América triunfó con la templanza del ajedrecista y el genio de Blanco

El sentido aventurero del balompié americanista es guardado bajo llave. Las circunstancias así lo ameritan. Cuando se juegan dos partidos en menos de veinticuatros horas, es necesario que salga a...
 El sentido aventurero del balompié americanista es guardado bajo llave. Las circunstancias así lo ameritan. Cuando se juegan dos partidos en menos de veinticuatros horas, es necesario que salga a relucir el ajedrecista que capitalice al máximo las posibil

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio Azteca. 17 de Mayo de 2007 ante una excelente entrada

  • América supo mover sus piezas en el campo

El sentido aventurero del balompié americanista es guardado bajo llave. Las circunstancias así lo ameritan. Cuando se juegan dos partidos en menos de veinticuatros horas, es necesario que salga a relucir el ajedrecista que capitalice al máximo las posibilidades de cada una de las piezas.

Luis Fernando Tena acepta ese rol y plantea la contienda ante el odiado rival con la paciencia de quien sabe mover a sus peones mientras aguarda el instante propicio para mandar al ataque a los elementos de mayor peso específico.

El escenario resulta inmejorable. Más de cien mil seres humanos atentos a lo que sucede sobre el tablero verde, sobre el mudo testigo de una contienda con sabor a revancha y a sangre próxima a derramarse. Los dos referentes van de inicio, el "Flaco" deja entrever la prioridad que para él tiene el Clásico de Clásicos: a la cancha, Cuauhtémoc Blanco y Salvador Cabañas, el regordete de mil batallas, el que corre destrozando rivales y mantiene intacta su figura corpulenta.

En la otra trinchera, no se andan con reservas. Reviven en la memoria el dolor causado a las huestes americanistas el torneo anterior y esbozan la típica sonrisa diabólica que aparece cuando nos damos cuenta que las penas ajenas nos producen un gozo inigualable.

Bravo lo tiene claro, quiere hacer de las suyas y callar a un Coloso de Santa Úrsula más americanista que nunca gracias a la promoción populista de la directiva azulcrema. No han pasado ni siete minutos cuando ya el actual campeón de goleo coquetea con el segundo poste americanista y se queda cerca de hacer daño.

La pelota se disputa con intensidad. Las Águilas vuelan intentando simular que no hace mella la actividad constante en torneos de alta exigencia. Chivas, en cambio, oprime el acelerador a fondo sin esconder sus intenciones asesinas sobre la meta de Guillermo Ochoa.

Los minutos discurren; las piernas del conflicto bailotean de un lado a otro sin que el marcador muestre superioridad de uno sobre otro. Hace falta un detonador. Cabañas tiene la oportunidad. Se equivoca, no es infalible. La de gajos impacta en el travesaño y se va para reconocer que no estaba lista para entrar en íntimo contacto con las redes rojiblancas.

América no es una máquina de futbol ofensivo. Ya mencionamos las precauciones tomadas con tal de seguir con vida en la justa continental y en el quehacer de casa. Pero cuando menos hace el intento de lastimar al oponente con los venenosos trazos de Blanco, las virtudes puntillosas de Salvador y las torpes intervenciones de Santiago, que no por ello dejan de ser útiles para poner a temblar a medio México.

Se acaba la primera mitad. Mauricio Morales manda a los vestidores. Los aficionados no saben como reaccionar. Están satisfechos con el esfuerzo más no con el resultado. Así son los apasionados del balón, pueden entender las circunstancias pero ni así se resignan a exigir goles y emociones en ambas puertas.

Se escucha el silbatazo revitalizador. Las vistas de nuevo a la cancha, al teatro de los sueños y las pesadillas. Las Águilas no lucen desesperadas por tomar la ventaja; sin embargo, asumen una actitud más propositiva, evidencian el deseo de mover el marcador para viajar con mayor tranquilidad a Guadalajara. Tienen suficiente stress con la eliminatoria frente a Santos como para pensar en aumentar el grado de dificultad del choque ante El Rebaño.

Las acciones son similares a las vistas durante los cuarenta y cinco minutos iniciales. Mucho ímpetu, entrega y pierna fuerte. ¿Emociones en las porterías? Sí, aunque muy pocas de auténtico peligro.

La mente de los seguidores emplumados empieza a dar muchas vueltas. El recuerdo de la noche anterior hace creer a los vestidos de amarillo que se repetirá un incierto empate a cero anotaciones.

Este pensamiento empieza a tomar fuerza hasta que recibe un estate quieto contundente del hombre adecuado para romper la mecánica de un partido de ajedrez con su astucia y su instinto de barrio. Blanco recibe falta, nada nuevo.

Todos esperan el reclamo, la típica señal pidiendo cartón amarillo para el infractor. Ahí está lo imprevisto, el  "Temo" se levanta, aplica el letal madruguete, y manda balón a profundidad para Cabañas. El artillero guaraní mata con pierna diestra, enfila al área y saca disparo cruzado que acaba con la virginididad del cerco rojiblanco. Uno a cero de explosión, de gloria americanista.

Chivas carece del poder de reacción que hubiera podido esperarse. No presiona de mayor manera y parece no preocuparse demasiado por el mínimo desequilibrio en la balanza. América hace un último esfuerzo por colocar el dos a cero. La suerte, Michel y la defensiva rojiblanca lo impiden sin que haya algo que pueda remediarlo.

Mauricio Morales termina brevemente con nuestro relato. La moneda está en el aíre, dirán las crónicas de siempre de los medios tradicionales. Lo cierto es que a este América le salió la virtud de los calculadores, y ese hecho que para muchos pasa desapercibido es digno de mención, no cualquiera es capaz de luchar y gozar de buen estado de salud en unas Semifinales del torneo local y en unos cuartos de final de Copa Libertadores. Le pese a quien le pese, las Águilas viven, aletean y emocionan a sus millones de fanáticos.

[mt][foto: C. Palma/MEXSPORT]

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