El viaje a un mundo verdiblanco

Hay amores que nunca se olvidan… Aunque parapetado en la fría imagen del profesionalismo, la mirada de Oswaldo Sánchez delataba una especie de incomodidad o sorpresa. No es que los colores del...
 Hay amores que nunca se olvidan… Aunque parapetado en la fría imagen del profesionalismo, la mirada de Oswaldo Sánchez delataba una especie de incomodidad o sorpresa. No es que los colores del Santos no vayan con su categoría, sino que le tocó enfrentarse

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPO Estadio Corona, 28 de Enero de 2007

  • Oswaldo y su nueva realidad

Hay amores que nunca se olvidan… Aunque parapetado en la fría imagen del profesionalismo, la mirada de Oswaldo Sánchez delataba una especie de incomodidad o sorpresa. No es que los colores del Santos no vayan con su categoría, sino que le tocó enfrentarse al equipo con el que vivió días repletos de gloria y fantasía. Esos recuerdos son imborrables; ni el dinero ni la poca memoria que existe en el medio futbolístico actual bastan para que quien fuera el último gran ídolo de la afición del Rebaño lo olvidara.

Del otro lado la sensación era bastante parecida. Omar Bravo, Adolfo Bautista y compañía sabían que enfrente tenían a uno de los suyos. Como cuando en los juegos entre amigos, y gracias a los imprevistos de las "cascaritas", toca el turno de enfrentarte a la persona con quien has compartido gratos momentos de tu vida. Pero así es el balompié, así es el deporte que cada vez lo es menos para dar paso al negocio y a la costumbre de jugar futbol por dinero más que por diversión.

No importó que el día y la hora del reencuentro estuvieran pactados con anterioridad. Con la soledad de quien siente que abandonó a los suyos, aunque lo hiciera con argumentos válidos, el hoy arquero titular del equipo de La Comarca se paró bajo sus tres postes y buscó hacer memoria para utilizar los cientos de entrenamiento que tuvo junto a sus rivales del día para intuir cómo se iban a mover y de qué manera iban a buscar hacerle daño.

Las personas se van, las instituciones permanecen. Mientras Guadalajara lució como una escuadra sólida y compenetrada, Santos demostró que hasta esta noche sigue siendo un rompecabezas seductor, de esos que llaman la atención por la belleza que uno imagina que pueden llegar a alcanzar, pero también como una serie de piezas divididas, lejanas la una de la otra. Oswaldo no tardó mucho en comprenderlo…

Las hostilidades comenzaron. El Corona a reventar, abrazando a su nuevo ídolo y teniendo como víctimas por anticipado a Daniel Guzmán y a Eliomar. Bautista lanzó la primera advertencia. "Ya no estás con nosotros", pareció decir la espigada figura del "Bofo" a su ex compañero, al tiempo que lanzaba un disparo que terminó estrellándose en la figura de un defensor lagunero.

No hubo necesidad de una tercera para que llegara la vencida. Si anteriormente ya se había percibido una pequeña sensación de peligro, ésta vez fue algo más que eso. Bautista, aprovechando la fragilidad defensiva de los de casa, recibió la de gajos, la protegió con la espalda y mandó centro picado a segundo poste para la llegada de Alberto Medina. Oswaldo intentó cortar, se tendió… Su esfuerzo fue inútil; el "Venado" elevaba el esférico y lo mandaba hasta el fondo de las redes.

Tendido en el césped de su nuevo hogar, el también cancerbero de la Selección Nacional comprendió que ya no estaba con el Campeón. Era tiempo de pelear por el descenso y de trabajar a marchas forzadas para evitar que el fantasma de la Primera División "A" siguiera convirtiéndose en una realidad atemorizante.

Santos tardó en asimilar la desventaja en los cartones. Salvo un ligero acercamiento a los doce minutos de acción, los laguneros mantuvieron la ineficacia en sector bajo, donde los rojiblancos tocaban verticalmente y de primera intención.

