La afición del Atlas, más fiel que nunca

Tal parece que con la convocatoria a los tres jugadores atlistas por parte de Hugo Sánchez a la Selección, impregnó el espíritu del "Macho" al Atlas. Alguna vez dijo el Pentapichíchi que había que...
 Tal parece que con la convocatoria a los tres jugadores atlistas por parte de Hugo Sánchez a la Selección, impregnó el espíritu del "Macho" al Atlas. Alguna vez dijo el Pentapichíchi que había que poner "un par de narices", y eso, ni más ni menos, fue lo

Alexander Jiménez | MEDIOTIEMPO (Corresponsal)Guadalajara, Jalisco. Sábado 24 de Febrero de 2007

  • Para olvidar el estado de la cancha

Tal parece que con la convocatoria a los tres jugadores atlistas por parte de Hugo Sánchez a la Selección, impregnó el espíritu del "Macho" al Atlas. Alguna vez dijo el Pentapichíchi que había que poner "un par de narices", y eso, ni más ni menos, fue lo que los rojinegros pusieron con el fin de quedarse con los tres puntos.

¿Qué más se podía pedir?, un equipazo el de Romano, entrega, valor, coraje y mucha enjundia fueron las características de un cuadro que, con un elemento menos, mostraba que no siempre el "catenaccio" región 4, el del Profe Cruz, se impone en México.

El ex Godoy Cruz, Franco Mendoza, quien se hizo famoso en México por mentarle la madre a una mujer, calló a los aficionados de asiento del Atlas, no así a los barristas, quienes parecía que gritaban al unísono el gol atlantista, pero era el aliento a su equipo ante la adversidad.

Era notable el desconcierto del Zorro por la desventaja tempranera, como evidente el maltrato que quedó en la cancha gracias al concierto de "Floricienta", quien se presentó en el inmueble ayer, abarrotando de infantes la cancha, como lleno de incógnitas estaba Romano ante el crucigrama por descifrar.

Nunca antes los Rojinegros tuvieron que venir de atrás en el marcador, y con Jair en el campo, las condiciones no eran tan alentadoras.

La desesperación, el ansia, los errores, desaciertos y otros desazones futbolísticos los palpó el aficionado rojinegro, no se veía por donde. Nadie podría recriminar la falta de esfuerzo, pero sí la carencia de ideas, y la desubicación de Jair García.

Es cierto, no era culpa del Atlante, pues igual aprovecharon el error defensivo, y después decidieron darle la pelota, el terreno y la urgencia al Zorro.

Sería complicado tratar de contar los insultos que se llevó Nicolás Olivera cuando erró la mejor situación que creó Atlas, justo antes del entretiempo, el cual dejó la desagradable sensación, real, pero verídica, que no hay equipo invencible, por más invicto y superlíder que sea.

Con el inicio del complemento, se le vino la noche al equipo de Romano, pues en una descolgada de Adalberto Robles, Mario Rodríguez salió a defender su arco ante todo, también ante una expulsión.

La barrida fue inevitable, y el exilio en rojo para el arquero también. La tragedia tenía cara de derrota.

Sin embargo, esa cara cambió, y los insultos que se ganó por errar antes del fin del primer tiempo, Nicolás Olivera los cambió por el profundo y desgañitado grito de gol, tras un disparo desde fuera del área que liberó la tensión y que devolvió la confianza al Jalisco.

La salida de Jair se vio envuelta de abucheos. El eje de ataque volvió a defraudar, sin visión, sin ubicación y mucho menos gol caracterizaron al delantero que mostró nuevo "look": pelo corto a lo mohicano, rayos y los oídos llenos de abucheos.

El grito no solo de la barra, sino de todo el estadio era potente, contagioso, se sentía el ambiente de cualquier tribuna popular argentina, con los constantes movimientos de brazo en señal de aliento y todo.

“Vamos Rojinegros, que esta noche tenemos que ganar”, y “cómo no te voy a querer, si mi corazón es rojo y mi sangre negra”, eran la evidencia de una entrega mutua y total.

Sólo faltó una cosa en el Jalisco, el triunfo, porque la “Fiel” puso todo lo demás, y el equipo también.[mt][Foto: R.Ruiz/MEXSPORT]

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