Frustración en la cancha y en la tribuna

Hay formas de perder un partido, y la que le tocó al Atlas esta noche no fue la mejor, ante un rival que tuvo muy, pero muy pocas situaciones al frente y ante el cual los Rojinegros se dedicaron a...
Hay formas de perder un partido, y la que le tocó al Atlas esta noche no fue la mejor, ante un rival que tuvo muy, pero muy pocas situaciones al frente y ante el cual los Rojinegros se dedicaron a jugar al frontón, incapaces de anotar a pesar de
 Hay formas de perder un partido, y la que le tocó al Atlas esta noche no fue la mejor, ante un rival que tuvo muy, pero muy pocas situaciones al frente y ante el cual los Rojinegros se dedicaron a jugar al frontón, incapaces de anotar a pesar de

José Anguiano | MEDIOTIEMPO (corresponsal)Estadio Jalisco. Sábado 10 de Marzo de 2007

  • El "Gato" se la pasó recibiendo disparos y cubriendo su arco a mansalva

Hay formas de perder un partido, y la que le tocó al Atlas esta noche no fue la mejor, ante un rival que tuvo muy, pero muy pocas situaciones al frente y ante el cual los Rojinegros se dedicaron a jugar al frontón, incapaces de anotar a pesar de que generó infinidad de oportunidades frente a Ortiz.

La gente agradeció el esfuerzo al final, pero de poco sirvió, pues se acabó el invicto, se acabó el grito de gol, atorado y ahogado por la rabia de que un cuadro defensivamente ordenado venció al que aspiraba a pelear el Superliderato.

De nada sirvió el ¡Atlas, Atlas! Del público al final, de nada sirvió que estuvieran encima del arco contrario.

El encuentro comenzó con un marcado dominio del Zorro, se esperaba, pues difícilmente de la noche a la mañana Vucetich cambiaría su estrategia defensiva. Sorprendente resultó que en 12 minutos de juego Atlas generó por lo menos tres situaciones de gol, mientras que a esas alturas Jaguares tocaba tímidamente el arco del arquero que rompe marcas en este torneo, Mario Rodríguez, mediante un tiro de esquina.

La consigna era clara. La postura de los chiapanecos consistió en entregarle el balón y la cancha al cuadro local, y que le hagan como quieran, mientras Vucetich tenga las condiciones para sumar puntos -cosa que no ha podido hacer en sus tres jornadas dirigiendo-, todo es mejor.

Se fue la primer media hora, y al cumplirla, Guardado desperdició la enésima situación frente al "Gato" Ortiz, quien cumplía en este encuentro la sentencia de Eduardo Galeano en su definición sobre los porteros, quienes parecen prisioneros esperando la hora del fusilamiento, aunque en este caso, el "Gato" se la pasó recibiendo disparos y cubriendo su arco a mansalva.

Poco antes de entrar en la recta final de la parte inicial, el público comenzó a recriminar al cuadro visitante su postura mezquina, conservadora y poco agresiva, mientras tanto, los de Chiapas seguían en lo suyo.

Y en lo suyo siguieron, saliendo de a poco, tomando la pelota y buscando sorprender, hasta que, así sigilosamente, marcaron el gol y nadie se dio cuenta, tampoco los defensas atlistas cuando Alejandro Vela metió un centro a media altura, que Javier Cámpora mandó a guardar. Nadie se dio cuenta, y sin embargo, los aficionados atlistas terminaron el primer tiempo masticando coraje como si fueran piedras, entre insultos a Cámpora y a los dos aficionados a Chiapas en la tribuna norte, los únicos que gritaron la anotación del rosarino.

Para el complemento la historia fue exactamente la misma. No había forma, el muro defensivo que Jaguares construyó desde el inicio del encuentro rebasaba las dimensiones del extinto muro de Berlín, inquebrantable e impenetrable a piedra y lodo.

Solo a los 50’ hubo forma de arrancarle el aplauso al público de Atlas, y fue cuando ingresó Daniel Osorno en lugar de Juan Pablo Santiago, buscando con esa modificación darle un poder ofensivo que no tenía al Zorro.

El ingreso de Osorno fructificó en buen futbol y situaciones al frente a los 60’, cuando en una jugada que surgió de sus botines, terminó en un penal a favor de Atlas, aunque la ejecución la erró el mimsmo que la había inventado, Reinaldo Navia, provocando el "aaahh" generalizado de la tribuna.

De ahí en adelante, Atlas cayó en la desesperación, impotencia, inoperancia, ante una defensa bien ordenada y sin resquicios para un rival que había desaprovechado varias, pero la del penal fue la más clara.

De repente, al 69’ el árbitro Francisco Chacón, al que Omar Bravo le dijo que "no existe, y que no es nadie", determinó echar a Rubén Omar Romano, aunque la decisión del juez el técnico atlista la ignoró olímpicamente hasta que Chacón detuvo el reloj para dar la pauta a la salida de Romano, quien, a regañadientes y ante el aliento de la Barra 51, se enfiló a las tribunas. Casualmente, el último árbitro que lo expulsó en el Jalisco también fue un Chacón, pero Miguel Ángel, en otra infortunada noche de Romano.

Por adentro, por fuera, de media distancia, con triangulaciones, dentro del área, frente al arquero, rebotes a favor, de todo tuvo Atlas, jugadas para aventar al cielo y repartir, y nunca pudo vencer a Ortiz.

Cada partido es diferente a los demás, pero en este no se sentía la vibra y la intensidad que en aquél ante Atlante, donde el zorro vino de atrás y empató. Inclusive la afición se veía como adormecida, como si Jaguares hubiera inyectado una vacuna somnolienta no sólo a su rival, sino a los cerca de 28 mil aficionados presentes.

Así terminó el partido, así se acabó el invicto, así de evidenciado quedó Atlas ante un equipo inteligente, pero con muchas precauciones.

[mt][foto: R.Ruiz/MEXSPORT]

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