Un tributo al 'Emperador'

Al "Emperador" de nuestro futbol con cariño. No había mejor forma de honrar a uno de los defensas centrales más importantes en la historia del balompié mexicano que obtener el triunfo ante un...
 Al "Emperador" de nuestro futbol con cariño. No había mejor forma de honrar a uno de los defensas centrales más importantes en la historia del balompié mexicano que obtener el triunfo ante un rival de prestigio, mostrando personalidad en cada sector del t

Mauricio Cabrera|MEDIOTIEMPOEstadio Universitario. 25 de Marzo de 2007

  • Una fiesta norteña con nombre y apellido

Al "Emperador" de nuestro futbol con cariño. No había mejor forma de honrar a uno de los defensas centrales más importantes en la historia del balompié mexicano que obtener el triunfo ante un rival de prestigio, mostrando personalidad en cada sector del terreno de juego y detonando una fiesta norteña con nombre y apellido. No fue un partido cualquiera, fue el día en que Claudio Suárez recibió un mínimo porcentaje de las muchas alegrías que nos regaló con épicas actuaciones sobre el terreno de juego. La Selección no le falló; tampoco los miles de asistentes a las tribunas ni un oponente que hizo gala de sus argumentos futbolísticos.

Escenario inmejorable.  El estadio Universitario vestía  sus mejores galas, pintado de verde y con miles de corazones latiendo en torno a una misma pasión y a un mismo sentimiento. México –el de un Hugo Sánchez emocionado por volver a la tierra que lo vio dar sus primeros pasos como profesional; el de un Claudio Suárez sonriendo mientras en  la profundidad de su mirada se agolpan las vivencias de un grande; el de una sociedad que encuentra en once guerreros en calzoncillos un oasis de identidad y patriotismo oportuno para exaltar el verdadero orgullo de ser mexicano.

La victoria a como dé lugar. Con decisión impertérrita, la oncena tricolor salta a la cancha y toma la pelota desde el primer minuto. Paraguay en lo suyo: echado atrás con orden y aplicación, aprovechando que conoce nuestras fortalezas y debilidades. Los nuestros, los de sangre azteca, ni se inmutan, confían en su capacidad ofensiva. Y rápido empieza el despliegue ofensivo. "Kikín" Fonseca se queda a centímetros de poner en movimiento los cartones. Martino se meza los cabellos, comprende que no será un sencillo atardecer. Hugo aplaude, se lamenta por la ocasión fallida pero sabe que su equipo seguirá produciendo.

El duelo de amistoso no tiene nada. Como si buscaran ser fiel reflejo de las virtudes gladiadoras del homenajeado, mexicanos y paraguayos van por cada esférico como si en él fuera la vida de por medio. Por ello no extraña que las cabezas de Verón y Bravo choquen violentamente ni que el árbitro tenga que estar atento para procurar que la vehemencia no se transforme en delito.

Los golpes se alternan invariablemente con los chispazos de talento del binomio más promisorio del llamado equipo de todos. De Ramón para Guardado: de Andrés para Morales… Un verdadero agasajo lo que hacen estos dos sobre el corredor izquierdo de la cancha. Y es justamente el de las Chivas el que le deja la mesa puesta a Fonseca, quien embiste y cruza demasiado la redonda. El "Volcán" registra actividad mas no hace erupción. Hace falta el último toque, el de la rúbrica, el de la catarsis asegurada.

Osorio avisa que está presente, no viajó desde Alemania para pasar desapercibido. Dispara y la pelota se va apenas abierta del arco enemigo. Paraguay se cansa de ser ofendido, lanza advertencia que estremece el arco de Guillermo Ochoa. No pasa a mayores. El también cancerbero americanista se frota las manos agradecido por entrar en acción y anima a los suyos.

Las manecillas corren, los minutos se extiguen. Hugo se contiene como león enjaulado en el área técnica. Sus delanteros se muestran incapaces de superar a unos defensores que también homenajean a Claudio con aplicación indómita y con la pierna fuerte.

Se escucha el silbatazo inicial. El Universitario disminuye su temperatura. Los paraguayos están saliendo vivos. Se les ve una sonrisa tímida en el rostro, saben que la igualada es un buen negocio. La historia aún no concluía, para fortuna nuestra…

De vuelta a la acción. Sobre el rectángulo verde se aprecia el pesado andar de un hombre de piernas largas e irreverente figura: Adolfo Bautista, el que no acepta ser sustituido, el que consigue tres puntos cuando regala una milésima de su talento. La gente norteña merece irse con la victoria a casa.

México sigue con el esférico. Los guaraníes no cambian de actitud, aunque sí se muestran más dispuestos a ofender. Tan es así que Magallón a un paso está de marcar en propia puerta cuando intenta rechazar un centro peligroso llegado desde el costado izquierdo. Los nuestros pierden profundidad, empieza a contemplarse un posible cero a cero final

Hugo entiende que hace falta un revulsivo. Voltea y no falla: Jared Borgetti a la cancha. El de Sinaloa acepta su rol protagónico. La pelota viaja. Adolfo Bautista sabe sin ver que alguien vestido de verde merodea en el área. Ocho, nueve, diez segundos después de haber ingresado, Jared aparece como si nada en el área sudamericana y pica la pelota a segundo poste. Tras setenta y ocho minutos de esfuerzo, los nuestros reflejan la superioridad en los cartones.

Los de Gerardo Martino ya no son los mismos. Se ven molestos consigo mismos, lastimados en su orgullo. Mientras buscan arreglar con golpes el desequilibrio en la balanza, Gonzalo Pineda se manda un intento de gol olímpico que impacta en el poste. Con la suerte del goleador letal, del guerrero experimentado de mil batallas, Borgetti se encuentra la pelota; mejor dicho, la de gajos encuentra a Jared y éste la empuja con la tranquilidad de quien deposita la cartera en un cajón. Es el segundo triunfo en la era de Hugo; el primero en territorio nacional.

Paraguay busca dejar algo para el recuerdo… y lo consigue. Primero mediante un artero manotazo sobre Fernando Arce, suficiente para que Jiménez salga pintado de rojo y, posteriormente, a través de una buena acción coronada por Roque Santa Cruz para poner un dos a uno que para nada opacó el gozo de una afición entregada a su Selección y a un inmortal "Emperador" de las guerras en calzoncillos.

[mt][foto:O.Martínez/MEXSPORT]

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