Con la pasión de un buen Clásico

El pueblo amarillo en su totalidad sale para linchar al enemigo regional. No hay centímetro de respiro para los llegados de Monterrey. En las tribunas, sólo unos cuantos aficionados de la Pandilla...
El pueblo amarillo en su totalidad sale para linchar al enemigo regional. No hay centímetro de respiro para los llegados de Monterrey. En las tribunas, sólo unos cuantos aficionados de la Pandilla logran hacerse presentes; los demás fueron ahuyentados por
 El pueblo amarillo en su totalidad sale para linchar al enemigo regional. No hay centímetro de respiro para los llegados de Monterrey. En las tribunas, sólo unos cuantos aficionados de la Pandilla logran hacerse presentes; los demás fueron ahuyentados por

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio Universitario. 31 de Marzo de 2007 ante una buena entrada

  • El partido no defraudó a nadie

El pueblo amarillo en su totalidad sale para linchar al enemigo regional. No hay centímetro de respiro para los llegados de Monterrey. En las tribunas, sólo unos cuantos aficionados de la Pandilla logran hacerse presentes; los demás fueron ahuyentados por los cuerpos policíacos y por los filtros excluyentes con que se pusieron a la venta los partidos para el Clásico del Norte. Un mundo atigrado con apenas un minúsculo lunar que bien puede terminar convirtiéndose en un cáncer maligno que resulte letal al término de los noventa minutos es lo que puede apreciarse en el Volcán más activo de nuestro país.

Para reafirmar el trazo del círculo exclusivo en el que gustan vivir los regiomontanos, el árbitro es José Abramo Lira, nativo de Nuevo León. Es la fiesta de los regios, le guste a quien le guste y le importe a quien le importe, porque este Clásico es de ellos y poco pasa si en el resto del país los ratings son comunes y corrientes. Se escucha el silbatazo, acompañado éste por el grito apabullante de "Tigres, Tigres". Los Rayados están solos, es evidente.

El minuto de acción está por llegar cuando Jaime Lozano decide que no es necesario perder el tiempo acechando a la presa. No entiende para qué si puede acometer de manera sorpresiva y herir al oponente antes de darle tiempo de pensar. El "Jimmy" Lozano ofende el arco visitante. Martínez rechaza y se congela el primer embate furioso de los anfitriones.

La escuadra de San Nicolás de las Garza mantiene su propuesta ofensiva. Quiere el triunfo, tanto por el valor estadístico como por la sonrisa que ese hecho dibujaría en cada uno de sus fieles y selectos seguidores. Cáceres prueba suerte; el cancerbero rival vuelve a estar bien colocado y a impedir la explosión de catarsis felina.

Herrera se muestra inquieto. Su equipo no tiene la pelota y cede la iniciativa al oponente. Como queriendo provocar a los Tigres, el "Piojo" muta en un feroz león dentro de su área técnica. Abramo le lanza la advertencia: "te tranquilizas o te vas". Miguel no hace mucho caso. Finge volver a su sitio y encontrar una tranquilidad inédita en él.

El que mucho abarca poco aprieta, afirman quienes gustan de los dichos. En este caso, algo similar sucede con los de Mario Carrillo: llegan, tienen la pelota, mas no consiguen poner en movimiento los cartones. Tigre que ladra no muerde, se convencen los de la Pandilla y hacen explotar el dinamita escondida en las piernas de Jesús Arellano. Cabezazo de prolongación por parte de Erviti; deficiente marcación en línea del cuadro local y correcta concreción del "Cabrito". Uno a cero inesperado a favor de los Rayados. El grito de toda la noche se repite: "Tigres, Tigres". Sólo unos cuantos aventureros se abrazan entre sí para festejar el estate quieto propinado a los e casa.

De pronto, los felinos se apoyan en el reglamento y en la rígida aplicación de las reglas para emparejar el marcador. Mario Ruiz es trompicado por Martínez. Abramo no duda, señala el manchón penal. Se perfila "Jimmy". Uno, dos… Lozano conecta la de gajos, el esférico dibuja un globito infame que es fácilmente controlado por el arquero visitante. Monterrey festeja; Christian se siente el héroe del momento, pero (siempre el maldito pero) el juez central aprecia un movimiento frontal del guardavallas antes de la ejecución de la pena máxima. Señalamiento reglamento sí; también inmerecido, pues Lozano, después de semejante aborto de disparo, no merecía más que el adiós inmediato de las canchas y el premio al oso de la jornada. La segunda fue la vencida; Lozano estremeció las redes. Empate cardíaco a uno.

El equipo de San Nicolás de los Garza vuelve a ser el que dicta el qué y el cómo se llevan a cabo las acciones sobre el rectángulo verde. Toca y toca la de gajos. Para seguir por el mismo sendero, con un ataque chato, falto de fuerza y aún más de imaginación.

El primer tiempo agoniza. Estamos a cuatro minutos del intermedio… Un inédito Leandro Gracián conecta la redonda sin contemplación alguna e incrusta la de gajos. Edgar Hernández puede quedarse con ella, pero decide volver a encender la polémica en torno a quién debe ser el cuidador de la meta felina y reacciona en slow motion, con las piernas dobladas y las manos frágiles. Dos a uno. Los Rayados felices de la vida.

La victoria parcial para los forasteros vuelve a durar muy poco. Severo, haciéndole honor a su nombre, se barre con los tacos por delante y con decisión de tractor acometiendo un vehículo compacto para quedarse con la de gajos. El hombre de negro no duda: la pelota al punto de tiro penal. Lozano ya no está dispuesto a quedarse como villano, suficiente tuvo con el error lavado gracias al silbante.

El entretiempo llega irremediablemente. El pueblo amarillo que vive en el Volcán no sabe si festejar o mantenerse cauto ante la igualada a dos tantos. Es mejor esperar el complemento…

Monterrey sale a la cancha con más orden. No presiona en demasía. Tiene mejor posesión del esférico y congela parcialmente el ímpetu de los anfitriones. El ritmo disminuye hasta que uno acostumbrado a marcar la diferencia se decide a disparar y a capitalizar la inocencia del arquero felino con un disparo cruzado sí, mas no inalcanzable para algún otro portero. Edgar (nombre común en estos tiempos para hablar de vergüenzas y ridículos) se lanza de forma muy poco estética y termina pasándose. Tres a dos. Si los Rayados conservan la ventaja durante más de dos minutos ya será ganancia... Lo consiguen hasta cierto punto.

 Corren los setenta minutos. Cubero salta con el brazo levantado y se lleva su segundo cartón preventivo. Reclama unos cuantos instantes… después de pensarlo bien, se dice que no es tan mala idea anticipar la compañía de Nicole Neumann. Así duele menos la expulsión.

La contienda sigue su andar. El Volcán empieza a perder fuerza, a ceder terreno ante la inusual aplicación de los Rayados. El "Loquito" García entiende que es la inmejorable oportunidad de lavar en un porcentaje considerable su rendimiento inestable a lo largo del torneo y saca disparo cruzado que estremece las redes del equipo de la Sultana del Norte. Martínez coopera con una mala ubicación. Tres a tres espectacular.

No va más. El partido concluye. El Clásico Norteño cumple más que otros etiquetados e de manera semejante. Al final, una igualada que de poco sirve para ambas instituciones, pero que hizo pasar un buen rato a los seguidores… Eso, en el balompié actual, es de agradecerse.

[mt][foto: A. Acosta/MEXSPORT]

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas
×