Ariel, el insustituible

Estuve el pasado domingo en el Estadio Nemesio Diez -la entrañable Bombonera- anhelando ver un buen partido de futbol y, como siempre, dispuesto a seguir con lupa el accionar del Deportivo Toluca....
Estuve el pasado domingo en el Estadio Nemesio Diez -la entrañable Bombonera- anhelando ver un buen partido de futbol y, como siempre, dispuesto a seguir con lupa el accionar del Deportivo Toluca. En este momento ya todos sabemos el desenlace: el Diablo d
 Estuve el pasado domingo en el Estadio Nemesio Diez -la entrañable Bombonera- anhelando ver un buen partido de futbol y, como siempre, dispuesto a seguir con lupa el accionar del Deportivo Toluca. En este momento ya todos sabemos el desenlace: el Diablo d

Alfredo Naime Padua | MEDIOTIEMPO29 de Agosto de 2007

  • Si Ariel cobrara por cada pelota que roba...

Estuve el pasado domingo en el Estadio Nemesio Diez -la entrañable Bombonera- anhelando ver un buen partido de futbol y, como siempre, dispuesto a seguir con lupa el accionar del Deportivo Toluca. En este momento ya todos sabemos el desenlace: el Diablo derrotó 2-1 al San Luis, remontando una injusta desventaja originada en el primer tiempo. Pero déjenme referirme al "5" vestido de rojo…

No han sido pocas las ocasiones en que, deseoso de ver a Sinha, a Vicente, a Da Silva, al siempre sólido Cristante, termino boquiabierto con el trabajo de Ariel Rosada, un recuperador como quizá no hay otro en el futbol mexicano, admitiendo que en gustos se rompen géneros y que sobre todo Jaime Correa, Gerardo Torrado y Germán Villa pueden ser los preferidos de otros.

Rosada, nacido el 11 de abril de 1978 en Campana (Buenos Aires), Argentina, tiene un corazón de león y una resistencia de búfalo en su obstinada obsesión por robar la pelota al rival, sea quien sea. No para un solo momento, aparece en todos los sectores de la cancha, hostiga, barre, trompica y mete la pierna en cada jugada como si esa fuera la última de su carrera. Nacido en las filas de Boca Juniors, fue dos veces Campeón con los Xeneizes, una con Newell';s Old Boys (el técnico era el "Tolo" Gallego) y una con el Toluca, justo en el torneo de su debut en México: el Apertura 2005.

Si Ariel cobrara por cada pelota que roba y por el grado de decisión que pone en conseguirlo, sería millonario. Cada vez que hay riesgo inminente sobre el marco de Cristante, cuando la hinchada roja contiene la respiración por la embestida contraria, ahí aparece Rosada como un toro, sacando la pelota, recomponiendo al equipo y echando hielo sobre el ánimo del rival. Y todo esto sin el menor aspaviento, sin mirarse la ropa y como si no quisiera llamar la atención: lo suyo es mantener el perfil bajo, pero la adrenalina lo más alta posible, en completa ebullición.

Acostumbrado a la intensidad del futbol argentino (que nada mal nos vendría), a su llegada no pocos micrófonos "ligeros" tildaron a Rosada -sin evaluarlo adecuadamente- de carnicero. No advirtieron que estaban ante un jugador que tan sólo se entrega sin contemplaciones por su camiseta, convencido de lo que es su oficio en un juego recio y de hombres: robar la pelota para encaminarla en beneficio de su equipo. ¿Que en ocasiones se pasa de rosca? Sí; sobre todo para un entorno que se ha vuelto, infortunada y crecientemente, más y más timorato.

Le invito a seguir cuidadosamente a Rosada; a que cuente cuántos balones hurta por partido; a que descubra al baluarte "escondido" del Toluca, como llegaron a serlo, en la misma posición, legendarios como Ernesto Corti, Blas Giunta y Pedro Munguía, entre otros formidables. ¿En verdad es tan importante Ariel Rosada? Pregunten a sus rivales; su honestidad les hará admitir que es una pesadilla. (Aquí, me permito un mensaje especial al "Tolo" Gallego: Profe, si bien no acertaste reclutando a Ávalos, los Diablos nunca dejarán de agradecerte el traer a Rosada. Salve Maestro).

[mt][foto: Mexsport]

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