Hicieron historia con el corazón, cayeron y fueron héroes igual

El "placar do estadio", marcador o pizarra donde se anotan los tantos de los equipos, en español, indicaba debajo del nombre México, un número dos. Debajo del nombre Brasil, un número 8. Luego se...
El "placar do estadio", marcador o pizarra donde se anotan los tantos de los equipos, en español, indicaba debajo del nombre México, un número dos. Debajo del nombre Brasil, un número 8. Luego se veían auspiciantes y un joven carioca que ya "nao trocaría
 El "placar do estadio", marcador o pizarra donde se anotan los tantos de los equipos, en español, indicaba debajo del nombre México, un número dos. Debajo del nombre Brasil, un número 8. Luego se veían auspiciantes y un joven carioca que ya "nao trocaría

Guillermo Vera | MEDIOTIEMPO (Especial)Río de Janeiro, Brasil. 11 de Noviembre de 2007

  • Llegaron con puro amor a la camiseta

El "placar do estadio", marcador o pizarra donde se anotan los tantos de los equipos, en español, indicaba debajo del nombre México, un número dos. Debajo del nombre Brasil, un número 8. Luego se veían auspiciantes y un joven carioca que ya "nao trocaría mais" ese marcador definitivo en esta Final de la Copa del Mundo de Futbol Playa Río 2007.

Bueno hubiera sido, que a ese "placar", le hubieran agregado más espacio para poder explicar, quien fue quien, en esta Final. Del lado de Brasil, sólo hubiera hecho falta colocar: Multicampeón de futbol playa, local, 400 partidos juntos, nada más ni nada menos. Del lado Mexicano, hubieran hecho falta varios “placares” en los que se explicara lo que fue este Tri de Playa, como llegó, su amor incondicional por México y por llevarle una alegría a su gente y su histórica hazaña.

Una semana previa al comienzo del torneo, conocí al plantel ya entrenando en Río, fue el primer equipo en llegar, y sería el último en marcharse, ya que el otro finalista, sería el local. Y por demás quedó demostrado que no vinieron a hacer shopping, o a disfrutar de las playas de la capital Carioca.

Una semana antes, ya practicaban en doble turno, bajo la lluvia, tenían una estricta dieta alimenticia a base de vitaminas y fibras, para fortalecer las piernas. Y no serían, insisto, las escaleras mecánicas de un centro comercial, sino las profundas y pesadas arenas de Copacabana, las que le darían, a estos hombres, el arma vital y factor desequilibrante a la hora de comparar el rendimiento físico del equipo mexicano con los demás en este torneo.

El comienzo fue de menor a mayor, mostraron su valentía, su entrega y sobre todo su imagen de equipo. Descubriría a un entrenador gritón, estricto, pero entregado a la causa, cual capitán de navío que con pocas cartas de marítimas y escaso instrumental de navegación, que guiaría a sus marineros, hacia el puerto de la victoria con un único objetivo, que la Bandera Mexicana, flameara lo más alto posible en Brasil.

Y lo conseguiría. Y hasta en mi opinión, en este último partido, cerca, muy cerca, aunque con un marcador final (Brasil 8–2 México) que evidenció una supremacía del multicampeón. Hubo una circunstancia, un penal, cuando el partido no estaba definido, que hubiera cambiado la historia. El hubiera no existe, la realidad fue lo que ocurri.

En este campeonato me toco vivir, a menos de dos metros de su portería, todos los partidos de Brasil. Su arquero Mao, estadísticamente comprobado, mermó notablemente su rendimiento cuando la verdeamarella se encontraba con un resultado adverso. Esto se evidenciaba en insultos a sus propios compañeros, a los alcanza balones y al público, que le retribuía pidiéndole más concentración, y de esa situación, insisto, yo me encontraba a menos de dos metros y con las Match Report de FIFA en la mano.

Faltando ocho minutos para el final del segundo tiempo, México perdía 3-1, y hubo un penal a favor del Tri, en el que Mao, allí lamentablemente no se puso nervioso, le tapó al atacante Mexicano Oscar González.

Creo, que el tramite del partido hubiera cambiado notablemente, el Mexicano González pateó el tiro de manera formidable y el portero Brasileño lo atajo. Pero si Mao hubiera recibido el gol, se hubiera puesto nervioso, hubiera empezado a insultar, a disminuir su rendimiento. Y todo hubiera sido diferente. Las estadísticas no fallan, México hubiera tenido muchas más posibilidades de haber dado vuelta el resultado, claro, de la mano de las estadísticas y de su propio corazón.

Y aunque las estadísticas no fallan, y el hubiera no existe, la realidad es alentadora. México, en su primer participación en un Mundial FIFA de la especialidad y con un equipo hombres dispuestos a todo, dio todo y dejó el alma Azteca en la arena carioca. Los rostros, al final fueron de alegría y Morgan Plata, elegido uno de los tres mejores jugadores y segundo goleador del torneo.

Para los marineros de este equipo, el reconocimiento y la revancha que ahora les espera en la vuelta a México en el Futbol Profesional o en el Beach Soccer. Ellos llevaron a este barco comandado por Ramón Raya y apoyado por la FMF a tierra firme. Ellos hicieron flamear la Bandera Mexicana bien alto, tan alto que hoy las Selección de Futbol Playa de México, es una de las dos mejores del mundo.

[mt][foto: S. Álvarez/MEDIOTIEMPO]

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