Nery se fue sin gol, pero con el corazón lleno de cariño

Dejaron pendiente en casa la comida con los hijos, la reunión con los compadres, la tarde de boliche, la Primera Comunión de la hermana e incluso, declinaron para ser padrinos en la boda de los...
Dejaron pendiente en casa la comida con los hijos, la reunión con los compadres, la tarde de boliche, la Primera Comunión de la hermana e incluso, declinaron para ser padrinos en la boda de los mejores amigos.
 Dejaron pendiente en casa la comida con los hijos, la reunión con los compadres, la tarde de boliche, la Primera Comunión de la hermana e incluso, declinaron para ser padrinos en la boda de los mejores amigos.

Karina Xicotencatl | MEDIOTIEMPO (enviada)Estadio Alfonso Lastras, 2 de Junio de 2007

  • La gente ovacionó al seleccionado

Dejaron pendiente en casa la comida con los hijos, la reunión con los compadres, la tarde de boliche, la Primera Comunión de la hermana e incluso, declinaron para ser padrinos en la boda de los mejores amigos.

Este sábado en San Luis Potosí, sólo se hablaba de una cosa: el debut con el Tricolor de Nery Castillo, en su casa.

La visita de la Selección Mexicana le permitió a los potosinos ver en el terreno de juego, por fin y después de tanto tiempo, al delantero mexicano que desde el viernes por la mañana, cuando llegó a este lugar, fue asediado por cientos de personas que buscaban robarle una sonrisa, una palabra, una muestra de cariño por muy pequeña que fuera.

Una vez más el Alfonso Lastras se llenó y dejó en el olvido los incidentes que ocurrieron ayer durante el entrenamiento. El respetable entró de manera ordenada, buscó sus asientos, recibió un par de aplaudidores y con los rostros pintados, las pelucas en la cabeza y la bandera en mano, preparó las cámaras fotográficas para guardar el instante.

En punto de las 19:00 horas los equipos de México e Irán, se presentaron ante la afición, acompañando a sus respectivas banderas hacia el centro del campo. El sonido local falló y los mexicanos cantaron a  capela el Himno Nacional y al terminar volaron del medio campo un batallón de globos verdes, blancos y rojos acompañados de serpentinas y confeti de colores, dos segundos después cayó de la tribuna una enorme playera, la del jugador número 12.

El árbitro pitó y la afición le deseó suerte al Tri con la clásica ola y con el grito de ¡Nery! ¡Nery!, y éste, como niño con juguete nuevo, aguardaba emocionado el momento de tocar el balón por primera vez.

Castillo no paró de correr, de levantar la mano, de moverse de un lado a otro y de ilusionar a su gente al intentar elaborar una  buena jugada ya sea con el "Bofo", con "Kikín" o con Arce, quería anotar su gol para abrazar al técnico Pentapichichi como lo hizo anteriormente Borgetti, Lozano, Fonseca y Torrado.

Sacó la garra, la personalidad, la casta de campeón, la entereza, el compromiso, encaró a los rivales, sudó la playera y colaboró con el resto del equipo, sin embargo, el balón se negó a darle una noche redonda.

Al final, el marcador no importó. De igual forma el delantero potosino levantó los brazos emocionado y le sonrió a su gente y a la vida que le brindó la oportunidad de conformar una nueva familia con la Selección y con toda la afición mexicana.

[ntx][foto: A. Acosta/MEXSPORT]

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