Pumas y América, entre los números y la ideología

Se anunciaba el fuego cruzado. Rodeado de miles de policías y engalanado por feligreses de ideologías opuestas desde el momento mismo de su respectiva concepción, el estadio Olímpico se...
Se anunciaba el fuego cruzado. Rodeado de miles de policías y engalanado por feligreses de ideologías opuestas desde el momento mismo de su respectiva concepción, el estadio Olímpico se transformaba en territorio de guerra deportiva, en el escenario de un
 Se anunciaba el fuego cruzado. Rodeado de miles de policías y engalanado por feligreses de ideologías opuestas desde el momento mismo de su respectiva concepción, el estadio Olímpico se transformaba en territorio de guerra deportiva, en el escenario de un

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOCiudad universitaria, 8 de Abril de 2007 ante una buena entrada

  • Pumas no supo manejar la ventaja

Se anunciaba el fuego cruzado. Rodeado de miles de policías y engalanado por feligreses de ideologías opuestas desde el momento mismo de su respectiva concepción, el estadio Olímpico se transformaba en territorio de guerra deportiva, en el escenario de una pasión elevada a la máxima potencia en cuanto auriazules y azulcremas se ven las caras sobre el rectángulo verde.

Clásico o no, qué importa. Los duelos entre Pumas y América enfrentan a la izquierda y la derecha de nuestro balompié, a los aficionados con más diferencias sociales e intelectuales del futbol mexicano.

El batallón de Ricardo Ferreti salió a imponer condiciones desde el silbatazo inicial. Quería destrozar al rival, dejarle muy en claro quién manda en los rumbos del Pedregal.

Pisando con fuerza, Palencia, Sancho y el resto de guerreros universitarios tocaban la pelota con la ilusión de lastimar al enemigo más odiado, al oponente al que se dirigen todos los dardos universitarios. Coqueteo mas no concreción, así fueron los embates del cuadro local en los primeros minutos de la contienda.

América, con una frialdad característica que fácil se confunde con apatía, tardó en probar a Rogelio Rodríguez. Pero cuando lo hizo fue utilizando dinamita pura. Cabañas aparece y la pelota pasa a centímetros. Los de Coapa se hacen sentir; con filosofía conservadora pero letal.

Los de azul y oro comprenden que al rival hay que matarlo antes de darle tiempo a sus individualidades. Scocco se queda cerca; Leandro tampoco puede con Memo Ochoa, quien, sin embargo, pierde la etiqueta de invencible en cuanto se produjo un saque de esquina por la punta derecha.

La pelota voló; Davino, marcando más como bailarina desconcertada que como atento futbolista, suelta en la marca a Verón y permite que este mande la de gajos justo al ángulo derecho del cancerbero emplumado. Uno a cero que hace explotar las tribunas. Las Águilas se ven obligadas a volar con mayor fuerza.

La orden desde el banquillo local es clara: todos atrás, a guardar el golecito, como si no hubieran tenido suficientes lecciones en compromisos pasados. Y así, Pumas se agazapa en terreno propio, se esconde como si careciera de garras suficientes para volver a hacer daño. Los de Luis Fernando Tena agradecen el detalle, adelantan líneas y se sienten más cerca de la igualada que de recibir el segundo golpe de los anfitriones.

La cuenta regresiva que marca el adiós de la primera mitad sigue su marcha. Caen los últimos granos de arena y gracias a la poca efectividad de Cabañas, los de casa se van con la ventaja a los vestidores. Uno a cero, ventaja mínima pero suficiente para que los de azul y oro rujan como despavoridos por el placer de estar victimando a los odiados vecinos del Azteca.

Los seguidores felinos no se equivocan. Saben que su equipo no sabe conservar marcadores y que está dando demasiadas libertades. Presienten, por más que se niegan a reconocerlo, que el gol del América está por llegar. Villa se empeña en darles la razón y saca disparo impulsado por el orgullo americanista que tan en peligró de extinción está después de la ya oficial despedida de Cuauhtémoc Blanco.

El cañonazo emblemático de Germán va y se guarda bajo llave justo en el ángulo derecho de Rogelio Rodríguez, quien vuela y siente el aire emanado del balón, mas no puede rechazarlo. Al caer, voltea hacia su arco y siente el estremecimiento de las redes.

 De ahí en adelante no se presenta mucho que contar. Pumas no se conforma pero carece de potencia ofensiva; América dice que es suficiente, se da por bien servido con el empate y considera que basta con el esfuerzo realizado.

 A los felinos les falta empuje y contundencia para lograr algo más que una insípida igualada, mientras que a las Águilas, por más que les esté yendo bien en la liga, les resta recordar sus principios institucionales y dejar de lado decisiones tan comodinas como la de prácticamente decir adiós a la Libertadores y, por si fuera poco, salir con una sonrisa de oreja a oreja gracias a la repartición de unidades ante los de azul y oro.

En la estadística ganan los de Coapa, que enfilan a la clasificación; en la práctica, los del Pedregal fueron más fieles al estilo y a la pasión que promueven.

[mt][foto: O. Martínez/MEXSPORT]

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