares).

Tales atractivos han estimulado una animada lucha, casi fanática, entre vecinos, que con lluvia o sol, han dedicado su tiempo libre a la preparación del espacio público.

"Con mi brigada comenzamos a trabajar ayer a las diez de la noche y terminamos hoy a las seis de la mañana", dijo Marco Aurélio da Silva "Marcao", un orgulloso vecino de la rúa Inhangá, en el turístico barrio de Copacabana.

"Ganar o ganar", cuestión de honor para los brasileños cuando el asunto está relacionado con el fútbol, explica quizá la aparición con ocasión de los últimos dos mundiales de una incipiente red de espionaje entre moradores de las calles más organizadas.

"No es raro ver de vez en cuando a algún desconocido pasando en bicicleta o en motocicleta por nuestra calle que para y observa con detenimiento alrededor. Muchas veces buscan copiar las novedades o controlar lo que hace la competencia. Para evitar el espionaje, guardamos para el final las mejores sorpresas", sostuvo Tavares.

El reto que plantea la decoración de una calle para cada mundial ha llevado a los habitantes de la rúa Alzira Brandao, en el barrio Tijuca, a crear un centro cultural cuyas actividades previas llegan a mover un millón de reales (unos 455.000 dólares), explicó Walter Rodrigues da Costa, uno de sus coordinadores.

"No se trata de ganar dinero con esto, pero sí sustentar las celebraciones sin que arroje pérdidas", explicó Rodrigues da Costa, que este año espera atraer a unas 35.000 personas durante los partidos de la selección "canarinho".

En otras calles de vecindades más humildes, como la Araújo Rozo, en el norteño barrio de Anchieta, la ambición de celebrar con los goles de Adriano, Robinho, Roberto Carlos o Cafú es más modesta, pero no menos alegre.

"Entre 40 vecinos reunimos 1.200 reales (unos 546 dólares) para comprar latas de pintura, que hemos diluido en agua para que rinda. Quedó un dinero para la cerveza y la carne de la fiesta del primer partido, contra Croacia. Para el segundo veremos qué hacemos", dijo "Paulinho", uno de los organizadores.  [EFE][foto: EFE]

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