Calor, mucho calor en el Olímpico

Nunca se viven tibiamente… Los Pumas-América tienen siempre un cosquilleo especial. Hoy se sentía un hormigueo que recorría el cuerpo desde el momento que uno se acerca al estadio y ve que la...
Nunca se viven tibiamente… Los Pumas-América tienen siempre un cosquilleo especial. Hoy se sentía un hormigueo que recorría el cuerpo desde el momento que uno se acerca al estadio y ve que la Policía -¿toda?- está apostada en un rango amplio alrededor del
 Nunca se viven tibiamente… Los Pumas-América tienen siempre un cosquilleo especial. Hoy se sentía un hormigueo que recorría el cuerpo desde el momento que uno se acerca al estadio y ve que la Policía -¿toda?- está apostada en un rango amplio alrededor del

Walter González | MEDIOTIEMPOEstadio Olímpico de CU, 8 de Abril de 2007

  • Le dio suerte a Verón su pequeña hija
  • Los niños Sancho y Cuauhtémoc, se dijeron de todo

Nunca se viven tibiamente… Los Pumas-América tienen siempre un cosquilleo especial. Hoy se sentía un hormigueo que recorría el cuerpo desde el momento que uno se acerca al estadio y ve que la Policía -¿toda?- está apostada en un rango amplio alrededor del escenario, aprovechando el momento para lucir toda la flotilla de camionetas pickup y las antimotines Mercedes Benz.

La lluvia de proyectiles que se dio cuando la Monumental se encontró con parte de la Rebel puso a trabajar a los dos Ministerios Públicos instalados en la explanada de Ciudad Universitaria donde antes del duelo había ya unos 30 detenidos de ambos bandos.

En la cancha la intensidad era otra, mucho más lógica, deportiva. Cuando Pumas salió al campo en la pista de tartán una pequeñita niña, que en brazos de un encargado esperaba a que Darío Verón, su papá, saliera del vestidor. El paraguayo, tras tomarse la foto oficial la cargó, la apapachó, la besó, con una delicadeza y ternura que para muchos parece imposible en brazos del recio defensa central. Poco después, Verón anotaría el primer gol del partido y zafándose los abrazos de sus compañeros corría a la orilla del campo para dedicar la anotación a su esposa y su hija.

En tanto, América decidió salir al campo justo cuando sonaba el Himno Deportivo Universitario; una actitud que no sabemos en qué tanto les beneficia, pero que si genera ese escozor de una irreverencia innecesaria. Las Águilas se pararon en el centro del campo mientras lo puños universitarios apuntaban al aire... ¿pero qué necesidad? diría, el buen Juan Gabriel.

El juego fue realmente intenso, bien jugado tácticamente, los dos equipos se entregaban a tope y las típicas discusiones entre Sancho y Cuauhtémoc que a veces parecen ya una obsesión sin sentido, afortunadamente tardaron en llegar y fue hasta el cierre del juego cuando aparecieron. Como alguna vez dijo el propio Cuau en alguna guerra de declaraciones, "parecemos niñas"… Sí, cuando empiezan con los manotazos, a decirse de sus madres y cada quien a intentarle meter su idea al árbitro, opacan su futbol y se pierde un poco el sentido de intensidad.

Gol puma, fiesta total, el estadio se cae a gritos y por primera vez la facción americanista, en franca minoría pero muy entusiasta, se quedó en silencio por unos instantes. Sin embargo, el equipo del "Tuca", luego de tantas ventajas perdidas, ya no se siente cómodo con el marcador a favor y pese a los desgarradores gritos de Ferretti, perdieron la posesión de la pelota.

América jugó por lapsos, tenía muy claro cuándo atacar y cuándo aguantar. El principio del segundo tiempo era el momento de buscar el empate… y lo consiguieron. Villa tomó la pelota y con un disparo tremenbundo venció a Rogelio Rodríguez; el irreconocible americanista se fue directito y sin escalas a festejarle en las narices a la afición puma del lado del palomar.

El partido se fue metiendo a una tensión especial. Llegaba el momento de decidir el marcador y las Águilas estaban muy a gusto con el 1-1, lo había trabajado bien y ¿porqué no firmarlo?. Pumas, en tanto, tomó nuevamente el control del duelo, apretando en el medio campo.

Comenzaron a crujir los huesos, durante unos 10 minutos el juego tuvo choques tremendos en cada jugada; volaban jugadores por aquí y por allá, con entradas muy fuertes pero por la misma ética del jugador, muy nobles. Cuando un partido se pone así hay un código tácito entre los jugadores, se está peleando tan fuerte que no se puede entrar de manera desleal pues inmediatamente significaría una lesión. Así, se iba durísimo al balón, se daban de caballazos, se jaloneaban pero no había entradas a lastimar.

Pumas, como ya se está volviendo una costumbre, acabó acosando al rival, jugando con buen ritmo, con gran corazón pero sin certeza ante el arco. Una, otra, y otra vez… Ailton entró y aunque hizo un par aún se ve duro, pesado después de la lesión, sin embargo consiguió tener la más peligrosa tras una pared rápida y larga con Scocco que falló estrellándola en el pecho de Ochoa.

Por entrega no paró por parte de ambas escuadras, Pumas acabó el duelo con el grito de gol abortado en la garganta, pero cuando un equipo empata 6 veces al hilo con esta misma premisa, el jugador comienza a ver como derrotas cada uno de estos empates. El "Tuca" hizo los cambios que pudo, metió al joven promesa Pablo Barrera que vivió a tope el duelo y por el otro lado a Ariel González que sigue un tanto fuera de ritmo.

En una de esas, el jovencito Barrera desbordó por la derecha, llegó a línea de fondo y se trenzó con el Alvin Mendoza que entre jalones, manotazos y rasguños detuvo al novel universitario y salió con la pelota. Palencia vio la jugada y se le fue encima con todo el cuerpo al americanista, sacudiéndolo con un caballazo que casi hace que se le salten los ojos del susto a la Asistente 2 Isabel Tovar. Palencia fue claro después del choque, "no te pases de verg…" y se señalaba el pecho como diciéndole, métete conmigo no con el chavito. Alvin le espetó dos tres linduras, pero la carrocería del puma es respetable y no estaba como para ponérsele al brinco.

Al silbatazo final, los dos niños terribles de la cancha, Sancho y Cuauhtémoc hablaban con el árbitro diciéndole que el otro era más feo. Así se alejaron cada quién a sus vestidores, con miraditas y palabras retadoras, tal vez las últimas de Blanco en una de sus canchas "especiales" por la rivalidad, la de CU… "Nos vemos a la salida".

[mt][fotos: Mexsport]

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