Huracán-San Lorenzo el Clásico que renace

El taxista no lo podía creer. ¿A qué van dos mexicanos a ver el Huracán-San Lorenzo? La explicaciones no le alcanzaron al ruletero y el viaje terminó en el cruce de Gavilán y Álvarez Jonte, en el...
 El taxista no lo podía creer. ¿A qué van dos mexicanos a ver el Huracán-San Lorenzo? La explicaciones no le alcanzaron al ruletero y el viaje terminó en el cruce de Gavilán y Álvarez Jonte, en el barrio de La Paternal. En esa esquina estaba Ariel con dos

Juan Téllez | MEDIOTIEMPO (Enviado)Buenos Aires, Argentina 19 de Mayo de 2008

  • Es un Clásico que levanta muchas pasiones

El taxista no lo podía creer. ¿A qué van dos mexicanos a ver el Huracán-San Lorenzo? La explicaciones no le alcanzaron al ruletero y el viaje terminó en el cruce de Gavilán y Álvarez Jonte, en el barrio de La Paternal. En esa esquina estaba Ariel con dos boletos para la platea local.

Ariel tiene 30 años, barba pelirroja, una camiseta de Huracán y prisa. "Es que el partido comienza en un rato y no sabes lo que es poder ganarle a San Lorenzo". El motivo es que el Huracán estuvo algunos años en la división de ascenso y por eso no se cruzaban con el Ciclón.

El aficionado a el equipo de Parque Patricios corre al estadio que está a una cuadra y se mete a la zona popular, donde está la barra del Quemero, apodo con el que se identifica a su equipo. El estadio se llama Diego Armando Maradona y en ese juega de local la Asociación Atlética Argentinos Juniors; pero el domingo fue rentado por el Huracán para que se juegue el "Clásico más Porteño", según el periódico Olé.

Los policías se veían nerviosos. En una esquina había siete microbuses y dos camionetas tipo van. En ellas llegaron los hinchas del cuadro local. Si uno ve los camiones sin ver al estadio de futbol, por su estado uno podría pensar que se trata de siete camiones abandonados, que sólo sirven para ser vendidos al huesario o para que decoren la entrada de un taller mecánico; pero no. Son los camiones de los Quemeros, "pero si andan rebien. En ellos seguimos al Globo cuando va a provincia", dice un flaco con una camisa blanca, casi amarilla por el sol y ultra delgada por el uso.

Al entrar a la cancha, uno se da cuenta de que el pleito va en serio. Hay más que tres puntos en juego: los rivales se odian. En las localidades visitantes hay fiesta. La Betteler, la barra de San Lorenzo se ufana de su reciente título y le puso una manta al rival: "una cancha chica. Para un equipo chico".

Y les cantaban con alegría desmesurada: "!Quemero botón¡ !Quemero botón¡ !Quemero botón¡". Botón se traduce en mexicano como soplón.

La contraparte arremetía con escarnio: "San Lorenzo no tiene más banderas. No las sigan buscando, están todas en la quema".

En la tribuna Antonio Mohamed alentó al Quemero y un aficionado le dio con un palo al técnico de San Lorenzo y éste regresó la madera, un dato sólo anecdótico.

El ambiente estaba espectacular. Bengalas en la tribuna local, con los visitantes no hubo un minuto sin dejar de cantar. Las bromas estuvieron a la orden del día. La intensidad y el aguante estuvieron en el concreto; porque del partido poco que mencionar. Un cero a cero para el olvido. El silbatazo del árbitro finalizó el duelo, pero la rivalidad sigue y seguirá hasta que uno de los dos regrese a la División B Nacional.

[mt][foto: Mexsport]

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