Marco Rodríguez vuelve a las andadas

El domingo pasado en el Estadio Cuauhtémoc (Puebla 1-San Luis 2), Marco Antonio Rodríguez volvió a las andadas, con un arbitraje de lágrima; confundido, rígido, sin criterio, capaz de dejar...
 El domingo pasado en el Estadio Cuauhtémoc (Puebla 1-San Luis 2), Marco Antonio Rodríguez volvió a las andadas, con un arbitraje de lágrima; confundido, rígido, sin criterio, capaz de dejar irritado a todo el mundo, a los jugadores de los dos equipos, a l

Alfredo Naime Padua | MEDIOTIEMPO25 de Marzo de 2008

  • En el Puebla-San Luis se quiso robar el show

El domingo pasado en el Estadio Cuauhtémoc (Puebla 1-San Luis 2), Marco Antonio Rodríguez volvió a las andadas, con un arbitraje de lágrima; confundido, rígido, sin criterio, capaz de dejar irritado a todo el mundo, a los jugadores de los dos equipos, a los dos D.T';s y a las 35 mil almas ocupantes del graderío. Con ello se erigió nuevamente como protagonista (burdo, por supuesto), cual si se hubiese planteado no dejar que Guadalupe Martínez le robara la atención popular. (Por cierto, Lupillo, arriba el ánimo y el pecho a las balas, a pesar de la dura experiencia).

Marco se equivocó en casi todas las decisiones trascendentes. Expulsó a Adrián Martínez sin que su llegada al delantero poblano fuera violenta (de hecho, el "Grande" hasta encoge la pierna) y sin impedir en modo alguno una "ocasión manifiesta de gol": ni por ubicación de la jugada, ni por trayectoria de la pelota, ni por ser "último hombre". A Walter Vilchez le saca segunda tarjeta en una acción que ni siquiera es falta, pero en cambio perdona al "Chacho" Coudet una agresión a Zamogilny, tras una barrida pegada a la banda.

Bien fajadito como siempre, con el resorte de su short hasta el ombligo (¿será la incomodidad la que le obscurece el juicio?), sprinteando hábilmente (eso sí) en reversa, Rodríguez sorprendió a todos al voltear hacia su abanderado -que estaba del otro lado, a 50 metros- para que decidiera si era saque de meta o corner una jugada apretada, cuando Marco estaba a no más de 4 metros de la acción. Al más puro estilo Francisco Chacón en el Pumas-Toluca de la Liguilla pasada.

Pero el acabóse -el operístico grand finale- vino justo al minuto 90, al ordenar al Cuarto Árbitro anunciar una prórroga de… ¡3 minutos!, cuando en el partido hubo varias interrupciones por lesión, seis cambios y -lo más evidente- una tardanza de casi 5 minutos de Adrián Martínez en abandonar el campo, indignado como estaba por su injusta expulsión. Sumando, los minutos para completar el tiempo reglamentario debieron haber sido 8, como mínimo. Cuando la gente del Puebla brincó a reclamar dicho absurdo a los "auxiliares" de Marco Antonio, la respuesta fue "ya se le dijo, pero no nos hace caso…". Han de ser auxiliares como los que tiene Hugo.

Ojalá que Marco Rodríguez se decida por fin (enésima vez que se le pide) a ser el árbitro que puede ser. Por lo pronto no lo es, ni de lejos. Tal vez lo consiga con menos atención al engominado de su cabello y al look formalito de escuela, y más -pero ya- a la verdadera esencia de impartir justicia desde la armonía del reglamento con el sentido común. Un sentido común que, en su caso, de momento anda, incluso, muy por debajo del resorte de su short.

[mt][foto: Mexsport]

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