La invasión Tricolor cimbró el Azteca

Aunque no llenó en su total capacidad el Coloso de Santa Úrsula, la afición mexicana hizo una buena entrada para ser martes por la noche y apoyar al Tricolor en el último partido previo a su...
Aunque no llenó en su total capacidad el Coloso de Santa Úrsula, la afición mexicana hizo una buena entrada para ser martes por la noche y apoyar al Tricolor en el último partido previo a su participación en los dos torneos más importantes del continente
 Aunque no llenó en su total capacidad el Coloso de Santa Úrsula, la afición mexicana hizo una buena entrada para ser martes por la noche y apoyar al Tricolor en el último partido previo a su participación en los dos torneos más importantes del continente

Héctor Cruz | MEDIOTIEMPOEstadio Azteca, 5 de Junio de 2007 ante buena entrada

  • Blanco no portó el "10"

Aunque no llenó en su total capacidad el Coloso de Santa Úrsula, la afición mexicana hizo una buena entrada para ser martes por la noche y apoyar al Tricolor en el último partido previo a su participación en los dos torneos más importantes del continente a nivel Selección: la Copa de Oro y la Copa América.

Alrededor de tres cuartas partes del inmueble de Tlalpan fueron invadidas por playeras tricolores, quienes al principio del encuentro entre México y Paraguay entonaron el infaltable ¡Mé-xi-co!, ¡Mé-xi-co!, ¡Mé-xi-co!, ¡Mé-xi-co!, al unísono, como si este grito de batalla se emitiera desde una sola garganta.

De pronto el Estadio Azteca comenzó a cimbrarse, un temblor sacudió sus cimientos y la marea tricolor comenzó a moverse, era la "ola" que recorrió las tribunas, con la intención de encender el partido que en su primera mitad no quedó a deben en cuanto a espectáculo al público.

Cuauhtémoc Blanco no inició el partido, ni tampoco en sus espaldas portó el legendario número "10", y en un intento más de poner ambiente al duelo que en el campo estaba tenso, cerrado, la afición comenzó a gritar su nombre cuando en las pantallas gigantes del estadio fue proyectado desde la banca.

Para la parte complementaria, Hugo Sánchez decidió meter al Temo al campo, y cuando apareció en la media cancha fue el más ovacionado, pero ante el marcador inamovible hasta el momento, el respetable ahora le exigió a gritos al estratega del Tricolor la entrada del único delantero mexicano que juega en Europa: Nery Castillo.

Cuando el jugador del Olympiakos de Grecia se acercó a la banda para sustituir a Omar Bravo, el público lo celebró como si hubiera anotado un gol, y atrás quedaron las especulaciones, las críticas y el disgusto de los mexicanos cuando se decía que Nery no quería tener la piel de color verde; el público azteca es un caballero y como tal, no tiene memoria.

Ni Ricardo Osorio, ni Pavel, ni Salcido, a pesar de haberse coronado con sus respectivos equipos en Europa, fueron tan ovacionados como el Cuau y Nery, quienes, quedó demostrado, son los consentidos de la afición mexicana.

[mt][foto: O. Martínez/MEXSPORT]

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