Felipao y Milú grandes amigos

Todos tienen un designio secreto para la eternidad. El de Velibor "Bora" Milutinovic y Luis Felipe Scolari, es dejar que la pelota hable de ellos, o ellos seguir hablando de la pelota.
Todos tienen un designio secreto para la eternidad. El de Velibor "Bora" Milutinovic y Luis Felipe Scolari, es dejar que la pelota hable de ellos, o ellos seguir hablando de la pelota.
 Todos tienen un designio secreto para la eternidad. El de Velibor "Bora" Milutinovic y Luis Felipe Scolari, es dejar que la pelota hable de ellos, o ellos seguir hablando de la pelota.

Andrés Fournier | MEDIOTIEMPO 29 de Julio de 2007

  • Coincidieron en la Ciudad de México

Todos tienen un designio secreto para la eternidad. El de Velibor "Bora" Milutinovic y Luis Felipe Scolari, es dejar que la pelota hable de ellos, o ellos seguir hablando de la pelota.

Los dos marcados por el cinco. Bora, o mejor dicho Milú, por sus mundiales dirigidos y Felipao por el Pentacampeonato de Brasil, no podían traicionar al destino que los reunió en su paso por México para hablar de aquello que alimenta sus almas: el futbol.

Fue en el sur de la Ciudad de México donde las canciones de Miguel Aceves Mejía, una referencia musical importante para Felipao, crearon la armonía en el encuentro de dos leyendas que fueron invadidas por esa magia llamada conversación que transforma el cerebro en una colección de recuerdos de mil orígenes.

Se han enfrentado sólo una vez. De hecho fue en el Mundial de Corea-Japón 2002 cuando Milú ya había logrado lo que nadie en la milenaria historia de China: llevarlos por primera vez a un Mundial de futbol; fue ahí mismo, antes de terminar ese verano, cuando Felipao tocó el cielo con las manos el día que levantó la Copa del Mundo.

Ronaldinho, Roberto Carlos, Rivaldo y Ronaldo perforaron la portería del chino Jin Jiang aquella tarde en el lejano oriente, pero justo antes de iniciar aquel partido en el estadio de Sogwipo en Corea del Sur, sucedió algo inusual en una disputa mundialista.

Felipao invitó a Milú a su vestidor como muestra del respeto a las trayectorias. Fue algo inédito a decir por los dos, pues en un Mundial nadie enseña nada, nadie se habla, nadie se encuentra antes de los partidos. El ambiente es tenso.

El recuerdo de Milú dentro de aquella galería de artistas brasileños que 22 días después serían los mejores del mundo con el balón, fue la broma que le tiró a Felipao: "que te parece si cambiamos de vestidor".

Milú puso en esa frase el deseo de cualquier entrenador que soñaría con dirigir a un Brasil campeón del mundo, pero es una realidad que cualquier entrenador desearía ser Milú y escribir como él su nombre en las Copas del Mundo por ser el único en calificar a cuatro selecciones a los octavos de final.

Lo cierto es que al concluir la noche, más allá del futbol, más allá del Pentacampeonato y los cinco mundiales, la amistad de Felipao y Milú quedó marcada en el destino que los reunió una vez más para seguir hablando del fútbol, antes que el futbol hable de ellos.

[mt][foto: R.Vilchis/MEXSPORT]

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