Una Final de ida muy intensa pero amigable

Fue una Final especial, con muchísima dinámica, muy intensa, pero entendida excelentemente como una lucha deportiva. En la cancha, la constante fue el juego noble mas no por eso tibio, la...
 Fue una Final especial, con muchísima dinámica, muy intensa, pero entendida excelentemente como una lucha deportiva. En la cancha, la constante fue el juego noble mas no por eso tibio, la camaradería, el Fair Play. El reconocimiento al de enfrente que no&

Walter González | MEDIOTIEMPOEstadio Olímpico de CU, 6 de Diciembre de 2007

  • Pumas y Potros, futbolísticamente con muchas similitudes

Fue una Final especial, con muchísima dinámica, muy intensa, pero entendida excelentemente como una lucha deportiva. En la cancha, la constante fue el juego noble mas no por eso tibio, la camaradería, el Fair Play. El reconocimiento al de enfrente que no debe acabar con la disputa deportiva que fue realmente dura.

En la tribuna la cosa fue similar. Aunque nunca falta un par de desequilibrados, las aficiones vivieron a tope este duelo pero se respetaron. El juego se sufrió pero se reconoció el futbol, y a pesar del 0-0 el público se fue contento, tal vez los universitarios con un dejo de nerviosismo por no llevar ventaja pero todos se fueron a casa sin exabruptos.

Tal vez lo más difícil fue el ingreso, el tráfico tremendo cocinado por las obras del Metrobús y el día de clases en la UNAM. Se tuvo que pasar por largas filas para entrar, por el nerviosismo de algunos empleados de Protección Civil que ojalá no haya provocado más que algunas malas caras y la desesperante escena de los policías que "vigilaban" pero sólo se les quedaban viendo a los revendedores que a dos metros, ofrecían cínicamente los boletos sobre Insurgentes. Pese a esto, una hora antes de iniciar el juego ya el estadio estaba lleno a un 90 por ciento y eso ayudó a que cerca de la hora del silbatazo inicial, ya sólo algunos despistados entraran sin problemas.

Atlante calentó entre "Goyas" pero las mentadas no eran muchas. Había en los de casa cierta sensación de darle mérito a un rival que no les caía tan mal. La porra atlantista de unas 3 mil personas le metía color con sus ya clásicos "en el agua clara que brota en la fuente...", pero había incluso cierta camaradería.

En la cancha, antes del juego hubo abrazos, sonrisas, bromas. Pablo Barrera le chuleaba al "Hobbit" sus nuevos zapatos mientras Daniel Guerrero le deseaba lo mejor al "Chispa" Velarde y Héctor Moreno. Algunos compañeros en la Sub-17, otros en el Tri de Hugo y el hoy azulgrana Toledo que fue Campeón con Pumas. Pero como dicta el deporte, nada de esto influyó a la hora de ir por la pelota con todo lo que una Final requiere.

Ya en lo futbolístico, quedó claro que Atlante y Pumas son equipos armados de forma similar. Las formaciones no son las mismas, los sistemas tienen una personalidad propia, pero en cuanto a la estructuración del plantel, el equilibrio juventud-experiencia, la intensidad con la que se juega, la disciplina que ambos técnicos imponen y la unión que se logra al interior, las cosas son muy parecidas.

Sin comparar las calidades individuales, podemos encontrar muchas similitudes en el trabajo de los hombres de esta Final de ida: la experiencia en el arco (Vilar/Bernal), la velocidad y entrega joven por las bandas (Guerrero/Espinoza y Velarde/Ovalle), el líder fuerte en la zaga (Mustafá/Verón), el motor incansable en el medio campo ("Chícharo"/Leandro), el armador extranjero (Pereyra/Scocco), la chispa al frente del joven talento ("Hobbit"/Barrera), un centro delantero puro (Maldonado/Solari)...

El juego se movía por todo el campo, la pelota fluía, se consentía. Atlante valoraba su meta en cero, trabajaba más en su propio campo que lo que podía crear en el del rival. Pumas fue haciéndose del control del juego y ya para el segundo tiempo fue un dominador superior, pero no lo suficiente para vulnerar al impresionante Vilar. Es increíble ver en la cancha lo que hace Federico; lo he visto una y otra vez y sigue siendo impresionante. Le mete chispa al juego pero no hay un solo minuto de acción que esté distraído; es un líder, habla, grita, calma, maneja tiempos y ya una vez que su equipo tiene la pelota es siempre un hombre de campo con buen toque, seguro para rotar el juego o para darle aire a la salida ante la presión del rival. Vilar se sienta en el balón, lo toma a una mano, lo pone en los pies de sus delanteros y recibe respuesta, pues la pelota lo busca, lo encuentra y lo hace grande.

Por ahí Velarde y Pereyra se dieron un calentón que con un par de amarillas se resolvió, mérito del universitario que apagó el impulso con el que entró Pereyra. Por ahí el "Hobbit" tuvo el gol que Verón le quitó en el área chica, pero la razón por la que Pumas no se llevó la victoria fue el arquero argentino que al final de juego, recibió un abrazo de reconocimiento de Ignacio Scocco, a quien Vilar le había sacado dos goles cantados.

Una Final agradable a pesar del 0-0, sobre todo porque quedó claro que la intensidad y la importancia del juego, no se pelea con el respeto al Fair Play y al rival.

Habrá que ver qué pasa en la vuelta, pero al menos esta noche, fue una Final amigable.

[mt][foto: A.Cuevas/MEXSPORT]

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas
×