Reconociendo que Oswaldo y el reencuentro con el equipo de sus amores configuraban el principal tema de la obra, Mauricio Morales terminó ocupando, involuntariamente, un importante papel al errar diferentes decisiones. La primera de ellas, una falta de Juan Pablo Rodríguez sobre Omar Bravo en los linderos del área. El silbatazo debido nunca se escuchó. De la Torre manoteó y gritó pero Santos se había salvado de una nueva ocasión de peligro.

El guardián de la meta de La Comarca sufrió de amnesia temporal. Como si hubiera recordado los tiempos en que buscar a hombres vestidos de rojo y blanco era una costumbre, el golero entregó la de gajos a Omar, pero el silbante acabó invalidando la acción. Acto seguido, Michel hizo lo mismo. Admiración en todo momento de parte del joven arquero al que ya está más que consagrado.

Los cuarenta y cinco primeros minutos se fueron de las manos. La escuadra de Daniel Guzmán estaba herida. La diferencia era sólo de un tanto; sin embargo, siempre había estado más cerca la posibilidad del segundo tanto del visitante que la del primero de los anfitriones.

La reanudación acarreó nuevas preocupaciones para el cuadro de casa. Corría el cuarto minuto del complemento cuando un fallido disparo de Diego Martínez, "diarreico" diría Hugo Sánchez, concluyó su viaje en las piernas del "Bofo", quien sin titubeos empujó el balón hasta las redes. Era el dos a cero. Pero Mauricio Morales invalidó el gol y mantuvo la diferencia mínima en los cartones. El hombre de negro parecía equivocarse, aunque a su favor puede argumentar el intento de Medina por hacerse de la de gajos.

Santos empezó a tener mayor posesión de la de gajos. Empujaba a los zagueros enemigos hacia su puerta y era impulsado por el júbilo de su afición. ¿El empate estaba cerca?  Quizás de acuerdo a la justicia deportivo, pero no a las sorpresas del balompié. Efectiva pared entre Bravo y Diego Martínez. Del primero para el segundo; del segundo para el primero, y anotación de éste. Oswaldo salió como tigre hambriento. No fue suficiente. La pelota se le escabulló y el dos a cero que mataba el esbozo de reacción era tan real que el partido se reiniciaba en el cinturón del campo.

El show rojiblanco seguía su marcha. Guadalajara ya no tiene a un santo en su meta. No le hace mucha falta, al menos no hasta entonces, pues los huecos dejados por sus oponentes facilitaban cualquier tipo de ocasión ofensiva. Y llegó la inspiración de Medina. Toma la pelota en tres cuartos de cancha, ingresa al área, conduce la redonda, pica hacia el centro y saca disparo cruzado categórico, de esos que llevan destino manifiesto desde el instante mismo en que el pie entra en contacto con el balón. Tres a cero. Oswaldo echaba de menos al equipo que hoy lo estaba matando con tres puñaladas monumentales.

El "Travieso" estaba derrotado, abatido y desesperado por los insultos que le caían como tromba desde la tribuna. De pronto, un pequeño túnel salvador aparecía en el camino. Una luz de esperanza que de tan tenue parecía impredecible, pero cuando no hay más opción basta el más mínimo destello para que la ilusión se fortalezca. Ludueña aprovecha un rebote y hace más decoroso el tanteador. Es mejor perder por dos que por tres, comentaban dos aficionados mientras esbozaban una sonrisa repleta de pesimismo. Pasan unos cuantos instantes… Tiro libre a favor de los laguneros. Se perfila "Hachita", el mismo que hizo posible lo improbable con los Tecos, sueña con una reacción heroica, de esas que le gustan, y marca el tres a dos.

Oswaldo aplaude, alza la voz. Por primera vez comprende en toda su magnitud que está en una nueva escuadra y que a esos colores se debe a partir de ahora. Los segundos discurren… Se agregan tres minutos. Disparo de Castillo; atrapa Michel. Silbatazo final. Guadalajara vibra con un triunfo que le terminó costando sangre; Santos se hunde en la porcentual y el más reconocido de todos nuestros arqueros se va reflexivo y adaptándose a una nueva realidad, a un mundo en el que se vislumbran nuevas metas y diferentes objetivos.

[mt][foto. Mexsport]

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