¡Chivas al grito de guerra!

El Campeón no ha perdido la humildad. Cuando las Chivas se tomaron la foto oficial con nuestras fuerzas armadas, muchos lo consideraron de mal gusto. El ejército merece respeto, y lo hecho por los...
El Campeón no ha perdido la humildad. Cuando las Chivas se tomaron la foto oficial con nuestras fuerzas armadas, muchos lo consideraron de mal gusto. El ejército merece respeto, y lo hecho por los rojiblancos entraba al terreno del mal gusto. Pero después
 El Campeón no ha perdido la humildad. Cuando las Chivas se tomaron la foto oficial con nuestras fuerzas armadas, muchos lo consideraron de mal gusto. El ejército merece respeto, y lo hecho por los rojiblancos entraba al terreno del mal gusto. Pero después

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPO (Enviado)Estadio Jalisco, sábado 20 de Enero de 2007 ante una regular entrada

  • Las Chivas y el Ejército Mexicano, sinónimo de gallardía

El Campeón no ha perdido la humildad. Cuando las Chivas se tomaron la foto oficial con nuestras fuerzas armadas, muchos lo consideraron de mal gusto. El ejército merece respeto, y lo hecho por los rojiblancos entraba al terreno del mal gusto. Pero después de ver la manera en que los jaliscienses se comportan sobre la cancha, queda muy claro que tanto nuestro cuerpo militar como ese equipo que se sujeta de los principios románticos de la nacionalidad para conservar un sello netamente mexicano son fiel reflejo de lo que esta nación desea: hombres con gallardía y coraje, que nunca se dan por vencidos, no importando que las circunstancias les sean adversas.

Los presentes en el Estadio Jalisco y los millones que siguieron el cotejo a través de los diferentes medios de comunicación tuvieron que soportar estoicamente un primer tiempo que concluyó cero a cero gracias a que la justicia deportiva no existe, pero el duelo había sido agradable y bien jugado. Cada aficionado se convirtió en una especie de reportero de guerra, en ese tipo de hombre que se acostumbra a vivir en la tensa calma, respirando segundos de inactividad, aunque sabiendo que las bombas y el fuego estallarán en cualquier momento.

Y ahí estaban todos… expectantes, mirando con atención y nerviosismo la batalla en calzoncillos que se efectuaba sobre el rectángulo verde. El recuerdo del último encuentro, ese que dictaminó que Guadalajara era el nuevo monarca de nuestro balompié y Toluca nada más que un digno finalista, estaba fresco en la memoria. Como una pesadilla para los seguidores mexiquenses y como la más dulce de las vivencias para una entidad que ha recuperado su grandeza, que puede ganar, perder o empatar, pero que difícilmente traiciona los principios que lo convirtieron y lo mantienen como el equipo más popular de nuestro balompié.

El silbatazo inicial se escuchó. Chivas no tardó en lanzar su primera advertencia: Omar Bravo hacía la grande, se anticipaba a Paulo da Silva y se miraba cara a cara con Hernán Cristante. Todo iba perfecto, hasta que el sinaloense titubeó valiosos segundos, suficientes para que la oportunidad se diluyera y el grito de gol se ahogara en la mente de una fanaticada que ya deseba estrenar la corona en el Clausura 2007.

Los Diablos son indomables. Nada nuevo en una escuadra que se mantiene como la más consistente. Cada elemento que integra sus filas conoce las tácticas y estrategias de un frío y calculador Américo Gallego. Sí, sufrieron un ligero sofocón con esa ocasión desaprovechada de Omar… por ello, decidieron que tenían que responder con la misma moneda. Y vaya que lo hicieron con tremenda dosis de peligro: centro desde la derecha, el "Quesos" González se tiende y Luis Michel nos recuerda –como si no lo tuviéramos presente- que Oswaldo no está más, que la gloria y la santidad del cancerbero titular se había ido, dejando alegrías al por mayor y el dolor de un rompimiento que aún cala hasta el fondo de los corazones rojiblancos. El arquero del Rebaño hace lo posible porque la gente empiece a quererlo: tapa la de gajos con el cuerpo y frustra la letal ofensiva de los choriceros.

La pelota circula rápidamente, parece acompañar en su viaje a las inexorables manecillas del reloj. Los minutos discurren. Dinámica y entusiasmo se aprecian sobre la cancha. Ambos quieren la victoria. Son más que tres puntos, es el orgullo el que está en juego. Anfitriones y visitantes tienen cuentas pendientes. Gallego y los suyos saben que no es lo mismo. Ganar en la primera jornada no se asemeja en lo más mínimo a obtener el título; sin embargo, cuando la sed de venganza está presente, no hay pero ni atenuante que valga.

Rojos y rayados lo intentan de diversas maneras. El "Bofo", inspirado y con buen semblante parece estar decidido a comprobar que tiene el talento para ser el delantero que nuestro futbol necesita, toca con maestría; dispara e inquieta a Cristante. Los esfuerzos del espigado delantero no bastan. Chivas coquetea insistentemente con la puerta. Seduce la meta mexiquense sin lograr concretar el romance.

Toluca se concentra en lo suyo. Mantiene la calma y busca hacer daño con sus propios recursos, que se ven disminuidos sin la presencia de Bruno Marioni. Se lo toma con serenidad. Sabe que los obligados son los de casa. Los Diablos hacen su juego, ofenden sin mayor celeridad y confían en el talento individual de su aparato ofensivo para desequilibrar la balanza.

Los deseos y el buen juego no son motivo suficiente para que los cartones se pongan en movimiento. Silbatazo intermedio. La afición expectante, sabiendo que está en el sitio adecuado. Es cuestión de tiempo para que la tranquila repartición de unidades se rompa.

Reinician las hostilidades. La tregua de los quince minutos no sirve más que como un pretexto para pulir detalles y encarar el segundo y último recorrido de la primera gran batalla del flamante Clausura 2007. Se corren las apuestas. La mayoría coincide al señalar que Guadalajara está más cerca de abrir el marcador. Toluca aprovecha la ocasión y, para variar, se convierte en el diabólico aguafiestas: Paulo da Silva prende la redonda con la pierna diestra; su disparo es infame, va con destino a las manos de Michel. No obstante, Sergio Santana se convierte en villano accidental y desvía la pelota. El golero anfitrión está vencido: no tiene más alternativa que levantar la mano y hacer un poco más vistosa la anotación de los comandados por Américo Gallego, quien esboza su ya característica sonrisa triunfal y un poco egocéntrica.

Quedan dieciocho minutos para la reacción local. Dieciséis, quince, catorce… Los segundos no paran de correr. Toluca se siente cómodo. Llega el minuto noventa. Desde la banda se anuncian dos minutos adicionales. La lógica, la ley de las probabilidades y hasta la sensatez de quienes engalanaron las tribunas del Estadio Jalisco señalan que la guerra futbolera ya tenía un ganador. ¡Falta en los linderos del área! La gente expectante, aunque sabe que la esperanza está más fundamentada en los sueños que en la probabilidad de que llegue un soberbio disparo que estremezca la puerta visitante... Ramón se perfila; el balón viaja como en slow motion, supera a la barrera y acelera para anunciar el gol, para decirnos que el ejército rojiblanco y nuestras fuerzas armadas tienen mucho más que una foto en común. A veces no es necesario triunfar para demostrar grandeza…

[mt][foto: Mexsport]

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